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Etiquetas:   Cartas al director   -   Sección:   Opinión

Sobriedad y libertad

Lluis Esquena, Girona
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martes, 22 de septiembre de 2015, 14:36 h (CET)
El Papa Francisco, en su última encíclica, Laudato sí, escribe que “la espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo” (n. 222). Bien sabemos hasta qué punto el Pontífice se sitúa contra el modo de vida habitual en el primer mundo, en el ambiente occidental especialmente, donde lo habitual es el hedonismo. Y sabemos que es muy difícil en este contexto, sobre todo entre las personas de clase media o alta, mover al desprendimiento, la modestia o la sobriedad.

En el ambiente nuestro, en este país que sabe disfrutar con muchas cosas, es difícil discernir, en el día a día, qué es disfrutar de unas buenas vacaciones y que es dejarse llevar por adiciones, vicios y caprichos. Hay a quien le cuesta mucho dar un euro de limosna a un pobre o en la iglesia, pero se los gasta sin ningún problema si se sienta en una terraza a “tomar algo”. Todos sabemos lo fácil que es crearse la necesidad “intocable” de tomar una cerveza en tal momento del día o un trozo de buen chocolate después de tal o cual comida. Y así podríamos poner muchos ejemplos de todo tipo, aunque lo realmente difícil es admitir cada uno cuáles son nuestros caprichos intocables.

Esto es esclavitud, es una atadura que produce malestar en cuanto falta. Somos libres cuando no hay en nuestra vida nada que nos ate indebidamente. “La sobriedad –dice el Papa- que se vive con libertad y conciencia es liberadora. No es menos vida, no es una baja intensidad sino todo lo contrario. En realidad, quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple” (Laudato sí, 223).
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