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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Europa   -   Sección:   Opinión

¿Resurge en Europa una nueva izquierda estalinista?

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” Groucho Marx .
Miguel Massanet
martes, 15 de septiembre de 2015, 06:25 h (CET)
No sabemos cuando el comunismo de Marx, Lenín, Trotski o Bakunin cruzó el océano para trasladarse a las antiguas colonias españolas americanas pero, indudablemente, propiciado por una serie de grandes propietarios, verdaderos dictadores, que convirtieron aquellas naciones en feudos propios, esquilmando a los indígenas; muchos pueblos americanos, animados por los progresos que el régimen comunista soviético tuvo en sus intentos de expansión por una parte importante de Europa; hábilmente dirigidos por agitadores revolucionarios que se presentaban como salvadores del pueblo ( en realidad muchos de ellos, como el caso de Pancho Villa en México) cuando no eran más que bandidos al frente de bandas de asesinos. Lo cierto es que, especialmente entre las clases pobres de aquellas naciones y sus poblaciones indígenas, tradicionalmente tratadas como esclavos por los grandes terratenientes, su expansión tuvo un éxito insospechado, como ha quedado demostrado con el logro de las izquierdas más extremas en su carrera para asumir el poder, curiosamente obtenido por medio de dictaduras del proletariado, arrancándoselo de las manos de gobernantes totalitarios y autócratas sin que, en nada hayan contribuido a mejorar la situación de sus ciudadanos y si, mucho, a crear grandes núcleos de pobreza e inseguridad económica, con la supresión total de libertades democráticas o de desarrollo económico.

Cuando Europa, con la caída del Muro de Berlín y el subsiguiente desmoronamiento del imperio soviético (que fue disuelto formalmente en diciembre de 1991, tras el fallido intento de golpe de Estado de agosto); pensó que se había librado indefinidamente de la amenaza del comunismo, seguramente se hubiera sorprendido de que, 25 años después, y no, precisamente, desde la Rusia de los zares, sino desde el Cono Sur americano, volvería a estar expuesta a un renacimiento del radicalismo de las izquierdas, en un nuevo intento de restablecer el antiguo proyecto de la Unión Soviética de imponer los llamados “frentes populares”. En realidad, seguramente y como secuela a la crisis que ha estado afectando de forma intensa todo el continente europeo, se ha producido el renacimiento de dos amenazas: la de un incipiente neo comunismo que parece que se quiere propagar a las instituciones de la CE, que ha venido de la concepción bolivariana de la izquierda extrema que alcanzó a gobernar Grecia mediante la coalición Syriza y la presidencia del señor Tsipras y otro, más cercano para nosotros, todavía más radical dirigido por el señor Pablo Iglesias, con el apoyo de sus colegas, los señores Monedero, Errejón y Echenique, que intentan, ahora que parece que han perdido fuerza electoral, conseguir unirse a otros partidos de izquierdas, como es la IU del señor Garzón que, al parecer, ha decidido rendirse incondicionalmente a Podemos y entregarles los votos del partido comunista del señor Carrillo.

Y, por otra parte, el revival de viejos nacionalismos engastados en muchas naciones europeas que, como ha ocurrido con el comunismo, se han aprovechado del disgusto de los ciudadanos europeos con sus respectivos gobiernos que, para salvar a la nación, han tenido que recurrir a recortes, impuestos, decisiones incómodas y supresión de beneficios sociales que, si bien han tenido éxito en cuanto a que ya se empieza a notar los efectos de una evidente recuperación, no obstante, han dejado una secuela en forma de desempleo, de reducción de salarios y de desindustrialización y cierres de empresas, que ha afectado, severamente, las economías familiares.

En España, desafortunadamente, se han dado conjuntamente los dos fenómenos, los que ha contribuido a que, a pesar de que se notan síntomas innegables de resurgimiento de la economía de la nación y signos esperanzadores de que el desempleo empieza a reducirse, no obstante, todavía no han llegado al pueblo las mejoras que ya se notan a nivel empresarial y reactivación de compras, por no haber tenido un efecto percibible en las retribuciones salariales de los españoles.

Es evidente que la izquierda tiene que moverse rápida antes de que se vayan extendiendo, a la mayoría de los ciudadanos, los síntomas evidentes de una mejora de la situación de los países y es por ello que, en naciones como Alemania, que van por delante de las otras en cuanto a la superación de la crisis, su tasa de desempleo es inferior y ello le permite acoger a cientos de miles de refugiados ( algunos con evidente preparación técnica) que le van a permitir disponer de una mano de obra barata ( al menos de momento), que les permita cubrir aquellos puestos que a los alemanes no les interesa ocupar. Todo lo contrario que a lo países del área mediterránea, los más afectados por la crisis de las hipotecas basura (sub prime) y por el boom inmobiliario, cuya recuperación ( en España gracias a la política de esconder la cabeza debajo del ala del señor Zapatero de pretender ignorarla) se ha retrasado y nos está llegando precisamente cuando la legislatura se está acabando y, probablemente, el partido en el gobierno, el PP del señor Rajoy, le cueste mucho vender a los españoles el hecho, cierto por otra parte, de que España está en mejores condiciones que muchos países de Europa para afrontar los años venideros, por la solidez de su economía y la confianza que viene inspirando a los inversores foráneos.

El “tour de force” que las izquierdas europeas están intentando, especialmente aprovechando las próximas elecciones catalanas, de las que piensan pescar en las aguas revueltas de la propuesta independentista para que, si se produjera lo que piden los nacionalistas, darle la patada de Charlot al señor Mas y su camarilla, para instaurar un régimen de izquierdas, con todo probabilidad siguiendo el modelo de la Venezuela del señor Maduro. Resulta cómico, para no decir penoso, la reciente actitud del señor Iglesias pretendiendo hacer olvidar que, todo su partido, ha sido creado y financiado por Chavez y Maduro, ahora que le conviene huir del radicalismo y autoritarismo antidemocrático del dictador bolivariano; como ha venido demostrando con el chalaneo que, él y la Justicia venezolana, evidentemente sometida a sus decisiones, han organizado con la inhumana e injusta condena al líder de la oposición, con el único objetivo de que no se pueda presentar, como aspirante a la candidatura para elegir al gobierno del país.

La estupidez del señor Mas y del señor Junqueras corre pareja con la cerrazón comunista de los señores de Podemos, sumergidos en su fanatismo ideológico, alejado por completo de la realidad económica imperante en el mundo, cada vez más dispuesto a reforzar los lazos económicos entre naciones e impedir que intentos de la índole de los separatistas catalanes tengan éxito, entre otras razones, como viene ocurriendo en muchas naciones vecinas nuestras, como es el caso de el ReinoUnido ( con el problema de Escocia) o Francia ( con las reivindicaciones de Córcega) o la propia Italia ( con los problemas de la Liga Norte); porque, a ninguna de ellas le interesa que un estado desgajado de otro perteneciente a la CE, pudiera ser admitido en Europa, despertando las aspiraciones de los que intentan lo mismo en sus propias naciones.

Europa tiene un grave problema, La llegada masiva de inmigrantes de otras naciones como Irak, Siria, Afganistán o Libia, aparte del problema de encajarlos dentro de cada país, de darles trabajo, de enseñarles el idioma, de evitar enfrentamientos por motivos religiosos o de proporcionarles enseñanza y ayudas sociales; le presenta otro desafío a la UE y es que, la mayoría de los inmigrantes que van a venir, son personas desarraigadas, de firmes ideas reivindicativas y de comportamientos ácratas, lo que va a proporcionar un fuerte apoyo popular a las ideas extremistas de la izquierda más radical. Cien o doscientas mil personas o, incluso, hasta cuatrocientas mil ( un 1% de la población europea) es evidente que pueden integrarse sin graves problemas, pero el efecto llamada es evidente que nos va a traer a muchos más, quizá algunos millones y, esto señores, ya es harina de otro costal y puede traer graves problemas de convivencia entre unos ciudadanos celosos de sus costumbres y otros que intentan imponer las suyas a quienes han aceptado admitirlos en sus ciudades.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, observamos, una vez más, como es posible que los árboles no nos deje ver este bosque tenebroso que se esconde detrás de estas nueva tendencias, que amenazan con hacer cambiar a nuestra vieja Europa para convertirla en algo distinto a lo que los europeos, al menos una mayoría, quisiéramos para ella.
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