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Los dos motores

Mikel Agirregabiria
Redacción
sábado, 9 de febrero de 2008, 10:40 h (CET)
Es mejor moverse con un motor alimentado por amor. En caso de escasez, puede nutrirse de odio. Pero es peor para el viajero.

Los fabricantes de automóviles han descubierto, con los coches híbridos, la doble propulsión. Los vehículos mejoran sus prestaciones instalando un segundo motor eléctrico, adicional al de combustión interna. De modo similar, el instinto natural de los seres humanos también se mueve por dos sentimientos primitivos: el deseo y la aversión. Somos atraídos por lo que amamos y huimos de lo que tememos.

Como los combustibles fósiles (derivados del petróleo), el odio tiene sus días contados. Desde los orígenes de la Humanidad, la violencia ha venido decreciendo como motor de la historia. La bondad y la razón, como el motor eléctrico, nos son suficientes para seguir progresando, destacando por su buen rendimiento, su bajo consumo de energía vital y sus beneficiosos efectos secundarios.

Hemos de desarrollar el motor del afecto, para que complemente y llegue a sustituir al obsoleto motor del rencor. Cuando predominan las filias sobre las fobias, se genera un universo de convivencia en armonía. El amor nos hace felices y nos une, mientras que el odio nos entristece y nos separa. Tejamos una madeja solidaria de pasiones, de afectos, de querencias, de aficiones,… en sus múltiples formas de familia, amistades, vocaciones…

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