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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Paseo nupcial surrealista

Buenísima manera de comenzar un matrimonio, surrealista en estado puro
Antonio Moya Somolinos
@tiotognin
lunes, 21 de septiembre de 2015, 06:37 h (CET)
Ayer se casó en Madrid mi sobrino Marcos con Mónica. La boda tuvo lugar en la iglesia del Buen Suceso de Madrid, y a continuación nos fuimos a celebrarlo a Torrelodones una buena pandilla de familiares y amigos. Lo pasamos muy bien. Tras la cena comenzó el baile con un vals que lo empezaron bailando el padrino y su hija, o sea, la novia, y la madrina y su hijo, o sea, el novio. A mitad de la pieza los novios se hicieron ya protagonistas, bailando juntos ese vals que concluyó con muchas parejas que a lo largo del mismo se fueron agregando.

Concluido ese primer baile casi ritual en las bodas, el pinchadiscos empezó a dirigir la fiesta, que duraría desde las 11,00 hasta las 5,00 de la madrugada del día siguiente. Tras los compases suaves del precedente vals, irrumpió en escena el Twist again a todo volumen que pareció una descarga eléctrica sobre todos los invitados que empezamos a bailar en medio de luces frenéticas de colores que bailaban también. Siguió el Twist and shout de los Beatles, que echó a la pista a los más reticentes entre los que se encontraban la madre de la madrina, a la sazón de 82 años, que cuando John Lennon cantaba esto en the Cavern era una chavala de unos 25 años; vaya, de la edad de Mónica.

La profesionalidad del pinchadiscos hizo que el ambiente eufórico del baile durase sin decaer las seis horas prometidas, pues tras los primeros guiños a la música carroza, enseguida se pasó a una música del momento en la que me parece que lo más característico de la misma es su carácter cavernícola. Quiero decir, que las seis horas aproximadas que duró el baile recordaban a la alegría de los hombres y mujeres de las cavernas en una exaltación de alegría desbordante y desinhibida.

A las 5,00 de la madrugada, los que quedaban en pie estaban literalmente reventados y no poco contentos, inmersos en esa fase de la exaltación de la amistad que caracteriza la ingesta no usual de bebidas alcohólicas.

Resulta que una de las invitadas era una hermana del novio (y sobrina mía) que había venido de Lovaina, en donde estudia la carrera. Se llama Ana. Tenía que tomar el avión en Barajas a las 7,00 de la mañana, por lo que ya teníamos pensado algunos empalmar la boda con el aeropuerto.

Fue entonces cuando Mónica y Marcos dijeron que se apuntaban a despedir a Ana en Barajas. Como no tenían otra ropa, decidieron ir vestidos de novios. Como los demás acompañantes de Ana no teníamos tiempo de cambiarnos en casa, decidimos ir todos al aeropuerto directamente desde Torrelodones.

Así fue como irrumpimos todos en la T1 de Barajas vestidos de fiesta a las 6,00 de la mañana, los novios vestidos de ídem. Y con una peculiaridad: Como quiera que a esas horas, a pesar de ser todavía verano, ya hacía cierto frío, los vestidos largos de gala, vaporosos, de vistosos colores, que lucían mi cuñada—es decir, la madrina—y mis sobrinas—esto es, las hermanas del novio—se mostraron insuficientes para la baja temperatura del momento, por lo que hubo que adoptar la solución caballerosa y de emergencia de que los varones—mi hermano y mis sobrinos—cedieran sus respectivas levitas del chaqué a las damas para que estas combatieran el frío.

Y así fue cómo se formó en las salas y pasillos del aeropuerto una caravana surrealista de unos cuantos tipos con chalecos y unas bellísimas damas ataviadas con largos vestidos rematados por levitas negras de entre las que destacaba una guapísima novia con su vestido blanco enfundado en la levita de su recién estrenado marido.

Las estaciones de autobuses, de tren y los aeropuertos son una permanente ocasión para observar todo tipo de especímenes humanos pobladores de la faz de la tierra, por lo que de lo que uno vea en un aeropuerto, lo normal es no asombrarse, porque si en un lugar se dan cita entes humanos alternativos es en los aeropuertos.

Sin embargo, si hay algo indiscutible, es que la pasada madrugada los alternativos éramos nosotros y en especial Marcos, con su chaleco rojo, y Mónica, con su vestido de novia y levita encima. Buenísima manera de comenzar un matrimonio, surrealista en estado puro, ininteligible para el personal estándar, políticamente correcto. El que no lo entienda, que se joda.
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