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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Se va el caimán barbudo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 22 de febrero de 2008, 00:26 h (CET)
La Habana recibió la noticia de la retirada definitiva de la primera línea política de su Comandante en Jefe por boca del propio Fidel Castro en una de las peroratas escritas al pueblo cubano que desde el pasado Marzo vienen siendo habituales desde las páginas de “Gramma”, órgano oficial del Partido Comunista Cubano. Fidel ha dicho que se va, que deja sus largos y soporíferos discursos de horas y horas, que no volverá a presidir aquellos vibrantes desfiles conmemorativos de las gestas del pueblo cubano frente a sus tradicionales explotadores y que pasa a ser simplemente “el compañero Fidel”. Y la Habana, una vez conocida la noticia, siguió con su vida diaria, con el trasiego de sus gentes abrazándose mientras miran el mar desde el Malecón, con sus turistas en busca de jóvenes “jineteras” por las viejas calles coloniales donde las antiguas casas de los españoles presentan en sus fachadas las caries del tiempo y la penuria, en los “paladares” se seguía esperando al turista con su inyección monetaria a la economía precaria del cubano de a pie mientras en Copelia los habaneros continuaban haciendo cola para comprar un helado y pacientemente esperaban la guagua que les trasladara hasta su domicilio. Desde un gran cartel con su fotografía el Comandante mira firmemente y debajo de la palabra “Revolución” aparece la definición de la misma: “es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad, heroísmo”, y mucho de todo esto ha tenido el pueblo cubano desde aquel 1 de Enero de 1959 en que los “barbudos” entraron victoriosos en las calles de La Habana para instaurar un régimen revolucionario en el que durante años se miraron las izquierdas de medio mundo.

Este próximo domingo el Parlamento cubano tiene que nombrar a los miembros del Consejo de Estado y Fidel Castro ha decidido que, después de casi cincuenta años, ha llegado la hora de ceder la primacía y pasar a segunda fila. “No aspiraré, ni aceptaré, repito, no aspiraré, ni aceptaré el cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”, estas son las palabras que Castro ha escrito en el oficialista “Gramma” para dar a conocer al pueblo cubano su retirada definitiva. El viejo Comandante tuvo que ceder su puesto a su hermano Raúl en el verano del 2006 debido a una enfermedad, todavía desconocida oficialmente, y desde entonces le hemos podido ver alguna que otra vez luciendo chándal de una conocida marca internacional y en compañía del que parece ser su heredero político en América Latina, el parlanchín Hugo Chávez. Pero ahora, él mismo lo afirma, la enfermedad le pone fuera de combate.

Si en La Habana la vida siguió igual no ocurrió lo mismo en la “pequeña Cuba” de Miami donde una parte del exilio cubano lleva preparando su asalto al poder desde el verano del 2006 cuando ya enterraron a un Castro que todavía ha dado mucha guerra. Ahora todos los observadores políticos miran hacia La Habana donde necesariamente deben producirse cambios que transformen un sistema político en el que faltan las libertades más elementales y en el que además es necesario el fin del bloqueo que desde hace más de cuarenta años mantienen los USA y una mínima apertura hacia el sistema económico occidental y capitalista para sacar al pueblo cubano de la precaria situaci ón en la que vive.

Es necesario y de justicia reconocer todos los logros que en materia de sanidad y educación ha llevado a cabo el régimen castrista pero también es preciso denunciar la actual situación de falta de democracia en aquella parte del Caribe. Castro se ha retirado en un gesto que le honra ya que a los dictadores, generalmente, tan sólo les retira la muerte, y ahora Cuba se enfrenta a una época de transición en la que sin prisas y sin pausas, y en ausencia de violencia, todos los sectores implicados, castristas, exilio exterior y exilio interior deben establecer amplios puentes de dialogo para conseguir que la democracia llegue a todos los rincones de Cuba sin que ello signifique la renuncia de los logros de la Revolución. Al parecer es Raúl Castro, el hermanísimo, quien tiene todos los números de la lotería sucesoria, pero no olvidemos nombres de las generaciones más próximas como Carlos Lage, Vicepresidente del Parlamento, Felipe Pérez Roque, Ministro de Exteriores, el Ministro del Azúcar Ulises Rosales del Toro o Francisco Soberón que preside el Banco Central Cubano. Todos ellos son destacados miembros de la “nomenclatura” cubana y con los que, seguramente, tendrán que contar quienes quieran formar parte de la nueva política cubana. Los cubanos pueden decir que han visto irse al caimán por su propio pie, los españoles sólo pudieron decirle adiós a su “caimán” particular cuando su cadáver desfiló por la Castellana en un armón del ejército. Pero uno y otro tuvieron largos años secuestrado a su pueblo y mientras los cubanos han podido presumir de una estupenda enseñanza y una mejor sanidad, aquí, durante los oprobiosos años de la dictadura, sólo hubo buena enseñanza y mejor medicina para aquellos que podían pagarla. Todas las dictaduras son malas pero no todas son iguales.

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