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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Menores para pagar Mayores para matar

José Luis Palomera
Redacción
sábado, 16 de febrero de 2008, 03:28 h (CET)
Mi difunto padre siempre me decía “cada vez que fallece un Magistrado, en realidad fallece el mayor enemigo del pueblo” y yo no puedo estar más de acuerdo con mi muerto padre.

Aún hoy la madre de Sandra Palo clama una y otra vez, Justicia, Justicia.
La madre, la pobre madre, desvalida y sola frente a toda la parafernalia justiciera de este maldito país, donde sus señorías- ya muy mayores ellos- se les escapan pedos y otras cosas en sus señoriales estrados.

Vergüenza de España y vergüenza de los españoles que no tiene agallas para solicitar Ley a la "banda de indeseable juristas" con el corazón de plomo y las leyes en sus tripas.

Se sabe que las cuatro ratas asesinas, que fraccionaron, literalmente la vida de Sandra Palo, acumulaban casi 700 denuncias y otras muchísimas detenciones.
Al parecer el apodado Rafita -hoy en la calle- cada vez que se le detenía preguntaba a los agentes "qué hay para cenar". Una vez llenado el buche, el chavalote dormía como un lirón y al otro día para casa hasta la próxima fechoría.

Tanto éste como los demás culpables del asesinato de Sandra, se reían una y otra vez del entramado cachivache que por justicia padecemos los españoles. Justicia vomitiva a más no poder.

Por tétrica lógica las pensiones completas gratis de estos asesinos terminaron como terminan casi todos aquellos que pisan y salen, salen y pisan, un día tras otro la comisaría. Al final fue la permisividad la que acabó con la vida de Sandra asesinada como si de una rata se tratará.

¿Saben ustedes señorías quién tienen mucha culpa de que estos terroristas despedazaran sin piedad a una inocente muchacha? ¿No lo saben, señorías?

Pues se lo digo yo: en parte, en mucha parte, las deplorables normas de justicia, las deplorables condenas, las deplorables leyes penitenciarias y por último, al menos así lo entiendo yo, sus pésimas entendederas sobre Las Vidas de los demás, señorías, pésimas a más no poder para desgracia de muchos inocentes.

Sandra no será la última joven vilmente asesinada, ya se encargan leyes y sentencias de dejar en la calle a los asesinos los cuales, se lo aseguro yo, en un 95% de posibilidades volverán a sus andadas y como siempre serán las hijas de otros quienes lo padecerán. Sus hijas, señorías, así como sus propias vidas están a salvaguarda y buen recaudo pagadas con el dinero de los demás.

Ley del menor

Al parecer, el (Menesteroso Menestro de Justicia Pañola) ha dicho que este Gobierno no tocará la Ley del Menor.

¿Tiene usted hijas Don Bermejo?... Me temo que usted por tener no tiene ni vergüenza..

Sandra Palo Bermúdez, fue violada, luego atropellada contra una tapia varias veces y aún viva-“aún movía los brazos” relató en su día el Rafita- quemada sin ninguna piedad causándola la más letal de las agonías.

Un crimen, un horroroso crimen, encausado para menores cuyos hechos posiblemente sean los más crueles de la historia penal española..

Mari Mar Bermúdez, Magistral Madre, ha tenido que aguantar las mofas de los asesinos incluso ver salir de la cárcel, después de apenas cuatro años, al llamado Rafita, menor para pagar sus deudas según la ley española, pero experto y sádico terrorista para participar, y jactarse de lo mismo.
¡ Cuidado, que quemo! solía decir una vez cometido el crimen antes de ser detenido.

Esta lacra que padecemos los españoles con hijos que no hienas, en parte, es gracias a la repugnante justicia que predican sus señorías, legisladores, fiscales y magistrados, que aún milenios después de aparecer el primer homínido, siguen empecinados en arreglar vidas y muertes, prisiones y libertades, con rancias neutralidades propias sin tener en cuenta el hervor de la sangre ajena.

Señores responsables de ley y justicia en este país, les repito e invito por última vez a que recapaciten sobre las prebendas de la llamada “Ley de menor” ya que de lógica es que quien vale para asesinar a conciencia de que asesina, debe de valer para pagar sus actos a conciencia de que los paga.

Deberían saber ustedes, entiendo que no es fácil cuando ustedes no lo padecen, que las mentalidades no suelen ir siempre acompañadas de los años, hay personas con cuarenta años ingenuos a más no poder y hay chavales con catorce que saben más que todos ustedes juntos.

Estos jóvenes terroristas sabían bien lo que querían, pretendían violarla y la violaron, sabían que era deficiente y se aprovecharon, y después bien se dieron cuenta de que si la dejaban viva serían delatados y por eso la mataron como si de un perro se tratase.

Las propias agravantes con las que se produjeron los hechos de por sí conllevan la suficiente cordura y madurez para certificar adultez en los individuos que las cometieron.

Jamás se es menor, jamás de los jamases se tenga la edad que se tenga, cuando se asesina a conciencia, en virtud de obtener placer, además de alevosía y premeditación, como es el caso que nos ocupa.

El mayor dislate de justicia Universal

En el caso de la joven Sandra Palo, los hechos fueron mayores, luego los autores no deben ser bajo ningún concepto tratados como menores, tengan los años que tengan.

Sus señorías deberían ilustrarse sobre la filosofía del individuo la cual refiere, por lógica universal, que es la propia mente humana, independientemente de la edad, la que determina las menorías o mayorías mentales. Con una mente infantil, es decir, una mente menor independientemente de la edad que tenga el sujeto de la misma, es incapaz de tramar crimen alguno, luego difícilmente los puede cometer, mientras las mentes de aquellos que son capaces de tramar asesinatos como el que nos ocupa, agravantes incluidos, tenga la edad que tenga, repito, tenga la edad que tenga, son mayores, luego han de pagar con mayoría y con todo el peso de la paupérrima ley que tenemos sus crímenes.

Sin son menores de edad -no confundamos edad con capacidad mental- cumplirán las mismas en centros de menores hasta alcanzar la mayoría para luego cumplir íntegramente sus penas en prisión de adultos. Por cierto, prisiones españolas que no son otra cosa que pensiones de tres estrellas.

Además de que no están para juzgar, ustedes han sido elegidos en virtud de ciertas normas para juzgar, pero ustedes no tienen capacidad alguna para juzgar a los asesinos de vidas.

Ustedes únicamente tienen potestad para dictan sentencias con la complicidad del estado español en virtud de sus abominables normas, las cuales son legisladas, por individuos sin más sentimientos que el de sus barrigas, medra y boato.

Si con todas estas circunstancias aún entiende la ley que ustedes predican, que los autores son menores y por lo tanto insuficientes mentales, es porque las mismas no las padecen ustedes en carne propia. Otra cosa bien distinta sería la ley si ustedes fueran parte habitual como lo es siempre el pueblo de los asesinatos cometidos sobre este.

Ustedes aplican leyes en cuestiones que en nada afecta a sus sentimientos personales pero si que afecta y mucho a las víctimas, las cuales ante sus sentencias basadas en normas jurídicas que rara vez le son a ustedes aplicadas, se sienten traicionadas, engañadas, y acorraladas

Ustedes juzgan una muerte ajena con neutralidad propia, juzgan un hecho sin aplicar más sentimientos que no sea el de la neutralidad, es decir, juzgan por igual los hechos del homicidio como los de una reyerta nimia, sin tener en cuenta que la vida, única realidad y valor Universal, es la vitalidad eterna e irreparable que ningún ser vivo tiene potestad para juzgar. Las mentalidades de ley son neutras ya que las predican desde su propio ego profesional. Sin embargo estas neutralidades se tornan lesivas para las víctimas.

Sus narcisistas neutralidades de ley, les hace ser impávidos e inmisericordes ante los sentimientos ajenos, por eso tratan emocionalmente igual al asesino confeso que a la víctima.

Por otro lado, llevo años predicando que ni ustedes ni ningún ser humano, colectivo, grupo o asociación por sí solos pueden dictar ley. La misma ha de corresponder al conjunto del Pueblo y al Pueblo en su conjunto, el cual debe previamente inscribir y plasmar la misma.

Ley y leyes previamente consensuadas y establecidas en idénticas penas para todos en idénticos casos, dando preferencia siempre a las víctimas sobre los verdugos, a la vida sobre la ley, al respeto sobre la democracia y a la seguridad sobre la libertad.

Sin embargo las víctimas jamás de los jamases tendrán otra oportunidad de estar vivos, mientras sus asesinos, además de estar vivos, en virtud de sus sentencias y las normas jurídicas de otros colegas suyos, vivirán a cuenta de la sociedad, estudiarán a cuenta de la sociedad, se intentarán reinsertar a cuenta, en muchos casos, de repetir de nuevo sus crímenes.

No hay dudas, quien asesina a conciencia de que lo hace jamás se arrepentirá, ya que su mente precisa el placer que les produce ver la sangre y el sufrimiento de otros seres vivos.

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