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Utilidad del voto

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 19 de febrero de 2008, 03:44 h (CET)
En la permanente manipulación de las palabras para que se adapten a “nuevas” ideas oportunistas, resulta pertinente, en el lejano y particular “point of view” (que dicen los ingleses, maestros del debate) de esta ventilada columna, distinguir que el voto “útil” es una cosa, y la “utilidad” del voto, otra muy distinta. Cómo voto útil parece darse a entender aquel que “sirve para algo”. Pero, ¿hay algún voto que no sirva?... en definitiva, cada papeleta refleja la libre y respetable expresión del ciudadano. Hasta los “inútiles”, que casi abundan tanto como los necios, tienen derecho a expresar su opinión.

Todo voto, entonces, es útil y digno de respeto. ¿Por qué se singulariza, entonces? Porque quien necesita ese voto en el recuento de los expresados a su favor, considera “inútil” que haya ido a parar a otros. ¿No es una interpretación interesada de la opinión del prójimo?... Si no me votas -parecen decir-, estás tirando tu voto. Así, por ejemplo, todo el que favorezca a un minúsculo partido nacional, está “inutilizando” el voto que tan útil seria para los grandes partidos. O se va con las mayorías, o se “tira” el voto. Son cosas del arbitrario juego democrático. Pero eso es otro tema, que se dice…

El razonamiento de la “utilidad” del voto, es harina de otro costal. Si la gente sacrifica su decisión a favor de esos partidos mayoritarios, tampoco se ve premiado con la satisfacción de haber contribuido a la gobernabilidad del país. La inmolación de su opinión en la democrática ara resulta estéril, porque por difíciles razones de explicar, los grandes partidos están equilibrados, y la estabilidad del gobierno que salga de las urnas, sólo la consiguen atrayendo los favores de partidos minoritarios, que, en nuestro país, tienen la condición de ser regionales, nacionalistas dicen, y que encubren con mayor o menor descaro unas ínfulas independentistas de incierto origen. No son “pueblos” de la península que reclamen su entidad, sino políticos pueblerinos que intentan justificarse con esa reivindicación.

De este modo, gane quien gane, siempre gobernará con la aquiescencia de arbitrarios regionalismos. ¿Adónde ha ido a parar, entonces, el voto útil? Salta a la vista que la siguiente objeción lleva a cuestionar la “utilidad” del voto. Sería igual de útil que se pusieran de acuerdo, unas elecciones sí, y otras no, para que una partida de votantes de cada uno de los mayoritarios se quedase en casa, y con la ayuda de los indecisos, unas veces sí, y otras también, dieran a alguno de ellos el respiro de gobernar sin la necesidad del “cazurrismo”. Cazurro es un término que se daba a quienes ponen el cazo. En las casas acomodadas, de “hijos de algo”, de los antiguos hidalgos, se regalaba el exceso de cocina a quienes se presentaban con un cazo a recogerla. Luego, se hizo equivalente de tosco, basto, zafio, etc. Incluso, torpe.

Útil, no útil, utilidad o inutilidad aparte, algo ciertamente de provecho sería que los partidos mayoritarios (en España son dos -como en casi todas partes, otra curiosa consecuencia de la sociología humana-), establecieran acuerdos entre ellos que hiciera innecesario recurrir a interesados apoyos. Entonces sí que seria “útil” el voto. Votar o no votar tendría un sentido del que ahora carece. Acudir a las urnas seria definitivo para el cauce de los acontecimientos en la siguiente legislatura. Del modo actual, los grandes partidos están irremediablemente obligados a sacrificar los intereses mayoritarios de la ciudadanía en una estéril controversia política que beneficia principalmente a los de siempre, políticos y cazurros.

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