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¡Basta ya de acusarnos de alarmistas! La crisis está aquí

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 10 de febrero de 2008, 07:11 h (CET)
Mientras parece que nuestro presidente de gobierno, señor Rodríguez Zapatero, se empeña en culpar a los demás de alarmistas por denunciar la crisis que estamos padeciendo ( recuerden que tanto él como sus ministros se han empecinado en negarla hasta que España se ha zambullido en ella) y se esmera en buscar justificaciones para salvar la cara y la de su gobierno, ante la pasividad que han demostrado mientras, desde agosto pasado, se nos advertía desde EE.UU y Europa de la que se avecinaba; ahora, a tiro pasado, nos dice que la responsabilidad de que se haya producido la explosión de la burbuja inmobiliaria no es nuestra, sino que nos viene de fuera. Esto estaría muy bien si su Gobierno se hubiera mostrado previsor; si se hubiera anticipado arbitrando medidas de salvaguarda de nuestra economía y hubiera previsto a tiempo las consecuencias de las especulaciones de las inmobiliarias que alimentaron nuestra propia “burbuja”, que no ha necesitado más que la pincharan desde EE.UU para que le explotara en la cara, con las nefastas consecuencias que estamos percibiendo en nuestras economías.

Cuando se producen situaciones que pueden afectar a toda la nación; cuando los gobernantes son conscientes de sus responsabilidades para con la ciudadanía y anteponen el bien de sus conciudadanos a sus propias conveniencias o ambiciones electorales; en lugar de dedicarse a culpar, irresponsablemente, a la oposición de ser los causantes de la crisis; en vez de sacudirse sus culpas para evadir las críticas de los españoles o, en lugar de quedarse mirando al horizonte esperando que un milagro los saque del atasco; lo que deben procurar es buscar el apoyo de la Oposición y arrimar el hombro para hacer lo posible para evitar los efectos, al menos dentro de lo que se pueda hacer a nivel nacional, del escollo con el que deban enfrentarse. Esto es lo que debería ser, pero, por desgracia, este no ha sido el “talante” del señor Zapatero quien busca por todos los medios distraer la atención de los votantes hacia otros polos de atención que puedan desviar sus críticas hacia la oposición. Ejemplo de esta táctica la hemos tenido en el caso de la nota de los Obispos.

Es evidente que una gran parte de la población española, los ciudadanos de a pie, no suelen fijarse en las grandes magnitudes de la economía, no se interesan por las fusiones de empresas y se desentienden de todo aquello que no tenga un impacto cercano a lo que es su círculo familiar, su entorno más inmediato. Pero esto no obsta para que algunos no tengamos alguna curiosidad en saber lo que ocurre en nuestro entorno y de qué forma nos podrá afectar en un futuro próximo. Por ello, usando sólo el sentido común, nos preocupamos cuando vemos que nuestro Gobierno parece que no tiene nada que decir, o mejor dicho, favorece que se vayan produciendo fusiones de industrias básicas españolas con multinacionales extranjeras. No sólo por la dependencia que, evidentemente, pueda producir el que se tomen decisiones que nos puedan afectar directamente, desde consejos de administración situados en el extranjero, sino también por los grandes monopolios que se están formando que controlarán a nuestras principales industrias eléctricas, eliminando la competencia entre ellas y facilitando que debamos plegarnos, de buen grado o a la fuerza, a las tarifas que quieran imponernos. Y esto está ocurriendo, no lo olviden, cuando tenemos gobernando a los socialistas que, por sus ideas, deberían ser mucho más sensibles a estas operaciones económicas de gran envergadura.

Vean ustedes, si en estos momentos existe una preocupación general entre los españoles, que sí existe; no nos pueden venir el señor Caldera diciendo que el paro es algo puntual o el señor Chávez que lo conveniente sería que nuestros jóvenes estudiaran gallego, vasco y catalán para que así sean aceptados en cualquier autonomía en la que se les ofrezca trabajo. Algo así como si se quisiera, para facilitar el viaje, que para ir de Madrid a Barcelona se cogiera el ferrocarril hacia Galicia, se recorriera el país vasco y se bajara por Zaragoza hasta Barcelona, en lugar de coger el AVE directo. Con lo fácil que sería hacer que se cumpliera lo establecido en la Constitución y se obligara a que, en toda España, se supiera, se hablara y se escribiera el castellano. Evidentemente son ocurrencias peregrinas para que se hable de ello, se comente y se olviden los problemas mayores. Pero hay algo que no admite dilaciones y es que, de seguir por este camino, en un corto espacio de tiempo las economías familiares pueden entrar en recesión. Si se cierran empresas, como ya está ocurriendo; si se despiden trabajadores y van al desempleo, como sucede; si continúan viniendo inmigrantes y no encuentran trabajo o si los miles que trabajan sin estar afiliados a la Seguridad Social se quedan sin empleo; si sigue el ritmo de despidos en la construcción y se produce la cadena de que las empresas que dependen de ella empiezan a tener problemas, puede que, en menos de un año, España esté en una situación difícil. Esto, señores, no es ser catastrofista, esto es ser previsor y sensato. No hay truco: el día en que los salarios de la gente no les lleguen a final de mes y se vean obligados a renunciar a lo indispensable, ese día, el gobierno que sea se va a ver en apuros. Un ejemplo: a más paro, menos cotizaciones a la Seguridad Social y más pagos de prestaciones por desempleo; puede llegar un momento en que, estos dos millones de inmigrantes que hemos absorbido, puedan ser una carga demasiado grande para las arcas del Estado.

Quizá el señor Caldera no pensó, en ello pero ahora la patata caliente será para él. Se dice que 32.000 oficinas inmobiliarias han cerrado; se dice que nadie compra un piso y que se construyeron cerca de 800.000 pisos que ahora están de más. ¿Si no se venden, qué ocurrirá con los constructores y con los créditos que pidieron para construir?, ¿y los intereses?, ¿y las cancelaciones de riesgos? Supongo que ZP y Solbes a esto lo llamarán incidentes sin importancia y problemas menores que, a partir del 10 de marzo, tendrán rápida solución. No les hagan caso, porque mienten. Lo cierto es que no tienen pajolera idea de cómo salir del atasco y que juegan al póker político de farol para ganar tiempo y conseguir un nuevo mandato. Luego nos apretarán las tuercas y eso supone que tendremos menos libertades, más dirigismo estatal y más crisis. Es muy fácil de comprobar: vótenles ustedes y prepárense a sufrir las consecuencias.

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