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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La leva del idiota

José Romero
Redacción
viernes, 15 de febrero de 2008, 06:33 h (CET)
Se alza el telón, comienza el mitin, la obviedad es la consigna: “España se rompe”, “España no se ha roto. “La derecha es de derechas.”… Ruge la masa, se estremecen las gradas. La militancia obliga, se impone elegir arma, nunca la de la razón, bueno estaría que hubiera que mostrarse juicioso teniendo por delante semejante disyuntiva de estúpidas evidencias.

Rendidos a la magia de tamaño desafuero, nos sentimos reclutados para la idiotez de turno, eso sí, con toda la solemnidad que el dislate requiere, y qué hacer, pues nada, dejarse ir, y más, cuando el hecho de flotar te convierte en un paquebote donde viajan las más exquisitas libertades, las más meritorias dignidades.

En está leva para idiotas en que se han convertido las elecciones, cabe además preguntarse por qué ese interés de unos y otros: políticos, obispos, banqueros, artistas…, por salvarnos, por hacernos ver la luz, cuando no se trata de vendernos nada, pues ninguno de los asuntos que aquí se tratan nos son ajenos.

La elecciones no son, o no debiera ser, una misa cantada de antemano, ni una ópera bufa, ni un negocio, tampoco empresa que soporte el rudo manoseo que imprime el oficio, sino la sana y sencilla acción de elegir programas y gestores para el primer y definitivo acto social: el de la convivencia.

Se impone por ello hallar candidatos que nos hablen de renuncias necesarias, de necesarios compromisos, de la justa redistribución de las riquezas, del consumo responsable, de la responsabilidad solidaria…

Pero para que engañarnos, no se trata de llamarnos a la participación en tan importante jornada desde la responsabilidad y en plenitud de derechos y deberes, sino todo lo contrario, alistarnos en la irresponsabilidad de la obcecación, del vil comercio, de la dádiva, del particular beneficio, con un único fin, despojarnos de nuestra condición de ciudadanos para ser en la voluntad de los convocantes meros vasallos.

Es por ello que en la perruna voluntad de electores estamos además de alienados perfectamente alineados para el combate, insultándonos sin miramiento, refutándonos sin más razonamiento que el exabrupto, y riéndole las gracias al primer ocurrente que nos busque, por el simple hecho de que viste la camiseta de nuestro equipo. Y en ese absurdo trance permaneceremos ferozmente movilizados hasta que la noche del día nueve, alguien, qué más da quién, grite: “Rompan filas”, y nos volvamos cada uno a lo suyo, a cultivar rencorosa perplejidad para otra jornada de lucha en la que vamos a ser sin duda, y aún en la victoria, nuevamente derrotados.

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