Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Regresa la Montero a la TV1 y se arma el gallinero

“Una mala causa empeora cuando se pretende defenderla” Ovidio
Miguel Massanet
jueves, 17 de septiembre de 2015, 05:57 h (CET)
Muchos respiramos con alivio cuando el azote de La Mañana de la TV1 dejó de aparecer en pantalla. Por supuesto que no nos alegramos de que la presentadora, la señora Mariló Montero, sufriera una dolencia, lo que lamentamos siempre, cualquiera que fuese quien la padezca; pero, sí esperábamos que la cadena de la televisión estatal tomaría nota de lo que había sido la trayectoria de esta señora, más auto convencida de su inteligencia “superior” y sus facultades para conducir un programa tan importante sin cometer errores garrafales, sin aprender a callar cuando los expertos hablan y sin caer en su inveterada tendencia a meter la pata hasta el corvejón, con sus comentarios inapropiados, su desconocimiento de los temas que aborda y su especial predisposición a chupar cámara en detrimento de la labor de sus compañeros de programa; para aprovechar la ocasión que se les presentaba de deshacerse de semejante carga, sustituyéndola por una persona que supiera la que es tener entre manos un programa variopinto, que debiera satisfacer a distintos tipos de audiencia, sin excesos narcisistas ni salidas de tono. No ha sido así y, créanme, lo lamentamos profundamente.

Por si fuera poco la periodista que, últimamente, ha ostentado el puesto de anfitriona supliendo a la titular y que ha llevado el peso de la presentación del programa asumiendo la responsabilidad de mantenerlo dentro de sus límites, estilo, calidad y un nivel de aceptación más que aceptable, la señor María Teresa Viejo, escritora y veterana en las labores televisivas, se puede decir que ha sido el reverso de la medalla, ya que ha tenido la virtud de hacernos olvidar las sobreactuaciones de la Montero, manteniéndose en un discreto y laudable segundo plano cuando el programa lo ha requerido; presentándose con gran naturalidad y sencillez, llevando a cabo, con fluidez y sin estridencias, una meritoria labor profesional capaz de arrastrar a la audiencia sin tener que contribuir a que se aúpe un personaje que pone todo su empeño en resaltar su figura, supedita el programa a sus ocurrencias y tiene la fea costumbre de ir metiendo la pata en cada ocasión en la que ha pretendido hacer ostentación de sus pretendidos “conocimientos”.

Por desgracia, la señora Viejo ha sido relevada de su trabajo en el programa y, la Dirección de la cadena estatal, ha decidido volver a reintegrar a su puesto, previa la suscripción de un nuevo contrato (suponemos que sustancioso), a pesar de que su trayectoria ha estado llena de altibajos e incidentes, a la controvertida presentadora, la señora Montero. Tenemos la impresión, visto lo visto, de que goza de suficiente influencia para que los jerifaltes de la TV1 hayan decidido volverle a entregar el programa matinal. En fin, a resignarse y admitir que, como ocurre con las izquierdas, cuando se afianzan en el poder, no hay quien pueda echarlas de su poltrona.

Sin embargo, poco le ha durado la dicha de su reaparición al frente del programa matutino a la señora Montero porque, apenas ha estado unos pocos días como presentadora del mismo, cuando ha vuelto, no se sabe si aposta o por aquello de que “el hombre ( en este caso la mujer) es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, a asumir el protagonismo que tanto le gusta, precisamente en un tema que es de gran actualidad y que divide a los españoles en dos bandos, aparentemente irreconciliables, que es el del famoso Toro de la Vega en Tordesillas. Cuando una persona decide celebrar una tertulia, en la que se pone en cuestión un tema que tiene sus defensores y críticos, debe cuidarse mucho de quién pone como moderador cerciorándose de que se sepa mantener en su sitio, manteniendo la imparcialidad y tratando por igual a los dos sectores en liza. Como era de esperar, conociendo su tendencia egolátrica, la primera que se postulado para tal función ha sido ella misma. Al principio se mantuvo, aparentemente, imparcial, pero cuando, después de unas imágenes del alanceamiento, se inició la discusión entre los partidarios de mantener la fiesta y los contrarios a ella, amigos de suprimirla; no tardó en salirse del tiesto y empezar a inclinarse hacia el bando de los defensores pretendiendo apoyar lo que, a todas luces es indefendible. Resaltó “la buena vida que había llevado el toro hasta su trágico final” añadiendo “no olvidemos que es un toro para carnicería, pues todos comemos carne”, para, finalmente, concluir “los pollos, los preces o los cerdos también sufren cuando son sacrificados”

Precisemos: la vida de los toros de lidia, durante los años que viven en el campo, siempre suele ser buena y apacible, y el que, el toro que se ha sacrificado en Tordesillas, sea uno de ellos nada tiene que ver con el final que ha recibido y, para nada, justifica la crueldad de las personas que, simplemente para entretenerse, suponiendo que fuera un entretenimiento aceptable disfrutar, mientras se da muerte a lanzazos a un pobre animal, asustado, rodeado por miles de personas vociferantes que miran babeantes de morbo los sufrimientos de la pobre bestia mientras exhala su último suspiro. Empecemos por decir la sinrazón de que, la Ley de protección de los Animales, excluya de ella a los toros, como si los sufrimientos que se castigan con multas y con cárcel, cuando se somete a ellos a perros o gatos, fueren menores y más justificables que cuando se le infieren a un bovino que, como es evidente, siente el mismo dolor, angustia, desorientación y espanto al verse acorralado, fuera de su ambiente habitual y sometido a la tortura de ser sometido a una muerte lenta por miembros de la única especie, la humana, que disfruta del padecimiento de los demás.

Al manido argumento de que muchas especies de animales, incluidos nosotros, nos alimentemos de otros seres irracionales no implica que, el sistema para sacrificarlos, no deba ser el menos doloroso y rápido posible, para evitar sufrimientos innecesarios a la pobre bestia. Así y todo no estaría mal que se revisasen las prácticas que tienen lugar en determinados mataderos que, con toda probabilidad, habrá casos en los que la autoridad debiera intervenir para impedir que se salten a la torera las ordenanzas por las que debieran regirse. Es obvio que, en España, por una cuestión de tradición; de costumbrismo; de la falsa creencia, esparcida por los taurinos, que pretenden sostener que la fiesta de los toros es un “bien nacional” y que las bestias en “el fragor de la batalla” no sienten ni las puyas, las banderillas y hasta, si nos apuran, el estoconazo final que acaba con su vida. ¡Paparruchas y argumentaciones carentes de la menor lógica!

La mala fama que las corridas de toros, los “correbous”, los festejos de pueblos donde se les arrojan piedras, se los hiere con palos y se les ponen teas encendidas en los cuernos o se los arrastra, atados a una maroma, hasta arrojarlos al mar; nos han dado mala fama en la mayoría de las naciones europeas, donde se nos recuerda, para vergüenza nuestra: por los atropellos de los Tercios de Flandes, por la llamada “Santa Inquisición” y por las crueldades que cometemos con las bestias, una de las cuales, la del lanzamiento de cabras de lo alto de un campanario, no por expeditiva, deja de ser una salvajada que ya califica de por sí el talante de aquellos que disfrutan con semejantes prácticas. Sin duda, la señora Montero, se ha lanzado a la piscina de la inoportunidad y la falta de sensatez, cuando se ha querido involucrar en un tema que está presente en la sensibilidad de muchos españoles, que no vemos con buenos ojos esta falta de consideración con las pobres bestias que, para su desgracia, en muchos casos están condenadas a sufrir nuestra incontinencia y crueldad. Mal empezamos, señora Montero, si no ha sabido sacar enseñanzas de sus anteriores pifias y no ha hecho propósito de enmienda para corregir su soberbia al frente del programa.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, quisiéramos hacerles una observación a estos señores que están al frente de las cadenas televisivas. Es evidente que, hoy en día, se da prioridad al aspecto físico de las presentadoras, junto a su filiación política y adhesión a las reglas de funcionamiento interno de cada cadena. Puede que para mantener audiencia tengan que recurrir a programas basura, a mostrar los vicios que afectan a los humanos y a jugar con las pasiones más bajas de la gente pero, mucho nos tememos que, a la larga, quienes van a tener que llevar adelante los servicios informativos van a ser las personas capacitadas, sea cual fuere su aspecto físico o su edad; porque, como ha sucedido con los cines que emitían películas pornográficas, la gente se acaba cansando de tanta bazofia y quiere que la entretengan con programas de calidad. Y puede que, este tiempo, no esté tan lejano como algunos piensan.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

La tortilla

Cada día surgen a nuestro alrededor –especialmente en los medios- expertos en cocina y en gastronomía

La adolescencia del terrorismo

La adolescencia no es una nación, es una etapa de la vida

Después del drama viene la dura y absurda realidad

“Sólo en un mundo de hombres sinceros es posible la unión” T. Carlyle

Cayendo en la Misandria

El feminismo como tal surgió en España en la década de los 70

La supremacía blanca y la permisividad del presidente Trump

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris