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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Fuera fascistas de la universidad

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
jueves, 21 de febrero de 2008, 06:03 h (CET)
Nos hemos liao, hemos confundido el culo con las témporas y desbarramos sin límite. Mejor dicho: “Se han liao, han confundido y desbarran”, en tercera persona. Seamos claros, se trata sólo de una minoría, muy pesada y cojonera, pero una minoría a la que hay que parar los pies. Como no se les va a convencer por las buenas, tenemos ya larga experiencia en esto, habrá que utilizar el poder del Estado o el estado de la razón, qué más da. Pero a los fascistas hay que pararlos en seco.

Primero fue lo de María San Gil, después lo de Dolors Nadal y ahora le está pasando a Rosa Díez. Que dicen los fascistas de Cataluña, los de Galicia y los de Castilla que allí sólo hablan ellos. Que los demás, especialmente si critican al gobierno, no tienen derecho a hablar. Y el meter en esto al gobierno no supone querer acusarle de nada, simplemente constato que si Rosa Díez no criticara a Zapacejas y le apoyara no tendría estos problemas.

Esto les pasa sólo por pensar diferente. Hemos construido una sociedad en la que toda diferencia racial, religiosa, sexual está permitida y justamente defendida pero, ay, como pienses diferente te revientan la conferencia, te revientan la palabra. Los intolerantes te acusan de intolerante por querer hablar, que parece mentira, a quien se le ocurre ir a la Universidad a defender tus ideas. Ellos, los que te revientan el acto, los que te insultan y te amenazan, son sedicentes demócratas mientras tú, pobre infeliz, quieres hablar para defender tus ideas. En realidad no te das cuenta pero seguro que eres un perfecto fascista por pretender tamaña libertad, hablar en público y explicar su pensamiento, ¿pero es que no se dan cuenta Rosa Díez, María San Gil y Dolors Nadal que no hay arma más peligrosa que la palabra y por eso se la prohíben?

Vivimos en una perversión de circunstancias sociales, nada es lo que parece porque no se trata de ser sino de aparentar, de presumir. Dime que presumes de demócrata y te diré que eres un fascista. Esos niñatos endiosados que defienden la democracia del tú te callas para que yo hable van revestidos interiormente de demócratas porque alguien les ha dicho que la democracia consiste en que hablen ellos y los que opinan como ellos. Cometerían cualquier barbaridad por impedir la expresión del discrepante, son tan fanáticos como Lenin o Stalin, son tan exaltados como Hitler o Mussolini, sólo que ninguno de ellos tendría la mente tan enferma como para llamarse demócrata a sí mismo. Se sabían muy bien cómo eran y no trataban de disimularlo, no querían aparentar lo que no eran.

Se han liao, han confundido el culo con las témporas y desbarran cuesta abajo y sin freno. Se tratará sólo de una minoría pesada y cojonera, pero a la que hay que parar los pies con los argumentos penales del democrático Estado de derecho.

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