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Etiquetas:   A la guerra con la guerra   -   Sección:   Opinión

Entre obispos y políticos

Óscar A. Matías
Óscar A. Matías
jueves, 7 de febrero de 2008, 03:29 h (CET)
Como leía hace poco, debe ser que algunos están que trinan, porque las elecciones ya están cerca y las encuestas no prometen resultados muy holgados, que digamos. A falta de promesas, y después de la brutal caída de la bolsa, lo que está claro es que hacía falta desviar la atención hacia otros derroteros.

Ni soy especialista en política ni me decanto hacia uno u otro partido. Pero al igual que muchos otros ciudadanos, sí busco la verdad y que exista respeto hacia la dignidad de las personas. Debo confesar que cuando leí la noticia por primera vez, en la que se daba a entender que la Conferencia Episcopal se sobrepasaba en sus quehaceres pastorales decantándose hacia ciertos partidos políticos, en seguida me vino a la cabeza lo que otros muchos debieron pensar: ¡menuda metedura de pata! Y ahí quedó la cosa, con la única información de ciertos medios, declaraciones de políticos y tertulias radiofónicas.

Luego fue cuando cayó en mis manos la Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las Elecciones Generales del 2008. La nota de la polémica, la que ha causado tanta pelotera y furor. Hasta entonces no había leído el texto, y si uno quiere opinar al respecto, sí me parece que es de justicia ante todo acudir a las fuentes. Pues la verdad, después de leerla entera (apenas se tardan cinco minutos, pues es un solo folio por las dos caras), me quedé -como dicen los jóvenes- flipando. De lo que había leído y escuchado desde ciertos sectores políticos nada tiene que ver con realidad. Es más, es un claro ejemplo de cómo la instrumentalización y el engaño a la opinión pública son verdaderas armas para conseguir beneficios propios, que es lo que están acometiendo algunos políticos de este país.

“Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto (…) para que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás”. Basta que en el preludio de la nota –el punto 3 exactamente- se pida respeto, para que aquellos políticos que tanto alardean de ser tolerantes carguen sus trincheras para disparar sin ton ni son. Y sinceramente, a este punto pocos han querido hacerle caso.

“Si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana (…)” (punto 4). ¿Tanta ingratitud han querido ver algunos en este punto? Estas palabras no decantan a nadie a votar a uno u otro, sino que es una apelación al sentido común que un cristiano coherente debe ejercer en su calidad de ciudadano. Y aunque los mismos hechos de cómo se está ejerciendo la política desde ciertos ámbitos hablan por sí solos, la Iglesia está en su derecho de orientar al pueblo a quien dirige en temas relacionados con la doctrina social. De acuerdo que no debe meterse en política, ahí no le corresponde, pero apelar al sentido común y a la evidencia no es algo desafortunado.

Y el punto 8, el de la verdadera discordia, el que habla del terrorismo, no hace más que reflejar lo que cualquier persona democrática –sea del partido que sea- debería pensar respecto a este tema tan doloroso y que sólo aquellos que lo han sufrido saben apreciar lo que significa: “El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. (…) Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población (…)”. Pues eso es todo. Ni habla de negociaciones ni se refiere a los quehaceres del gobierno actual, como algunos nos han hecho creer. ¿A caso aquellos que han pervertido el sentido real de este comunicado son los que piensan realmente que el terrorismo es un medio eficaz en un estado de derecho? Porque lo que cuenta este punto, es algo que muchos ciudadanos (con indiferencia de sus creencias religiosas) es lo que opinan sobre este mal que tanto daño ha hecho a este país.

También el texto habla de la ayuda y atención que requieren los inmigrantes y más necesitados, como las jóvenes que caen en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y maltratadas, los que no tienen casa ni familia donde acogerse… pero está claro que por ahí no les podían pillar, porque eso no vende.

A poco tiempo de las elecciones, más les valdría a algunos políticos buscar el modo de resolver aquellos problemas que realmente nos preocupan a los españoles, y dejarse estar de tanta niñería. Mientras ellos discuten, hay quienes no tienen ni un pan que llevarse a la boca. ¿Es que estamos perdiendo el sentido común?

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