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La “paz” de Zapatero se impone a garrotazos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 17 de febrero de 2008, 06:55 h (CET)
Una nación puede presumir de cultura cuando sus universidades son el semillero de ciudadanos que luego fructifican con la formación científica y el acervo cultural que adquieren en ellas. El hecho de que el país les haya concedido a sus jóvenes el privilegio de poder estudiar en unos centros que constituyen la cuna del saber de toda la clase privilegiada que sale de ellas, no puede ser una carga para las arcas del Estado y, consecuentemente, para todos los que pagan impuestos, si en las “Alma Mater” de toda la nación, no se pone el empeño necesario, por parte de los rectores y el profesorado, para que los alumnos que quieran gozar de sus beneficios académicos, aprovechen la formación que se les ofrece, al tiempo que adquieren otros valores básicos pudieran ser el respeto por la ideas de los demás; la conciencia de que las diferencia ideológicas no se dirimen a golpes, sino con argumentos y razonando; la convicción de que la democracia se basa en el pluralismo y que son las urnas las que dirimen, a favor de las mayorías, cuales son las propuestas políticas que deben regir los destinos de la Nación. Curiosamente la historia de España ha dado muestras abundantes de que, precisamente en la universidades, se han desarrollado y larvado muchas revoluciones contra el orden establecido. Es obvio que los jóvenes estudiantes es pasta maleable para algún profesorado que, olvidándose de su función docente, se aprovecha de la inexperiencia de sus alumnos para imbuirles ideas que, en apariencia, puedan parecer generosas, igualitarias y beneficiosas para el pueblo, pero que, en realidad, son la base de su miseria y degeneración.

Sin embargo, la experiencia, esta olvidada y gran maestra de la vida, ha demostrado que, especialmente en el último siglo, las universidades se han distinguido por ser un semillero de antisistemas, erróneamente orientados por un profesorado filocomunista infiltrado por poderes ocultos, cuya misión no se ha centrado tanto en conseguir alumnos bien formados en las materias que se han impartido, sino más bien en crear logias revolucionarias que, con el tiempo, se han hecho dueñas de los campus universitarios, imponiendo su ley no por la convicción, sino por la fuerza, al resto del alumnado. Y de aquellos polvos han salido estos lodos progresistas que, como un cáncer en metástasis, han ocupado todos los estamentos universitarios, sin que, ni la Administración, ni los rectores ni la sociedad se haya tomado la molestia de hacer lo preciso para garantizar que la enseñanza universitaria sea disciplinada, científica y apolítica.

Así resulta que, muchos de los licenciados que salen de las universidades, adolecen de las más elementales condiciones, tanto técnicas como humanas, para desempeñar su profesión con un mínimo de garantías de competencia y eficacia. Por el contrario, son un magnífico caldo de cultivo para nutrir las filas de los progresistas, de esta izquierda despendolada que basa su influencia sobre el resto de la sociedad en la propaganda adulterada de la realidad que a ellos les conviene para sus fines y en las manifestaciones orquestadas contra todo aquello que pueda tener la apariencia de orden, de moral, de ética, de esfuerzo, de excelencia y de religiosidad. Su único objetivo es seguir las consignas de aquellos que, desde de detrás de las bambalinas, manejan los hilos de estas marionetas que se limitan a responder a la voz de su amo. ¿Se han preocupado ustedes alguna vez de intentar averiguar de qué viven estos miles de personas que salen a las calles, una y otra vez, y siempre son los mismos? Si se trata de hacer una manifestación contra la Globalización, en París, allí están; si se quiere protestar contra el Prestige, acuden los mismos; si se intenta amedrentar a una formación política de derechas, de nuevo los vamos a tener presentes, los mismos perros con diferentes collares. Usted sabe lo difícil que es faltar al trabajo. Le piden justificantes; bajas por enfermedad o accidente; tiene que dar explicaciones a su jefe etc. Vean, no obstante, a esta muchedumbre viajera, bullanguera y siempre dispuesta a liarse a estacazos con la policía. No verá rostros demacrados, puede que barbudos, eso sí, con caras de patibularios, pero sanos y bien alimentados. ¿Quién se ocupa de pagarles, alimentarles e instruirles? ¿La masonería?, ¿la mafia?, ¿los comunistas? O, ¿algunos partidos políticos para que les hagan el trabajo sucio? Caliente, caliente.

Porque estos partidos de la izquierda, desde el PSOE hasta ERC o los PCTV; no tienen otro objetivo que deshacerse para siempre de sus adversarios, para ellos enemigos irreconciliables, de la derecha. No paran mientes en pequeñeces y si para destrozar un mitin en la Universidad de Santiago de la popular María San Gil, es preciso enviar a la guardia pretoriana de los “progres” universitarios ¡allá van, con un par de narices! Pero no a gritar o a exhibir pancartas en contra del acto, no, no, no basta; es preciso arrear estopa para amedrentar al adversario, para ponerle nervioso. No tienen argumentos, son zotes integrales, pero saben manejar las estacas. Esto, señores, es lo que alimentamos en nuestras universidades, a cuyo sostenimiento contribuimos con nuestros impuestos pensando que vamos a ayudar a mejorar y engrandecer España, con personas cultas y preparadas para destacar en la sociedad. Y a todo esto, ¿qué es lo que hacen los magníficos rectores, los encargados de la buena praxis universitaria? Pues, impedir que entre la policía para que pueda proteger a aquellos que son vilmente agredidos dentro del recinto de la cultura. ¡Ah! El estatus universitario tiene sus privilegios y uno de ello es que es terreno vedado a las fuerzas del orden o, lo que es lo mismo, allí se pueden cometer delitos impunemente. ¿Es lo que quiere la sociedad? Me temo que no. Si queremos ser sinceros, ya es hora de que se eliminen estas trabas y privilegios cuya única finalidad es amparar de las normas que rigen para todos a unos cuantos privilegiados que, además, se aprovechan de ello para delinquir.

Este es el respeto de la izquierda por las leyes, por la libertad de opinión, por los derechos democráticos, por la libertad de expresión, por la integridad física de las personas y por las ideas del adversario político. ¡Garrotazo y tente en pie! El arma de los stalinistas; los procedimientos de las Juventudes Socialistas de 1934; el sistema expeditivo de los “maulets” catalanes. Y esta es, señores, la forma en la que en España se preparan unas elecciones: amordazando al contrario; amedrentando a la ciudadanía; insultando al oponente y descalificando a gritos a aquellos con los que no se sabe discutir ni argumentar. Es la “paz” de Zapatero, lo único que, si seguimos así, la paz que acabaremos por tener los ciudadanos será la paz… pero la de los muertos.

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