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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Elecciones y justicia

El PP se esconde entre las togas
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
miércoles, 30 de septiembre de 2015, 05:59 h (CET)
Era de esperar, el Partido Popular no iba a estar quieto y callado, y más después del revolcón electoral que acaba de sufrir en Catalunya. La hoja parroquial de la muchachada de la gaviota, más conocida con el sobrenombre de La Razón, ya lo avisaba el pasado sábado, día de reflexión electoral, Paco Marhuenda, su director, colocaba en portada el aviso de que pasadas las elecciones la justicia empitonaría, perdón quise escribir imputaría, a Artur Mas. Esa fue la reflexión electoral y un intento más de acongojar y meter el miedo en el cuerpo a una parte del electorado catalán por parte de un periódico que en tierras catalanas está totalmente desacreditado y con un número residual de lectores. Y, a tan sólo cuarenta y ocho horas del triunfo del independentismo, el TSJC, a instancias de la Fiscalía General del Estado ha imputado a Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau por haber sacado a la calle las urnas el pasado 9 de Noviembre.

Por fin llegó el 27-S y los catalanes acudieron en masa a votar a pesar, o en contra, de todas las amenazas recibidas desde tierra, mar y aire. No sirvió de nada que desde una parte de amos y señores del empresariado, de la banca, esa banca salvada con los euros de nuestros impuestos, de los medios de comunicación, ahora ya la mayoría afiliados a esa Brunete mediática donde la consigna diaria era atacar con sinrazones y mentiras a Catalunya creando así un clima de anti catalanismo en España. Nada ni nadie, y mucho menos las amenazas y el miedo, consiguieron que los electores catalanes se quedaran en la comodidad del sofá casero y se formaron colas en los colegios electorales donde la mayoría de votantes acudía con una sonrisa en el rostro a depositar la papeleta en la que habían depositado las esperanzas de un futuro mejor.

Las primeras encuestas hechas a pie de urna y dadas a conocer nada más cerrarse los colegios electorales ya hablaban de un triunfo del independentismo. Y al filo de las 11 de la noche con la mayoría de votos escrutados se confirmaba la noticia que la prensa y los dirigentes españoles no han querido reconocer. En las urnas casi dos millones de catalanes habían optado por otorgar su voto y su confianza a una de las dos formaciones que abogan claramente por la independencia. Setenta y dos son los escaños independentistas, clara mayoría en escaños, e inmediatamente comenzó el juego de triles escondiendo la bolita en los cubiletes de las medias verdades, las trampas y las interpretaciones interesadas. Los que nunca aceptaron el carácter plebiscitario de estas elecciones sacaron de la chistera el conejo del tanto por ciento de los votos para llevar el agua a su molino y metieron en el mismo saco los votos de una formación como Catalunya sí que es pot que no quiere que les recuenten con los adheridos al NO, los de pequeños partidos residuales y los cien mil votos de Unió, que tampoco quiere ser encuadrada entre los partidarios españolistas.

Pero la verdad es que toda la prensa extrajera en sus titulares del día siguiente dejó bien claro que el único ganador de estas elecciones ha sido el independentismo. Desde el mismo día siguiente todos los análisis hablaban de que era llegada la hora del diálogo y del trabajo, diálogo para salir del inútil túnel del tiempo en el que Catalunya está metida por culpa del no a todo del gobierno del PP y trabajo para los seguidores del independentismo que han de conseguir convencer a ese ínfimo número de votantes que les han faltado para superar el 50% de votos favorables a la independencia, sin ellos no es posible declararla pero sí que se puede trabajar para llevar adelante las condiciones necesarias para que si un día se celebra un referéndum la respuesta positiva esté muy por encima de la mitad de los votantes.

Pero mientras por parte de algunos se reclama el diálogo, nada más conocerse los resultados hubo quien reclamó de manera indecente la dimisión de Artur Mas, daba risa ver a la cabeza de lista de Ciudadanos, a casi cuarenta escaños de distancia de Junts pel Si, los ganadores, hablar de dimisiones pero claro, para ellos estas elecciones han sido tan sólo un trampolín para intentar llegar a los mullidos sillones de la Moncloa.

Por otra parte el Partido Popular, en cuyo diccionario no está la palabra “diálogo”, se ha escondido entre los pliegues y las blancas puñetas de los jueces para que Artur Mas sea imputado por haber tenido un gesto tan democrático como sacar las urnas a la calle el 9-N para que el pueblo catalán pudiera expresar libremente aquello que el gobierno de España le prohibía. Y para más escarnio el TSJC cita a declarar como imputado a Artur Mas el próximo 15 de octubre, 75 aniversario del fusilamiento del President Company por el ejército de Franco. No quiero terminar sin escribir algo que pienso, creo que algo, poco, hemos avanzado en 75 años, por aquel entonces el franquismo fusilaba presidentes elegidos democráticamente por el pueblo, hoy, en pleno siglo XXI, el franquismo residual encarnado en una parte del PP tan sólo quiere encarcelarlos, tal vez en el próximo siglo XXII esta derecha montaraz que ahora gobierna España haya aprendido ya lo que es la democracia. Sé que suena demagógico pero si no lo escribo tendré que vomitar.
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