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Desconfianza

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 13 de febrero de 2008, 03:22 h (CET)
La deriva que ha tomado la vida pública en España, bajo una observación objetiva -aunque no desinteresada, porque seria tanto como pedir desarraigo al ciudadano-, provoca un sentimiento de desconfianza en el futuro inmediato. La algazara de la prolongada campaña electoral, al avecinarse su final, no consigue poner sordina sobre algunos matices de la situación actual más sombríos que “alegres”. Se puede ser objetivo y desapasionado, y hasta divertirse, con la vida política en los Estados Unidos de América, o, incluso, en la Venezuela de Chávez, pero es imposible si cuando las raíces de quien lo percibe, se adentran genéticamente en lo más hondo, y con todo derecho, de la Historia de España.

Resultan fáciles de enumerar esos matices, aún a expensas de que resulten incompletos, porque, sin duda, muchos de ellos se “guisan” en oscuras figones imposibles de reconocer a la luz pública. En cambio, son difíciles de clasificar, anteponer unos a otros, etc., porque se cae de continuo en qué es antes: “el huevo o la gallina”… Lo que al comienzo de esta legislatura parecía un tornado político en las alturas -como aquel retratado en Zamora, que no llegó a ras del suelo y resultó por completo inocente-, en el agobiante final de la misma, resulta preocupante y motivo de desconfianza en el mañana. Afortunadamente, España ya no es la misma en comparación con la del siglo pasado, pero se está viendo azuzada por parecidas intenciones a las que, entonces, provocaron la gran catástrofe que arrastro al enfrentamiento sangrante entre todos los españoles. Media España se enfrentó con las armas a la otra, y “todo” el mundo tuvo que tomar postura. En cambio, en nuestros días, la desconfianza más que hasta la violencia, parece trascurrir hacia la indiferencia. Mejor que mejor.

¿Cómo confiar en una Ley electoral cuya Junta Central, ignora que la campaña viene desarrollándose desde antes de las fechas previstas? O, que, ha sido incapaz de señalar su objeción a que el “día de reflexión” (ocho de marzo) coincida con el Día Mundial de la mujer trabajadora, de tan sugestiva manipulación partidista. Esto, para empezar. Y, ¿unas leyes de Justicia que se aplican según la fecha que más convenga al partido en el poder? ¿Puede seguir siendo indefinidamente gratuita la prestación sanitaria total a los españoles, y a todo el que padezca un mal en territorio español? ¿Hasta cuándo se podrá seguir cubriendo la nómina de la Sanidad pública, las facturas de los medicamentos, o la continuada construcción de modernos hospitales en cada comarca de España?... Hubo un tiempo en que los distritos universitarios en el país se podían contar con los dedos de la mano; ahora son innumerables los centros de enseñanza superior a costa de una devaluación en la calidad de formación.

También hubo otra época anterior, implantada la Seguridad Social y atendida por médicos del “seguro”, en que las gentes de Granada, al referir la delicada situación de salud de algún pariente, afirmaban, que la cosa no iba bien, porque, incluso, había sido visitado, también, por un médico de “carrera”, es decir por quienes prestaban sus servicios de modo libre, en conciencia, e instalados en su consulta según sus propios medios.

¿No es para desconfiar ver a una multitud de “vascos y vascas” gritando al unísono: ¡IN-DE-PEN-DEN-CIA! Y saber que, además son contemplados con envidia por catalanes, gallegos, e, incluso, por andaluces y, apurando, hasta por el cantón independentista de Miraflores de la Sierra, y es un decir… ¿No es para desconfiar que esta “desconfianza” esté al cabo de la calle, pero ignorada por los dos grandes partidos políticos nacionales? ¿Y el silencio de las instituciones, o de los grandes responsables?...

Esta columna, tirando del archivo de memoria, recuerda la “desconfianza” de un enfermo aragonés, que, sujeto ya en la mesa de operaciones –muchos años ha- para ser intervenido, y ante las bien intencionadas y repetidas preguntas de un asistente del cirujano que se interesaba por su estado, por la edad, y por el año en que, en consecuencia, había hecho la mili, para colmo de su paciencia le requirió: Entonces, ¿de que “quinta” es usted?, y, a lo que, tembloroso, respondió: “¡Yo que sé, no me acuerdo!” ¡P´a “numéros” estoy!

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