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Rasputín reencarnado en Paraguay

Luis Agüero Wagner
Redacción
viernes, 8 de febrero de 2008, 03:30 h (CET)
En pocos lugares del mundo la oposición es tan monotemática y reiterativa como en Paraguay, y simultáneamente, difícilmente pueda encontrarse una prensa que realice una persecución tan insistente como infructuosa en torno a una sola persona como realiza la prensa paraguaya con el senador Juan Carlos Galaverna.

El diario de mayor tiraje y a la vez uno de los más disparateros del mundo, el ABC color de Aldo Zucolillo, lleva década y media haciendo improductivos esfuerzos por ridiculizar al personaje mencionado, que al cabo de tanta campaña adversa, de intrascendente militante que mendigaba harina y víveres a los burócratas del gobierno ha pasado a convertirse en un símbolo del partido oficialista y uno de los hombres más poderosos- sino es el más- del Paraguay. Tanto que durante las últimas elecciones primarias de su partido ha logrado desafiar con éxito a la todopoderosa embajada norteamericana dirigida por el embajador James Cason, la misma que urdió golpes de estado y supervisó el accionar de las dictaduras de Pinochet y Videla desde su ciclópea sede fortificada de Asunción.

Para hacerse una idea lo que representa enfrentar al poder imperial estadounidense, al que la política exterior paraguaya adscribe con abyecta sumisión desde hace siete décadas, basta mencionar que nadie salía triunfante en este país de una reyerta con un representante del imperio desde que el presidente Carlos Antonio López expulsó el ministro estadounidense Edward August Hopkins y rechazó con maniobras diplomáticas a una flota estadounidense enviada por el presidente norteamericano James Buchanan para invadir el Paraguay, en febrero de 1859.

Desquiciado por la prosperidad de Galaverna, el diario ABC color de Aldo Zucolillo ha organizado las más pintorescas campañas instrumentando a politiqueros de la oposición ansiosos por ocupar espacio en la prensa. La última de estas ha sido “Por un Paraguay sin Calé” (mote con el cual el senador en conocido en Paraguay), que consistió en recolectar firmas para solicitar a las autoridades del partido gobernante que no vuelvan a postularlo como candidato al Senado. Lejos de fructificar, la campaña acabó posicionando a Galaverna en un lugar aún más privilegiado de las listas oficiales para el Senado.

Acusado de manejar a los ministros de la Suprema Corte de Justicia, el senador Galaverna se burla de sus enemigos de la prensa obligándolos a pagar multas por difamaciones y calumnias por resolución judicial cuando le viene en gana.
Mientras tanto, la oposición repite los libretos de Zucolillo procurándose un espacio en los medios, aunque los discursos son los mismos que la ciudadanía viene escuchando desde hace más de treinta años sin que tanta insistencia se traduzca en algún resultado. Tales argumentaciones invariablemente responden a la línea editorial del ABC color, y consisten en los remanidos ataques a la integración regional y a la administración de la hidroeléctrica binacional que Paraguay comparte con Brasil (Itaipú, en su momento la usina más grande del mundo), con una línea sensacionalista de fingido chauvinismo que en la década de 1970 determinó un gran aumento en la tirada del diario.

La pocos imaginativos líderes opositores, que inducidos por Zucolillo se aglutinaron en torno al obispo Fernando Lugo, han hecho suyas estas interesadas denuncias aunque haya sido la misma oposición la que en la década de 1960 legitimó a Stroessner confiriéndole una fachada democrática a su régimen y le permitió suscribir el Tratado Binacional de Itaipú con el Brasil, y el mismo Zucolillo haya sido un fanático propagandista del dictador por décadas.

Para estas campañas Zucolillo, que durante la dictadura en Paraguay financiaba simposios de represores de la Liga Mundial Anticomunista y entregaba donativos para centros de detención y tortura, se vale de escribientes que llevan décadas destilando la hiel del ostracismo político, y de un elenco de pusilánimes que le rinden pleitesía visitando la sede de su diario para fotografiarse y recitar en forma claudicante los libretos de ABC color. La última farsa la constituye su supuesto respaldo a las candidaturas izquierdistas, aunque es público que muchos de estos supuestos marxistas son en realidad financiados por el embajador James Cason a través de un instrumento de penetración imperialista conocido como Plan Umbral.

En tanto la pusilánime oposición se entretiene repitiendo discursos caducos y defendiendo las causas ajenas del zar de la prensa , Rasputín reencarnado en Galaverna maquina nuevas maniobras, ubica a sus hombres en los sitios claves de la estructura del poder, ensambla las poderosas fuerzas electorales del oficialismo y se apresta a festejar nuevas victorias sobre sus anodinos adversarios.

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