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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

Al pie de aquel ficus

José García Pérez
domingo, 6 de septiembre de 2015, 08:20 h (CET)
Aquel ficus que dulcemente me acariciaba desapareció; cuando la Comunidad de Propietarios, a través del señor Administrador, me ha entregado las cuentas del año en curso he sabidolo que costó su desaparición; hubo que alquilar un enorme tractor cuyo precio fue de quinientos euros y yo, sin saberlo, he sido cómplice de tal desastre.

Por este lugar “donde el viento silba nácar” quedan ya pocos veraneantes, pues los abuelos y padres de la chavalería han tenido que irse para encerrar a la misma, como yo tenía al canario “Limón” en una jaula de oro, en una colorida prisión que llaman colegio; ya los niños y niñas no lanzarán cometas al cielo ni globos de agua a la sagrada terraza donde era vigilado por el ficus.

La “chica del melocotón” ha dejado un rastro más dulce que el corazón de la fruta que gustaba, y en la parcela de la urbanización de El Abanico ya no se oficiará la misa dominical a la que acudían cientos de católicos de la urbanización Vera de Mar; mañana cierra Antonio Coro su pescadería, justamente debajo de la terraza donde he finalizado la Antología “Ausencias” prologada por Juan el de Cartajima.

Ahora, realizado el vil trabajo de dar a conocer a los demás mis secretos, disfrutaré durante la próxima semana de unos días de tranquilidad por las arenas, orillas y salpiques de espumas de este septiembre dorado donde ya la sábana, y a veces una no muy tupida colcha, cubre el cuerpo que tanto amo y tan mal cuido.

He iniciado hoy la vuelta a Papel Literario, ese suplemento que goza de veinticinco años de existencia y que espera la incorporación de nueva savia para seguir navegando los océanos de internet.

Mi pequeña hermana Nati ha pasado unos días con nosotros; hacía tiempo que no la veía y hemos gozado y reído con nuestras andanzas de antaño por el viejo Barrio Obrero de Melilla, con las historias de la señora Antonia.

Como sopla un suave poniente, se levanta una suave brisa fresca que ha conseguido que tenga que colocarme mi chamarreta verde claro que hace casi juego con la mar que divisan mis ojos.

Existe paz en este entorno y flota en el ambiente un silencio que me susurra que hoy no escriba de política; y hago mío el susurro.
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