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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El convidado de piedra

Roberto Esteban Duque
Redacción
viernes, 15 de febrero de 2008, 06:33 h (CET)
Dice Bono, preocupado como siempre lo estuvo porque la Iglesia católica ofrezca su esplendor desde la cima de la montaña, que el “anticlericalismo no se estila ni en el PSOE ni en el Gobierno”, considerando “buenas” las relaciones con la Iglesia. En realidad, lo que le gustaría decir es que en los procesos de deliberación previos a las Elecciones Generales, la Iglesia católica ha surgido como un “convidado de piedra” para los socialistas.

La Iglesia católica, señor Bono, aspira legítimamente a influir en una España donde se consideran católicos el 80% de los españoles, de los cuales once millones mayores de dieciocho años son practicantes, y donde como bien sabe usted en las elecciones de marzo de 2004 hubo un importante trasvase de votos católicos al PSOE, cuyo electorado es mayoritariamente católico y religioso. Hay un voto católico socialista fijo y otro voto católico que fluctúa entre el apoyo al PSOE y el apoyo al PP y tiene relevancia a la hora del triunfo electoral de uno u otro partido. Es muy posible que a usted lo tengan donde está para recoger un voto católico incierto. ¡No lo vaya a estropear, hombre!

Todavía piensa Bono que tiene como interlocutor cuando habla el hombre bueno y poroso castellano-manchego. Pretende hacernos olvidar que él mismo se ha enfrentado a los obispos, o que dentro de su partido existe un laicismo excluyente personalizado en Álvaro Cuesta y el intimísimo Zerolo; un laicismo anticlerical que exige la religión fuera de la escuela, el final de la financiación hacia la Iglesia católica y la ruptura de los Acuerdos con el Vaticano.

Esta tendencia del PSOE fue expresada de un modo paradigmático en el documento “Constitución, Laicidad y Educación para la Ciudadanía”, publicado en 2006, donde se presenta al PSOE como defensor de la libertad de conciencia y como impulsor de nuevos derechos de ciudadanía como el matrimonio de homosexuales y el aborto.

A diferencia de Bono, para quien no existe ningún país que trate tan bien como España a la Iglesia católica (se empeña en seguir hablando al castellano-manchego), pienso que es imposible encontrar en Europa un talante tan extendido de fobia a lo religioso y eclesial como se encuentra en España, especialmente en la progresía psuedoilustrada encarnada en la Plataforma de Apoyo a Zapatero; un talante antirreligioso y anticlerical directamente proporcional a un oceánico analfabetismo religioso; un laicismo de exclusión y de indiferencia, neutralizado forzosamente en campaña electoral.

La progresía desprecia de un modo público la religión, ignora el pluralismo interno y la complejidad de las corrientes de la Iglesia. La progresía posee un hartazgo inmenso hacia la derecha, polarizada en el franquismo, y hacia el clero, eternamente enojados por sobredosis de nacionalcatolicismo. La progresía está reaccionando de un modo volteriano contra toda aquello que encarna La mala educación, de Almodóvar. Se intenta eliminar una España dominada por la Iglesia católica, a quien se siegue viendo como madrastra castradora de la vida y aspiradora a imponer una “teocracia estúpida”.

Esta imagen de España es la que ha creado Zapatero con su llegada a la presidencia del Gobierno. Durante los años de gobierno socialista presidido por Felipe González, el laicismo estuvo sumergido y sin posibilidades de expansión dentro del Ejecutivo, del propio parlamento y del partido. La llegada de Zapatero convierte a los laicistas en enemigos del Estado. Con su llegada se reactiva el cainismo, tan bien reflejado por Goya en Duelo a garrotazos, cuando se enfrentan cultural e ideológicamente la España confesional y la del laicismo excluyente.

Zapatero no contribuye, a pesar de lo que afirme Díaz-Salazar en España laica, a una sana laicidad.de Estado. Basta para comprobarlo con echar un vistazo a Madera de Zapatero, donde a su amigo Suso del Toro le confiesa que la única religión es el hombre, y que “es el ser humano el que merece adoración”. Esta es la tercera tentación de Cristo que se engríe personificar el presidente: la aversio a Deo, conversio ad criaturam.

“Libraos de esta generación perversa”, dice el Apóstol San Pedro. No pretendo con esta cita petrina hacer coincidir mi función con mi identidad, ni tampoco ejercer un maniqueísmo estúpido e ignorante. Pero me atrevo a sugerir a Zapatero que lea la carta de Jaurés, líder histórico del socialismo galo, a su hijo, donde a la solicitud de exclusión de la enseñanza de la religión que reclamaba, le hace descubrir la importancia del conocimiento religioso para la formación integral de la persona humana.

Quizá la construcción de una España auténticamente laica exija no sólo la desaparición de la cultura del odio y del resentimiento, asentada en numerosas asociaciones laicistas con una todavía débil proyección en el entramado social, sino la extinción de aquel que la ha hecho brotar, la ruptura con una legislatura irreverente con el tema de la religión y las relaciones con la jerarquía eclesiástica, para que en lugar de más gimnasia haya más religión y un verdadero Estado de laicidad.

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