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El teatro de la policía
Domingo Delgado
Dice el refrán “que algo tendrá el agua cuando la bendicen…” Esto habría de aplicarse a la política y a la clase política, que suscita dudas, cuando no reprobación entre amplios sectores de la sociedad, a la que dice representar.
Cualquier encuesta sobre la fiabilidad y confianza en nuestros políticos suele ser negativa, pues refleja un descrédito considerable. Tal hecho no suele ser gratuito, sino que viene ganado a pulso por actitudes sectarias, clientelares, de cálculo interesado, de promesas baldías y flagrantes incumplimientos, cuando no traición a su electorado, a lo que hay que añadir la instalación plutocrática que se erige en clase privilegiada, permeable a los grandes grupos de presión e interés, antes que a la misma sociedad en general.
Y en ese cálculo interesado, de estratega político, al que le interesa el fin, importando poco o nada los medios, se encardinan las promesas electorales, que como reconoció el famoso socialista Tierno Galván, se hacen para no cumplir; en el colmo del cinismo, y del engaño. Lo que hace que muchas veces representen una función teatral poco sincera. Ejemplo de lo cual, ha sido esta semana, la publicación del furtivo diálogo entre Iñaki Gabilondo y el Presidente Zapatero, en el que ambos comentaban –a micrófono cerrado- sobre las encuestas; indicándole Zapatero que ahora les convenía “dramatizar” más… He ahí la clave: “el drama..”. Agitar sentimientos, miedos, ilusiones, pasiones.., da igual, todo en función de agitar conciencias y mover voluntades, sobre una realidad adulterada, para conseguir el fin establecido: obtener votos, y a vivir otros cuatro años… Eso es una clara prueba de manipulación de la opinión pública, que en otro país más serio hubiera reportado serios disgustos a su protagonista.
Resulta pues, una falta de ética en la acción política, que además es reveladora de un talante personal histriónico e insincero. Así podemos explicarnos algunas políticas radicales de ZP en estos años de gobierno, para atraerse a la izquierda radical, lograr acuerdos perniciosos con los nacionalismos centrífugos, y dar la impresión que la oposición del PP es la reencarnación de la derecha reaccionaria trufada de los nostálgicos del franquismo, para presentarse como el adalid del progreso, la libertad y el talante democrático, cuando todo ello responde a un guión falaz, diseñado por sus estrategas a sueldo.
Así ahora, les conviene ocultar el fiasco de las negociaciones con ETA, sus pactos con los separatistas catalanes y vascos, sus errores en la política económica y diplomática, y traer a primer plano a los titiriteros adictos al pesebre, a los colectivos gay, proabortistas y demás grupos clientelares para enfrentarlos con los Obispos, con las víctimas del terrorismo, grupos provida o profamilia, etc, no importa, con tal que de ese guión se obtengan los resultados apetecidos.
Esa es la progresía, y el talante mendaz de cálculo manipulador, cuyo único interés es prorrogar su estancia en el poder.
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