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Etiquetas:   Política   -   Sección:   Opinión

Se buscan políticos

Gobernar significa rectificar. En el momento en que el político piensa que todo lo hace bien no corregirá sus decisiones erróneas y será un peligro para la nación
Octavi Pereña
martes, 29 de septiembre de 2015, 05:45 h (CET)
Es evidente que la política que es la ciencia de gobernar ha caído en el descrédito popular debido a que como decía George Bernard Shaw “la política es el paraíso de los bocazas”. Hugo Grotius, jurista y erudito holandés del siglo XVI escribió: “No puede gobernar un reino quien no sabe dirigir una provincia, no puede dirigir una provincia quien no sabe ordenar una ciudad, no sabe administrar una ciudad quien no sabe guiar un pueblo, tampoco un pueblo quien no sabe presidir una familia, este hombre tampoco sabe gobernar bien a una familia si no sabe gobernarse a sí mismo si no es que su razón sea señor, la voluntad y sus deseos los de sus vasallos, nadie puede gobernar la razón si no la gobierna Dios, y le obedece”.

Grotius nos está cargando con la gran responsabilidad, porque estamos en una democracia, de escoger con mucha escrupulosidad a las personas que deben administrar los asuntos públicos en todos los niveles. Si los políticos son inmorales y carentes de ética, en buena parte la culpa recae sobre los electores que los hayan escogido con sus votos.

Los westerns nos han familiarizado con el cartel en el que se lee wanted, se busca, junto al dibujo que ilustra el rostro del delincuente y de la recompensa que se ofrece a quien lo entregue vivo o muerto. Ese “se busca” también es muy apropiado en el mundo de la política. Debemos afanarnos en buscar a un político porque la recompensa es mucho más valiosa que unos pocos dólares. Una buena administración será de gran bendición para todos los ciudadanos. Siguiendo el extraño comportamiento de Diógenes que iba por la calle con un candil encendido en pleno sol buscando a un hombre, nosotros tenemos que buscar a un político que no sea un bocazas, sino que sea gobernado por Dios y que no se meta en política exclusivamente por el lucro personal sino para el servició de toda la comunidad.

Busquemos desesperadamente a las personas a las que se les pueda confiar la administración pública. Jim Collins profesor de la universidad norteamericana de Stanford expone la diferencia existente entre líder y liderazgo: “Si te pongo una pistola en la cabeza puedo hacer que hagas lo que no deseas hacer, pero no practico liderazgo: he ejercido poder. El verdadero liderazgo únicamente existe cuando las personas siguen cuando tienen libertad de no hacerlo. Si las personas te siguen porque no tienen elección, entonces no las guías”. Hoy, en nuestro país no se ponen pistolas amenazadoras en nuestras sienes para obligarnos hacer lo que no deseamos realizar, pero sí que se nos amenaza con el miedo utilizando las instituciones del Estado para obligarnos a hacer lo que no deseamos.

La ciudadanía reclama con silencio un cambio urgente en la manera de hacer política. El buen gobierno no depende tanto de las leyes como de las cualidades personales de los gobernantes. La maquinaria del Estado siempre está subordinada a la voluntad de aquellos que la manejan. El buen o mal uso de este instrumento depende de la calidad moral de quienes lo manipulan. Por dicho motivo es tan importante la elección de los maquinistas.

Las personas nos podemos comportarnos como bocazas en determinadas ocasiones. Quien lo hace lo paga. Escuchando a los políticos cuando hablan de manera informal, especialmente si lo hacen creyendo que el micrófono esta cerrado, se descubre mucho de la personalidad del candidato a ser votado. En los discursos propagandísticos los políticos tienen el defecto de alabar el que han hecho y menosprecian les obras de los otros, y se tumban en el sofá una vez alcanzada la butaca que les da el poder. La grandeza de un político no se encuentra en el que ha hecho, sino en el que está haciendo. En el momento que se compara con Cristiano Ronaldo y se considera el mejor político del mundo, ser inicia el proceso de decadencia que lo lleva a la mediocridad.

Es muy fácil hacer leyes, a menudo injustas. Eso no es gobernar. Las leyes son como correas atadas a un collar que cada vez que una persona se mueve en desacuerdo del que tiene la correa tira de la misma para poner al díscolo en el lugar que le corresponde. Las leyes son para ser obedecidas, sí, pero deben ser justas. Es así como los ciudadanos las respetarán.

Cada vez que un nuevo político llega al poder promete cumplir la ley. El presidente Mariano Rajoy siempre tiene en la punta de la lengua: “Haré cumplir la ley” y lo dice taxativamente. Pero no tiene presente que para que una ley tenga vigencia debe ser aceptada por la mayoría de los ciudadanos para los que ha sido promulgada. Los buenos políticos saben que la única manera de evitar su deterioro es anticiparse y corregirla e irla modificando para que pueda interpretar la realidad de cada momento.

Es evidente que la democracia está en crisis debido a la existencia de una grave crisis moral. Jacques Delors que fue presidente de la Comisión Europea (1985-1995) ya explicó la causa de dicha crisis cuando dijo: “La espiritualidad debe revitalizar la sociedad. La crisis moral de la democracia en parte se debe al debilitamiento de la espiritualidad. Creo que a la espiritualidad que según Delors debe revitalizar a la sociedad le falta concreción. En el mundo existen muchas espiritualidades, ¿Cuál de ellas tiene poder de revitalizar a la sociedad? Las personas que son guiadas por el Espíritu Santo son las que merecen ser reconocidas como espirituales porque la espiritualidad procede del Espíritu. Es el Espíritu de Dios quien da el don de la fe para que se pueda creer en Jesús. El creyente en Cristo empieza a andar en la justicia. Esta andadura por fe es la que revitaliza a los individuos y si son muchas las personas que caminan con Jesús se revitaliza la sociedad que regenera la democracia.
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