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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De los votos islamistas y de los Goyas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 7 de febrero de 2008, 03:29 h (CET)
Verdaderamente podemos decir que, durante la semana pasada, el Ejecutivo del señor Zapatero, con él a la vanguardia, se ha dado una panzada de demagogia de la más indigesta y sobrecargada que pueda resistir cualquier estómago político por muy sano y resistente que sea. Y por si esta catarata de descalificaciones, ofensas y sentencias del tío Canillitas, emanadas del PSOE, no fuera suficiente para saturar nuestra capacidad de resistencia; se producen dos acontecimientos que han sido capaces de enlodar, todavía más, esta campaña de descrédito e insulto que los socialistas han emprendido contra el PP, la Iglesia y los ciudadanos que no nos dejamos arrastrar hacia las alcantarillas, a las que nos quieren conducir el señor ZP y sus fieles servidores y presuntos beneficiarios, en esta carrera hacia el desmoronamiento de España; esta gran presa que amenaza con cuartearse y arrastrar, con la caída de las aguas liberadas de sus frenos naturales, a toda la ciudadanía hacia los valles del enfrentamiento; las marismas de la desilusión y la mar de la desesperanza en un futuro mejor.

El primero de ellos ha sido la manifestación de la Junta Islamista que pide el voto para el PSOE o IU. Nada que reprocharles si lo justifican y basan, como lo ha hecho la Iglesia católica respeto a los socialistas, en serias diferencias ideológicas con los postulados del PP. Porque, si se tacha a los obispos católicos de aconsejar dar el voto a aquellos que defienden o, más se ajustan, al ideario cristiano, supongo que los de la Junta Islámica lo harán a favor de aquellos que más se acercan al ideario musulmán. Para entendernos, deberemos de suponer que el PSOE, además de haber subvencionado a los islámicos con 100.000 euros el pasado año, debe ser partidario de la ablación del clítoris de las mujeres, de cortarles las manos a los ladrones, de la sumisión de las mujeres a sus maridos y, como no, del castigo a todos aquellos que sean homosexuales con los que no transigen. Es bueno que, antes de las elecciones, sepamos hacia donde se inclinan aquellos a los que votamos. Deberemos esperar con ansia como toma el señor ZP y sus altavoces, que no portavoces, oficiales, esta “súbita” ayuda de los islamistas y como la acogen los colectivos gays y de lesbianas, sin olvidarnos de las rabiosas feministas. ¿Rehusarán los socialistas estos votos de los integristas del Islam?, ¿No decían algo sobre el integrismo católico?, o ¿resulta que hay integrismo malo e integrismo bueno? A ver si se aclaran de una vez y no confunden a los ciudadanos con sus exabruptos partidistas. O todos moros o todos cristianos.

Pero de lo que voy a hablar, lo que me pone de verdad y lo que en realidad me produce un éxtasis inconmensurable, es cuando observo a mis “amigos”, los de la farándula, en su propia salsa. Todos sabemos el odio visceral que todos estos mediocres actores que pululan por el progresismo le tienen a todo los que venga de los EE.UU; sin embargo, no pueden resistirse al deseo de imitar, en todo lo que pueden, cuanto se cuece en Hollywood y sus estudios cinematográficos. Si allí hacen musicales, aquí se les imita; si allí hay premios de la crítica cinematográfica, aquí también; si allí hay los Oscars de la Academia aquí tenemos los Goya, más tipo hortera, eso sí, menos lujosos, con la presencia de artistas de medio pelo y, por supuesto, sin el glamour de sus estrellas rutilantes que aquí queda sustituido por algunas señoras rollizas, con inmensos traseros y piernas robustas y, ¿ por qué no admitirlo? de aspecto menos sofisticado y, por supuesto, vestidas por quienes parece que se han empeñado en convertirse en sus peores enemigos. Pues bien, señores, en este plagio, vergonzoso y vergonzante, en que se han convertido Los Goyas, centro predilecto de nuestra progresía; cuna de los más denigrantes espectáculos, –como el protagonizado por un presentador sin gracia alguna que, por aquello de quedar bien con heterosexuales y homosexuales, se dedicó a morrearse con quien se le ponía a su alcance fueran hombres o mujeres y, por si no hubiera desbarrado bastante, tuvo la mala idea de someter a los nominados que no fueron favorecidos con premio, a tener que soportar bromas de mal gusto, para acabarles de amargar la velada( lo de Belén Rueda no tuvo perdón) –; se reunieron en el escenario, entre los que entregaban las estatuilla y los que las recibían, la flor y nada de esto que se ha dado por denominar cine nacional.

La cosa se inició con la comparecencia de la señora González–Sinde, con gorguera incluida, quien, con mucha prosapia, se empeño en decir que esto de que el cine español “no va hacia ninguna parte” no es verdad y que, a su criterio, el enfermo goza de buena salud; seguramente, esta señora presidenta de nuestra pomposa “Academia”, se ha olvidado de que, el año pasado, dejaron de ir al cine 5.000.000 de espectadores y que, este cine que ella defiende, apenas ha tenido una mínima aceptación entre el resto de espectadores, que se han decantado por el de sus odiados competidores, los americanos. En fin, si ella quiere ser optimista y se cree lo que dice, pues que, ¡con su pan se lo coma!; pero me temo que si todo el mérito del que son capaces de insuflar en las películas es algo parecido a lo logrado con la película las “13 Rosas”, un panfleto propagandístico de la izquierda más recalcitrante, van por el buen camino para acabar, de una vez, con el cine español.

Pero el broche de oro corrió a cargo de un novato, un artista de estos que se las da de enterado, a pesar de no ser más que un chisgarabís con ínfulas de “personaje importante” que, sin venir a cuento y, en un pronto de progresismo comunistoide, largó más de la cuenta al pedir: “la disolución de esa cosa llamada Conferencia Episcopal”. Dudo que este pobre ignorante sepa nada sobre la Conferencia Episcopal y sobre el catolicismo, pero, con la temeridad que proporciona el recibir un premio y la estupidez que conlleva el hablar por boca de ganso (con perdón de las ánades) de algo en lo que se es un perfecto lerdo, el muchachote se ganó un aplauso de la concurrencia que, al parecer, no le aventajaba mucho en sensatez, aunque, sí es probable que le igualara en rencor y anticlericalismo trasnochado, muy propio de una reunión semejante. En fin, qué les voy a decir, lo de siempre; un país que no tiene arreglo empeñado en tirar por la borda el bienestar conseguido, en aras de las eternas rencillas partidarias y de reavivar el enfrentamiento entre españoles. Ellos sabrán el porqué lo hacen.

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