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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

La necedad de un empresario y unos vecinos

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
miércoles, 6 de febrero de 2008, 01:42 h (CET)
Se ha dicho, que el más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad. Es lo que me viene a la memoria cuando leo en un diario regional de Andalucía, la siguiente nota: “El rechazo a un centro Proyecto Hombre en Motril: No parece de recibo que la instalación de un centro de proyecto Hombre suscite el rechazo de un barrio de Motril, hasta el punto de que el promotor ofrezca crear en su lugar una biblioteca. La rehabilitación de drogadictos, imprescindible y necesaria en la sociedad, es compatible con la convivencia pacífica”.

Proyecto Hombre Granada con una trayectoria ejemplar tras de sí y, lo más llamativo, también con una gran aceptación social en Motril como lo avala la fuerte implicación de la ciudadanía ante diversos actos solidarios que han convocado, resulta que ahora han sufrido un auténtico revés, por parte de algunos vecinos (que no todos) de la motrileña “Urbanización balcón de San Fernando”. Pensamos que la rotunda negatividad a que se instale un nuevo centro, sumamente necesario e imprescindible para ofertar mejores prestaciones, próximo al citado barrio, carece de fundamento. La verdad que llevan en Motril más de diez años dando vida, sin generar alarma social alguna, y lo único que ahora quieren es centralizar recursos a fin de economizar y optimizar instalaciones para dar cabida a la multitud de demandas que les solicita la ciudad y sus pueblos limítrofes.

Es cierto, no son nuevos en plaza y su identidad es bien conocida y respaldada por personas físicas y jurídicas, instituciones y organismos de gran solvencia, porque lo único que hacen es prevenir el consumo de drogas, rehabilitar y reinsertar al drogodependiente. Por consiguiente, allí donde están instalados, llámese Motril u otra ciudad, jamás suele existir ningún tipo de conflicto y la vecindad les acoge como a unos vecinos más, por lo que no entienden el rehusar de estos vecinos, que han conseguido que un medio escrito, en la sección “sube” y “baja”, les haya remitido al descenso por la insolidaridad manifiesta. Lo lamento por los otros vecinos, que si son multitud, y que si son solidarios.

Ante el ilógico e irracional repudio al drogodependiente, sólo nos cabe reflexionar y participarles nuestro pensamiento. Desgraciadamente, constatamos que este fenómeno afecta hoy a todos los ambientes y a todos los barrios. Cada vez más niños y adolescentes se convierten en consumidores. Sabemos que jamás van a desistir en ayudar a quien solicita sus servicios, porque es su carta de naturaleza, la razón de ser de Proyecto Hombre, un programa educativo-terapéutico para el tratamiento y prevención de las drogodependencias. Detrás de esta Asociación sabemos que hay mucha gente que les apoya. El que S.M., la Reina de España, les entregase la Medalla de oro de la Cruz Roja, o que Naciones Unidas, les considere a la Asociación como miembro consultivo del Consejo Económico y Social (ECOSOC), les imprime fuerza para no caer en un sentimiento de impotencia y desesperanza. La noble lucha de querer ayudar a vivir, en una sociedad que sufre el drama de la toxicomanía de manera alarmante, genera admiración salvo que el ser humano se haya vuelto inhumano. Cualquier persona con un mínimo de valores respalda a Proyecto Hombre.

Es por ello, que cuesta entender lo que dicen promotores insolidarios que, con el afán de ganar dinero, son capaces de decir a los vecinos que “si rechazan la instalación del centro de toxicómanos desarrollaré una biblioteca y aportaré 50.000 euros para mobiliario y libros”. Mira tú por dónde ahora resulta que un promotor se convierte en “promotor” de cultura, pero antes de planear la urbanización ni se le ocurre la saludable labor. Empiece, pues, por la cultura de la solidaridad ante el fenómeno de la droga, un mal particularmente grave. De igual modo, resulta difícil comprender la actitud cambiante de algunos regidores que, con el único criterio de ganar votos, respetan el desaire de una minoría de vecinos (una papeleta es una papeleta, y máxime en periodo electoral): “porque ellos son los que deciden qué se construirá en su barrio”. Vamos hombre, qué nos lo creemos. Como si fuésemos tontos.

La cantinela de buscar otro lugar sirve de bien poco. Es volver a empezar lo que no admite retraso. Numerosos jóvenes y adultos han muerto o van a morir por causa de la drogadicción. Precisan del auxilio de estos centros. Y tal vez, con urgencia. En consecuencia, tampoco nos vale, porque el tiempo apremia. El hoy en este barrio sí, mañana no, y al día siguiente nos vamos a otro que nos amenazan una docena de vecinos, ni me parece serio, ni me parece humano. También se nos hace cuesta arriba entender la actitud, aunque minoritaria de los vecinos, ante el resurgir de este repelente espanto; puesto que, conociendo su labor y habiéndose beneficiado de ella, ahora dicen que ya en su barrio les resulta duro y no lo ven bien.

A pesar de la incomprensión de un empresario al que sólo parece importarle el objetivo económico, sumado a la necedad de una decena de vecinos motrileños y poco más, que por cierto aún confiamos rectifiquen, porque la droga –insisto- es una cuestión social que nos incumbe a todos, sin excepción alguna, quiero dejar constancia de que son los más, incluido el pueblo de Motril, aquellos que dicen acoger este tipo de centros en sus entornos, respaldando con este tipo de actitudes humanísticas la esperanza de la reinserción y rehabilitación. Deseo que esta confusa realidad se quede sólo en un mal sueño, en una pataleta de un mal entendimiento. Ni que decir tiene, que las puertas de Proyecto Hombre están abiertas – así lo participan a los cuatro vientos- para que cualquier persona que tenga dudas o desconozca su trabajo, pueda conocer in situ la labor que realizan, enmarcada dentro del Plan Andaluz de Servicios Sociales del II Plan Andaluz sobre Drogas y Adicciones, compartiendo consecuentemente los principios básicos de responsabilidad pública, solidaridad, igualdad, universalidad, globalidad e integralidad, normalización, coordinación y descentralización, planificación y prevención. Pensamos, además, que sólo desde el conocimiento se pueden dar respuestas.

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