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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La evidencia de la fractura de la sociedad catalana

“El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad” Albert Einstein
Miguel Massanet
viernes, 11 de septiembre de 2015, 06:11 h (CET)
Es una tarde lluviosa que parece querer anticipar la inminente llegada del otoño. A través de la ventana veo la lluvia como bautiza los rebrotes recentados en las copas de las palmeras e, inconscientemente, siento que la nostalgia., esta nostalgia que nos llega cuando la tristeza nos invade y buscamos consuelo en la compañía de nuestros recuerdos de aquellas personas a las que queríamos y que ya nos abandonaron hace tiempo. Ahora, ya no tenemos a nadie a quien acudir para pedir consejo y alivio a nuestras preocupaciones. Y es que, señores, para los españoles catalanes que residimos en la autonomía de Catalunya, parece que nos caen todas encima, como si los cielos hubiesen decidido descargar sobre nosotros todas sus iras, obligándonos a inclinar la cerviz viendo como, todas nuestras esperanzas, se van diluyendo en este mar de la fatalidad en el que pretende hundirnos la sevicia de estos orates separatistas, que pretenden convertirnos en extranjeros en un pedazo de nuestra propia España.

Hoy hemos conocido los resultados de una encuesta, la última que el CIS ha llevado a cabo antes de las ya inminentes elecciones autonómicas catalanas, del 27 de este mes de septiembre. Muchos habíamos puesto nuestras esperanzas (más por deseo de que así fuese que por propio convencimiento) en que la población reaccionaria ante la inminencia de una más que posible ruptura o, al menos, intento de ruptura con España. Teníamos la esperanza de que la sensatez, el seny y el sentido común de los catalanes se impusieran a este absurdo suicidio colectivo que sería el que, Catalunya, pretendiera navegar por si sola con un gobierno que, evidentemente, sería una nueva torre de Babel ya que la llamada “lista unitaria para el sí” no es más que un artificio circunstancial creado, exclusivamente, para ofrecer un frente común ante los no nacionalistas, que les permita ganar las elecciones ( algo que el CIS parece dar por hecho) con el objetivo de pretender “legitimar”, ante los que les apoyen, una posterior ( no sabemos si inmediata o pospuesta en el tiempo) declaración unilateral de independencia.

Lo que ocurrirá a partir del día 28, si los separatistas consiguen una mayoría suficiente (para Mas basta con conseguir mayoría en el Parlamento catalán, mientras que para los no independentistas, se debiera atender a la mayoría de votos, que es muy posible que se decante a favor del no a la independencia), ya que el propio señor Mas ha presentado estos comicios con carácter “plebiscitario”, lo que nada tiene que ver con los escaños, sino con que el resultado de votos total de una mayoría de catalanes que respalde esta opción separatista o, por el contrario, la mayoría se incline a un rechazo frontal a la propuesta de escisión España. Evidentemente que, la aplicación del sistema D’Ont para calcular los escaños que corresponda a cada partido, en el nuevo Parlamento autonómico catalán, utiliza otras reglas que nada tienen que ver con el pretendido objetivo plebiscitario que se le ha querido otorgar a la consulta, que se basa en los catalanes que quieren la independencia y. aquellos que no; en consecuencia, hablamos de personas físicas y no de escaños.

El “astuto” señor Mas, viendo peligrar su proyecto y temiendo quedar “colgado de la br0cha”, quiere emplear este truco, del que hasta ahora no había hablado, para ocultar o desvirtuar la posibilidad, más que probable, de que el número de votos del “no” sea superior a los del “sí”. Sin embargo, siguiendo en su gran error de no actuar más que sobre hechos pasados, parece que el partido del señor Rajoy sigue empeñado en mantenerse en sus frases grandilocuentes, en sus palabras ex cátedra y en su negativa a bajar al terreno de juego, cuando sigue sin emplear el tono adecuado y la argumentación precisa para que los catalanes, al menos los no fanatizados a los que nada les va a convencer, tengan la posibilidad de conocer la verdad, sepan lo que sucederá con detalle al día siguiente de que se produjera la escisión y dejar por embustero al señor Junqueras, de la ERC, que sigue engañando al pueblo pretendiendo negar que la legislación de Bruselas, que él parece ignorar, tiene recogida la posibilidad de que una nación, desgajada de una de las pertenecientes a la UE, automáticamente queda apartada de la propia comunidad y de todos los beneficios ( financiación, subvenciones, préstamos etc.) que el estar integrado en la misma comporta.

Y es que, señores, en Catalunya una bandera española es vista como un agravio; un avión militar que sobrevuele cualquier pueblo o ciudad catalana se considera un casus belli; el que suene el himno nacional en cualquier evento deportivo, en los pocos casos en que los organizadores se atreven a hacerlo, supone afrontar las iras de la concurrencia si es que, no acaba con algaradas mayores. Aquí las leyes españolas, al menos en lo que respeta a los símbolos patrios y al respeto por la Jefatura del Estado están, de hecho, abolidas y cualquiera que se manifieste contrario a esta deriva nacionalista se expone a ser marcado como persona indeseable, condenado al ostracismo y, todo esto, si no se convierte en un objetivo contra el que dirigir los cañones de la intolerancia, el repudio o la ofensa.

Desgraciadamente, parece que nuestros dirigentes nacionales, ya no hablemos de los partidos supuestamente españolistas como el PSOE, Ciudadanos o la, en vías de liquidación, UPyD; en lugar de aunar posiciones, unificar el discurso unionista y atenerse, al pie de la letra, a lo dispuesto en nuestra Constitución para evitar, precisamente, lo que está sucediendo en Catalunya; se dedican a poner como chupa de domine al partido del Gobierno, a distanciarse lo más posible de él y a buscar soluciones absurdas e inconstitucionales, como es el caso de la propuesta federalista, que a nada conducen, porque los separatistas catalanes las desprecian y que no tiene más recorrido que el que ellos puedan darle, que es ninguno. Ahora se han sacado de la manga lo de la “tercera vía” que nadie sabe en qué consiste y que, como es natural, a estas alturas del proceso, ya no tiene posibilidad alguna de ser efectiva aunque, verdaderamente, pudiera ser una solución interesante ( lo que es evidente que no lo es, ya que se trata de una improvisación de última hora mangoneada por el señor González, el señor Zapatero y el señor Sánchez, tres estrellas que, por desgracia, ya sabemos lo que dan de sí según se han encargado de demostrar los resultados de sus gobiernos respectivos) porque el tiempo para inventos ya ha pasado y no queda más que procurar torear, como sea, lo que se nos viene encima.

Por eso, cuando parece que la suerte está echada ( la baza del señor García Albiol, usada por el PP, ha llegado evidentemente tarde a pesar de su indudable valía y el interés que viene poniendo en sacar el mejor resultado de su evidente popularidad), da la sensación de que el hueco que se le ha hecho al señor Morenés por el resto de ministros del PP, a causa de sus atinadas y cautas declaraciones sobre la aplicación del artículo 8º de la Constitución, en el caso de que se violara flagrantemente la Carta Magna y fuera necesario poner orden en Catalunya, no parece tener sentido alguno; aún más, no es más que un signo más de debilidad ante el desafío separatista que, como era de esperar, ha pretendido sacar rédito hablando de los tanques en Barcelona. Creo que ya se han acabado las tonterías de los diálogos, las cesiones económicas, los peloteos y el pretender ignorar lo que está sucediendo en esta autonomía, donde muchos españoles nos estamos temiendo que todo acabe en agua de borrajas si, el Gobierno y el Estado de Derecho, no se impone por los medios que fueren necesarios ante la evidente y declarada intención separatista que se viene fraguando, con el apoyo expreso de las instituciones y la Generalitat catalana.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como los acontecimientos se precipitan, las televisiones catalanas se han convertido en las primeras propagandistas de la secesión, mientras la Junta Electoral catalana se calla y mira hacia otra parte, cuando lo que verdaderamente ocurre es que se ha puesto un bozal a los españolistas y se han volcado, junto a los periódicos ( encabezados por La Vanguadia), en dar el máximo de facilidades para todos aquellos que tengan algo que decir a favor de la independencia de Catalunya, lo puedan hacer. Mucho nos tememos que, a esta Catalunya en la que vivimos, le esperen tiempos difíciles que acaben por poner en peligro la convivencia entre los ciudadanos y la calidad de vida del pueblo catalán. Consummatum est.
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