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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¡Basta ya! ¡Nunca mais!

Josep Esteve Rico
Redacción
miércoles, 20 de febrero de 2008, 01:00 h (CET)
Últimamente y ante la proximidad de las elecciones, asistimos a un aumento en contundencia verbal, violencia dialéctica, agresividad emocional, crispación, tensión e irrespetuosidad con pérdida de maneras entre nuestros políticos, algo que lejos de ser una moda, no debería convertirse en crónico pues resultaría nocivo para la convivencia democrática y dañino tanto para los líderes como para el pueblo. Improperios, insultos, salidas de tono, gritos o enérgicas voces elevadas, descalificaciones, intimidades, ‘trapos sucios’, ira, rencor, odio, enojo y otras cosas más; es lo que el pueblo viene captando y empapándose por parte o desde los políticos. Ni siquiera el ambiente de las primeras elecciones de la transición –en las que estaban ‘calientes’ los ánimos y muy reciente el viejo régimen- se puede comparar con el actual momento de crispación política.

El ejemplo que nuestros líderes ofrecen a la ciudadanía en sus debates, ruedas de prensa y sesiones plenarias; es de lo más desagradable, lamentable, patético, violento, incivilizado e impropio de unos representantes del pueblo. Un pueblo al que le toca aguantar la desgraciada situación hasta el punto de sentir vergüenza y enfado de sus políticos. Defender cada líder y cada partido sus ideas, planteamientos, propuestas y proyectos, no ha de dar lugar al insulto, a la agresividad y a la irrespetuosidad. Cabe discrepar, debatir y discutir sobre aspectos de los planteamientos. Que cada cual defienda su postura como la mejor o más conveniente para la ciudadanía pero sin llegar a tales extremos.

El cotarro o ruedo político a cualquier nivel –local, autonómico, estatal- no debe producir el ‘destape’ de intimidades y privacidades porque no se trata de asuntos del ‘corazón’, la política tiene que ser algo serio, nada frívolo. La situación se asemeja a un interminable set tenístico en que ambos contrincantes se devuelven los golpes con tales virulencia y mala leche que hasta los espectadores o ciudadanos nos hartamos y cansamos al punto de olvidar y ‘pasar’ de quien empezó primero. Algo que a la mayoría del pueblo nos importa un rábano. Si los políticos pierden la compostura, la educación y el respeto cayendo tan bajo y son nuestros representantes y fiel reflejo de la sociedad, ¡cómo será el pueblo que los ha votado! No niego que la sociedad actual sea más agresiva –ahí están los altos índices de maltrato, por ejemplo- pero los ciudadanos no tenemos culpa del pésimo comportamiento de los políticos.

Todo ello produce en el pueblo decepción y animadversión generalizadas hacia los líderes y sus partidos, aumentando los escépticos, indecisos, hartos, desilusionados, decepcionados y críticos. Una gran parte de la población está hasta los cojones de que todos los políticos –principalmente los líderes de los dos partidos mayoritarios- se lleven a matar y se comporten tan agresivamente. Tendrían que recibir clases de civismo, educación democrática, mundología y respeto para acabar con esta situación y dar así, ejemplo de corrección, de moderación, talante, buenas maneras, honradez y profesionalidad, que es lo que los ciudadanos desean y esperan de ellos.

¡Basta ya! Pacifiquen y calmen la política.¡Nunca máis a más insultos y violencia verbal! Por el bien de la democracia. Por el bien de todos, de ellos y de nosotros, el pueblo.

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Josep Esteve Rico Sogorb es escritor, blogger, articulista.

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