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Etiquetas:   Brasil   Hacienda   -   Sección:   España

Las manos del ministro de Hacienda de Brasil

Ante el ministro español Luis de Guindos
José Luis Heras Celemín
martes, 8 de septiembre de 2015, 07:03 h (CET)
“Infraestructuras, el estímulo de la economía” fue el lema elegido en los Foros de El País para presentar al ministro de Hacienda de Brasil Joaquim Levy.

Altísimo, elegante y liberal. De los neoliberales de la Escuela de Economía de Chicago. Un liberal en el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), que gobierna Brasil presidido por Dilma Rousseff, sucesora de Lula da Silva, con ideología de izquierda pura.

Así comparecía en Madrid el ministro brasileño, el mismo día en que su presidenta admitía que Brasil “está atravesando ciertas dificultades”, pero con posibilidades de superarlas para conseguir el crecimiento económico.

Las noticias que le precedían hablaban de sus declaraciones sobre una transición brasileña estructurada, como la hecha en algunas regiones españolas, de las dificultades para estabilizar la economía carioca en medio de una inestabilidad política, y de las dificultades del gobierno de Dilma Rousseff con unas cotas de popularidad próximas al 8%.

La cortesía de acompañarle, por parte del Gobierno de España, correspondió al ministro español Luis de Guindos, que comparecía junto a él, solícito, ante un auditorio formado por: Una representación del cuerpo diplomático. Autoridades españolas. Una parte del empresariado español, especialmente de las empresas que trabajan en Brasil. Y una prensa multinacional encabezada por el diario El País que hacía de anfitrión.

En esta situación, había algunas dudas: ¿Levy comparecía a petición de El País en beneficio de las empresas españolas que trabajan allí? ¿El diario español es la herramienta que utilizaba el ministro brasileño para presentar en España, y por ende en Europa, las perspectivas de futuro de su país y superar dificultades en una situación confusa con la ayuda del ministro español De Guindos? ¿De Guindos, como representante del gobierno español, utilizaba al ministro brasileño y al diario El País en beneficio de las empresas españolas que trabajan en Brasil, del gobierno y de España? ¿U ocurría todo a la vez?

Una vez en uso de la palabra, Levy, tras afirmar que sigue la realidad española desde que estuviera en el FMI (hace más de 20 años) y que desde entonces ha estado interesado por la proyección de España en América, se concentró en la actualidad brasileña y en el contexto en que ésta se desenvuelve:

Dada la situación, las autoridades que rigen los destinos de Brasil creyeron necesario efectuar una serie de ajustes para: 1.- Aprovechar los beneficios de las medidas anticíclicas existentes en USA y sus cambios de políticas monetarias. 2.- Paliar los efectos de la reacción de China, con grandes inversiones, que modificaron precios a partir de 2008. Y 3.- Corregir los desequilibrios fiscales debidos al paso de una situación en la que “sobraba dinero” y había una “balanza de pagos favorable” a otra radicalmente distinta: El país formando parte de una aldea global cambiante, en la que China toma medidas económicas con efectos conocidos, Europa construye la Unión Europea. Y en la que los costes fiscales en Brasil necesitan reajustes.

Una vez enunciada la realidad, sin enunciar las medidas a tomar, advirtió que ya se están empezando a notar los primeros síntomas de recuperación: La economía carioca empieza a remontar y reequilibrarse. La balanza de pagos será positiva en 2015. La inflación está siendo contenida por el Banco Central de Brasil. Se fortalece el flujo de capitales con entrada de dinero del exterior. Y se está produciendo un “reequilibrio de la confianza” que hay que mantener teniendo en cuenta las variaciones de “costes y beneficios” y aprovechando las oportunidades y realidades del país “con paciencia”.

Para ello, citó algunas acciones:

- Avanzando en agricultura, con una cosecha que se espera magnífica.

- Cuidando “las cosas a nivel fiscal” en una economía global. Parando impactos y desarrollando una política para mantener la deuda exterior como un seguro para las empresas brasileñas con deuda externa.

- Cultivando los estabilizadores automáticos de: Mejora de la Sanidad Pública. Aumento de la red de Previsión Social. Fortaleza de Seguro de desempleo. Búsqueda de costes mínimos.

- Dando confianza a las políticas que “garantizan que no habrá sorpresas”, con Seguridad Jurídica, asumiendo las cuentas públicas para generar confianza, y “revisando lo que hay”.

- E, imitando lo que hizo en España de 2011, reconocer que la austeridad no basta si no va acompañada de un cambio de estructuras que aumenten la competitividad y propicien mejores condiciones para el crecimiento económico.

Entre las medidas a tomar, citó:

- Simplificación con créditos simples y jurídicamente seguros.

- Gestión transparente.

- Cooperación Legislativa para reforzar la contratación y ejecución de obras (donde lo hecho en España es un ejemplo a seguir)

- Ajustes en la Seguridad Social, manteniendo en lo posible los logros del Estado del Bienestar.

- Apertura comercial a empresas extranjeras.

- Esfuerzos para aumentar la eficacia.

- Y atender a la sociedad que pide: Más transparencia y eficacia. Mejores puertos e infraestructuras de transporte y carreteras. Colaboración con el sector privado en construcción. Y tener en cuenta el mercado de capitales.

De esta forma, terminó, “Brasil puede convertirse en un laboratorio para nuevos enfoques en mecanismos de inversiones y financiaciones, para garantizar seguridad y crecimiento de su economía en su mercado doméstico y en el mundo, en el que ocupa el séptimo lugar”

Acabado el discurso, el moderador dio la palabra a Luis De Guindos, como intervención previa a un conjunto de preguntas.

Fue en ese momento cuando a alguien le dio por mirar las manos del ministro carioca, ver qué hacía con ellas, y contrastar sus movimientos gestuales sin calibrar si éstos correspondían a los de un diestro o un zurdo.

Y es que en Joaquim Levy, al comenzar a responder y compartir el uso de la palabra con De Guindos y el moderador, empezó a notarse una forma de mover las manos que, aunque hubiera sido la usada hasta entonces, parecía nueva: Ora la derecha adelante, moviéndose con la izquierda quieta; ora la izquierda explicativa con las palmas inclinadas y en acción mientras la derecha permanecía inmóvil.

Así, una tras otra, fueron produciéndose las intervenciones y respuestas. No se advirtió, ni hizo, el gesto determinante de los que, de frente, armonizan el movimiento de las manos y consiguen, aunque no busquen, avanzar por derecho consiguiendo empatía y dando confianza.

El discurso fue bueno. La agilidad mental, de los dos ministros y el moderador de El País, más que notables. Las respuestas, todas, ágiles, inteligentes y precisas.

Pero las manos del ministro de Hacienda de Brasil… Ante un lema que se había elegido para hablar sobre el “estímulo de la economía”, sólo se movían, cada una a su ritmo elegante y pulido. Pero…
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