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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

No sé si quieren emanciparse los jóvenes

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 5 de febrero de 2008, 02:03 h (CET)
Estamos asistiendo al continuo bombardeo de que los jóvenes no llegan a final de mes, son mileuristas, no pueden acceder a una vivienda, si se emancipan serán pobres de solemnidad, no hay trabajos bien remunerados para ellos, no hay oportunidades y un largo etcétera. Como si todas las personas de edad tuvieran una vida relajada, buenos empleos, magníficos sueldos y dispusieran de viviendas en alquiler o propiedad que cubren con holgura todas sus expectativas.

Los jóvenes tienen una condición importante que se supera con el transcurso del tiempo: juventud. Y de esa juventud se aprovechan tanto ellos en primer lugar, gozándola, como los demás sacándoles el jugo a su conveniencia. Pero la juventud es un divino tesoro y a partir de ahí, cada cual arrima el ascua a su sardina.

Los empleadores se aprovechan de los jóvenes para garantizarles que si hacen bien tal o cual trabajo con muy poco salario y extraordinaria dedicación, les ascenderán en la cadena empresarial y hasta tal vez, les suban el sueldo en un futuro siempre impreciso. Aunque a los de mayor edad también se lo hacen, solo que estos tienen una condición que se acrecienta con el tiempo: experiencia. Y es la propia experiencia la que les hace desoír tales cantos de sirena; cumplen su cometido pero ya no esperan la prebenda.

Creo que puede ya afirmarse sin temor a errar que ahora los jóvenes son, por término general, más felices de lo que lo fueron sus padres. La perspectiva histórica de la que gozamos los de cierta edad, avala tal afirmación.

Sin embargo, los jóvenes tienen un sistema de prelación o prioridades singular, distinto del que tuvimos nosotros, siempre hablando en el plano general; ni mejor ni peor: diferente. Porque se mueven dentro de otros parámetros. Los jóvenes de nuestro entorno no se emancipan porque ya les está bien como están. Siempre que estén bien en la casa de sus padres, pues se sienten libres de cualquier clase de subordinación o dependencia; se sienten emancipados.

Sus prioridades pasan por tener lo último en electrónica; así ordenadores personales con los periféricos al uso; un teléfono móvil que tome fotografías, vídeo, acceso a Internet, politonos…; un vehículo, así sea de dos o cuatro ruedas –lo que se pueda permitir cada uno en el límite de su poder adquisitivo– que no sólo le lleve de un lado para otro, sino que tenga cierto empaque y que hable bien de su propietario. Y si es preciso, se tunea. Ropa adecuada; así unos prefieren vestir como raperos, con los vaqueros caídos como hacía Cantinflas para dar risa, como los jóvenes reclusos de las cárceles americanas, por habérseles retirado el cinturón para que no se ahorquen con él en la celda, que de ahí viene esa moda. O se visten de marcas, cada uno la que elija o se pueda costear. Tampoco renuncian a salir con los amigos; a cenar, ir de copas, de fin de semana y todo lo que se tercie. Y, por supuesto, los que trabajan tienen derecho a disfrutar de sus vacaciones que para eso han estado un año trabajando duramente. Entonces, eso sí, vía bajo-coste, se van una semana o dos a la Ribera Maya, al Caribe, a la China, etc. Se trata de ir lejos, pues al final de las vacaciones hay concurso en la empresa de a ver quién viajó más lejos.

Hemos visto a menudo entrevistas a jóvenes perjudicados por el incremento de las hipotecas centrar su queja en que deberán recortar los viajes de vacaciones.

Para los jóvenes, la mayoría de ellos, no es una prioridad disponer de una vivienda para su uso exclusivo. No quiere ello decir que no la desearan; naturalmente que sí. Pero no les compensa renunciar a todo lo anterior para eso, siempre que estén aceptablemente bien en casa de sus padres. Tampoco tienen ninguna urgencia para formar una familia; una familia al uso. Quizás no del perfil como el portavoz de la Conferencia Episcopal Española la define, pero sí una familia aunque sea de hecho. Los hijos vendrán cuando las condiciones laborales, sobre todo las de ella, lo inspiren.

Entonces uno se pregunta qué persigue, por ejemplo, el programa de la Renta Básica de Emancipación de la ministra de la Vivienda, Carme Chacón, para jóvenes entre 22 y 30 años, que recibirán 210 euros mensuales para ayudar a sufragar los gastos que les supone el alquiler, con la única condición de tener una fuente regular de ingresos inferior a los 22.000 euros brutos anuales. El Estado aportará, además, 120 euros para pagar el coste de los trámites del aval y concederá un préstamo de 600 euros sin intereses para hacer frente a la fianza. Esta medida es además, compatible con las deducciones por alquiler.

¿Realmente una persona con ese nivel de ingresos necesita 210 euros al mes para el alquiler si realmente quiere emanciparse? Lo dudo. Cuando uno quiere algo de verdad lucha por ello. Ahorra para la fianza y puede destinar la tercera parte de sus ingresos para alquilar una vivienda. Aunque claro está, 210 euros al mes a nadie le amargan. Con ese dinero ya tiene las vacaciones “que se merece” pagadas holgadamente.

Si en lugar de ser un joven, son dos o sea, una pareja, tal vez entre ambos tengan más fácil la emancipación si realmente la desean.

Cierto es que los jóvenes y los de más edad, para comprar una vivienda, debido en gran parte a la negligencia de las autoridades gubernativas incapaces de desarrollar una política de vivienda coherente, al precio exorbitado que se han puesto lo tienen muy crudo. Pero la Administración persevera en el error. En efecto, en lugar de establecer una política de vivienda adecuada, regala dinero a los jóvenes para que se vayan de alquiler y no olviden quién les proporciona la bicoca, pues se acercan las elecciones.

Dudo mucho que los jóvenes, con su orden de prioridades, tengan el alquiler de una vivienda entre las diez primeras. Aunque el programa de la ministra nos cueste una fortuna a los españoles.

¿Pero y las personas de edad? ¿Las personas que han perdido su empleo por razón de su “avanzada” edad? ¿Y los jubilados o aquellos que viven de alquiler con un contrato subrogado que no permite otra subrogación y no alcanzan a pagar la nueva renta? ¿Y los pensionistas y viudas que han de sobrevivir con un roñoso subsidio del Estado? ¿Para ellos no hay un equivalente a la Renta Básica de Emancipación? Porque todas estas personas sí tienen como trascendental prioridad disponer de una vivienda.

Lo que no alcanzo a comprender es la razón por la que estas personas de edad hayan de ser las últimas de la fila. Y no quisiera creer que se trata de una cuestión actuarial. O sea que autoridades como la ministra Chacón hayan analizado los años que les pueden votar, en contraposición a los que pueden votarles los jóvenes. Pero me malicio lo peor.

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