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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Algunos estarían mejor amarrados a una noria

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 16 de febrero de 2008, 03:11 h (CET)
Si a usted un descarado se atreve a insultarle, llamándole imbécil, mentiroso y humillante, me imagino que no reaccionaría entregándole un clavel al que así le hubiera tratado. Sin embargo, cuando los de la farándula, sin cortarse un ápice, la emprenden con el señor Rajoy y su partido tratándolos de “turba mentirosa y humillante” y a la Iglesia católica de “teocracia estúpida”, parece que gobierno del señor Zapatero lo considera la cosa más normal y edificante. Vean como el ministro de Cultura (confieso que me ha decepcionado este señor), señor Molina, defiende a capa y espada a los autores de los insultos considerándolos como la base y columna de nuestra cultura y comparándolos con insignes representantes de la misma en siglos pasados, como fueron como Séneca, Cervantes o Velásquez. Si la sola comparación con tales prodigios ya, de por sí, causa grima, por lo absurda y desproporcionada: el hecho de considerar a esta patulea de deslenguados como ejemplo de nuestra cultura ya cae en lo sainetesco. Una persona culta nunca usará un lenguaje grosero, propio de rufianes, para insultar al adversario, sino que utilizará la sutileza, la ironía y la frase sarcástica, evitando la horterada porque, si la empleara, se rebajaría a la categoría de analfabeto mal educado que, en definitiva, es lo que les cuadra a estos sujetos que la usan. Recordemos aquella frase tan acertada de que “no ofende quien quiere sino quien puede”. Se dice de Quevedo que, en una ocasión, hizo una apuesta con unos amigos de que llamaría coja a la reina, la esposa de Felipe IV, que padecía una leve cojera; cuando se presentó la ocasión se dirigió a la reina con un clavel en una mano y una rosa en la otra, diciéndole: “entre el clavel y la rosa, su majestad escoja”; como es natural ganó la apuesta, Ingenio y oportunidad, algo de lo que carecen estos a los que nuestro ministro califica de columna y base de nuestra cultura. Vaya usted a saber qué muela le dolería al señor Molina cuando dijo tal cosa.

Pero, desgraciadamente, esto es lo que “mola” hoy en día. No a toda la gente, pero sí a este segmento de sociedad que forman estos “progres” comediantes que, cuando quieren darse suerte mutuamente lo hacen deseándose “mucha mierda”; con lo que está dicho todo acerca de ellos y de su “talante”. Sin embargo, se me ocurre, a la vista de una noticia que he leído en la prensa acerca del patrimonio del señor Almodóvar que, puesto que tan de izquierdas se manifiestan nuestros “amigos de la farándula” y tanto muestran su preocupación por los desheredados de la fortuna, sería un gesto muy gentil por su parte que mostraran al gran público el estado de sus finanzas, para que los ciudadanos de a pie supieran lo que, en realidad, se esconde detrás de estos atuendos ad hoc lucidos por señores como Sabina y Serrat en sus interpretaciones cara al público, tan austeros y populacheros; para que todos supieran lo que se esconde detrás de este telón de sobriedad. Si en Catalunya se piden a voces las balanzas fiscales de las autonomías ¿por qué los ciudadanos de a pie, los de la sufrida clase media, no podemos saber lo que atesoran aquellos a los que el Estado subvenciona con nuestros impuestos? El ejemplo del señor Almodóvar me parece ilustrativo: 67 millones de euros. Nada, una futesa. Pero este señor es socialista, un defensor del reparto de la riqueza, un frente populista. Ustedes y nosotros sabemos el porqué lo hace. ¡Hombre!, den ejemplo, señores comediantes millonarios y repartan sus caudales con los necesitados, que en su profesión hay muchos que están en la miseria. No insulten a la derecha cuando, la mayoría de los que la votamos, no somos ricos, y hemos tenido que trabajar muy duro para poder vivir sin grandes lujos, ni coches despampanantes, ni grandes mansiones y, vean por donde, defendemos la iniciativa privada, hasta admitimos que haya gentes como ustedes que se puedan enriquecer haciendo de comediantes; incluso tenemos el coraje de decir lo que pensamos, sin escondernos hipócritamente bajo la capa de las izquierdas ni de la progresía casposa, para disimular ante la ciudadanía, la poca edificante realidad de unas vidas de ricachones, drogadictos, despilfarradores y viciosos.

Pero, denle ustedes vuelta a la hoja. ¿Han escuchado algún insulto dirigido al señor Botín del Banco de Santander?, ¿Les han oído clamar contra el chapapote de Algeciras?, ¿les han visto defender a los inocentes niños que no pueden nacer porque sus madres deciden asesinarlos en su propio vientre? ¡Claro que no! Nunca morderán la ubre que los alimenta; ni se levantarán contra quienes los amparan y les ayudan a medrar y amparan lo que ellos llaman ejercicio de sus libertades sexuales ( nosotros, en cambio, los consideramos vicios contra la naturaleza). Esta es la diferencia entre la gente corriente, para la que no gobiernan los socialistas y, los “especiales,” las minorías raritas, gritonas, vendidas y encenagadas en un modelo de vida que no comparte la mayoría de los ciudadanos de la nación, pero que, sin embargo, ellos no sólo quieren tenerla para sí, sino que pretenden que se nos imponga a los demás, a la fuerza, si fuere necesario. Por ello les estorban los ciudadanos “normales”, los curas, la religión, los que no comparten sus ideas, los estudiosos, los disciplinados y los que somos patriotas y amamos a España. ¿Qué les va a importar a estos que viven al día, que no creen en la solidaridad ni en la moral, que vegetan por este mundo sin esperanzas y buscando la felicidad en lo puramente material; el futuro de la Nación? ¿Qué más les da si se parte en tres o cuatro pedazos? Ellos a lo suyo, a vivir a tope y a medrar dentro de su “cultura” individualista, apoyada por el Gobierno magnánimo y despilfarrador.

Por esto se crispan, se indignan, cuando desde el PP, el señor Rajoy, contesta sin alterarse, con buenas maneras y palabras precisas a las descalificaciones e insultos que le llegan desde la izquierda. No pueden comprender que se les responda desde la serenidad y argumentando porque, todo hay que decirlo, una cosa es gritar, insultar, apabullar y desbarrar y otra es argumentar con fundamento. Esto, al parecer, está fuera del alcance de estos titiriteros que se emperran en eliminar a la oposición para implantar el totalitarismo de las izquierdas. Y es que, en España, queda poco trigo limpio y mucha aceituna zapatera (y no es alusión).

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