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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Alguien debería explicarle al Sr. Blanco…

María Muñoz (Málaga)
Redacción
viernes, 8 de febrero de 2008, 04:41 h (CET)
Ayer decía el señor Blanco: “Nada será igual tras el 9 de marzo después de su actitud tan belicosa”, refiriéndose a la nota de los obispos. Piensa Don José que si se rompe la baraja, es la Iglesia la que pierde. Pobre hombre, cuánto le cuesta entender. Y, por eso dice cosas como que después de las elecciones el PSOE se replanteará las relaciones con la Iglesia.

Alguien debería explicarle que, mientras 2 y 2 sean 4, la Iglesia Católica le ahorra al Estado 36 mil millones de euros al año, más de 5 billones, de las antiguas pesetas, y no al revés. Hacerse cargo del millón de alumnos que la Iglesia Católica atiende en sus 5.141 centros de enseñanza le costaría al Estado 15.423 millones de euros al año. Encargarse de los enfermos atendidos en los 107 hospitales que gestiona la Iglesia Católica, le costaría al Estado 5.350 millones de euros al año. Para hacerse cargo de las personas que la Iglesia Católica atiende en sus 1.004 centros de acogida, ambulatorios, dispensarios o asilos..., el Estado tendría que destinar 4.016 millones de euros al año. Si tuviera que hacerse cargo de las personas a las que la Iglesia Católica atiende en sus 365 centros de reeducación social y en los 937 orfanatos, el Estado tendría que gastarse casi 300 millones de euros al año. Si tuviera que dar cobertura a los más de 2 millones de personas a los que atienden Caritas y Manos Unidas, el Estado tendría que pagar más de 200 millones de euros. Si el señor Blanco fuera un poco más inteligente se mantendría callado, porque además del hecho de que determinados trabajos son impagables, mal lo tendría el Estado para suplir y pagar las más de 24 millones de horas que de manera gratuita, trabajan los 60.000 voluntarios de Caritas y los 5.000 de Manos Unidas, por ejemplo.

Esos voluntarios católicos hacen un trabajo tan inconmensurable que ni toda la clase política podrían reemplazarlos y seguramente tampoco querrían, porque no, me imagino a los consejeros y vicepresidentes autonómicos, a los ministros y otros bien pagados de la política, para, sin cobrar un duro ellos que tan caros se venden, atender, limpiar y cuidar a personas marginales y enfermas como hacen cada día los voluntarios de la Iglesia Católica. ¿Y piensa que si se rompe la baraja, es la Iglesia la que pierde? Pobre hombre. Como decía Goethe: “no hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción”.

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