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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Disfraces profundos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 4 de febrero de 2008, 08:17 h (CET)
Bien vendrá un poco de alegría, entre los ciclos prolongados de penurias y los ciclos demasiado cortitos de buenas venturas. En esta época carnavalesca, un poco adelantada este año por imperativos del calendario, se desbordan las iniciativas festivas. Se cuidan unas comparsas muy artísticas, se participa del desenfado general, con un desahogo catártico. Tampoco faltará algún desliz gamberril, con destrozos no justificados. Con el disfraz se intenta una mueca provocadora, se utiliza el gracejo con desenfado. Se consigue, como pocas veces, la espontaneidad de los diferentes públicos. Las reticencias quedan arrinconadas. Demos la bienvenida a la FIESTA, que cada uno disfrute del esparcimiento y cargue las baterias para futuras empresas.

No voy a inmiscuirme con los detalles maravillosos, o no tanto, de los disfraces utilizados. No se trata de una crónica exhaustiva, ni tampoco de una reseña de lo acaecido. Me ha parecido más apropiado para el comentario de hoy, un reflejo de los disfraces de mayor calado, con los que nos enturbian el conocimiento a diario; aquí, ya no resulta rara una mayor dosis de malicia o perversidad. Además, ¿Quién no habrá usado, aunque sea ocasionalmente, algunas MÁSCARAS como las esquematizadas hoy? En los agobios de cada situación, se recurre a ellas con frecuencia, con un grado variable de voluntariedad, pero se dan. Veamos, con algún detalle, unos cuantos disfraces de estas características.

Elegimos la OSCURIDAD para muchas de las actuaciones, como un halo de nocturnidad que lo envuelve todo. No es propiamente una forma de pesimismo, no; reflejan un tinte oscurantista de negación rotunda y radical. Abocados a ese talante, ensombrecemos las ideas y las participaciones con el conjunto de la sociedad. Tiene su aquel de masoquismo, por el sufrimiento y los pocos horizontes que nos muestran. Algunas cosas convendrá que se oculten, pero como vestimenta habitual, no parece una recomendación halagüeña esa noche de las negaciones.

No le queda a la zaga el DESDÉN, esa envoltura displicente con la que apenas dirigimos la atención hacia los distintos o lejanos; también hacia los próximos, no vayamos a confundirnos. La excusa forma parte de la trama en esas escasas atenciones a lo exógeno. Se verán involucrados, dejados de lado, los niños con hambre y sufrimiento, víctimas de catástrofes humanitarias; como también, ancianos, gente solitaria, o personas de conductas fuera de lo común. Unos por alejados, demasiado próximos los otros, ¿Curioso, no?

Es importante la máscara de la INCONSISTENCIA. Esta elección supone una orgullosa autosuficiencia; para ellos no hay nada con un valor tan grande como para ser motivo de su adhesión. Tienen a gala esa ligereza total para sus movidas. Aunque no les importe, al menos en apariencia, eso les conduce a una falta de asiento personal, ni aquí, ni allá; con un carácter fantasmagórico de fondo. ¿Qué son? ¿Cómo les consideraremos?

Una de estas transfiguraciones carnavalescas es la mar de curiosa, vamos a denominarla TRANSPARENCIA, por que quizá contra las previsiones al uso, todo se ofrece a la vista sin obstáculos. La grosería, la estulticia, la ignorancia, su carácter violento, su mala educación, su aficción a la mentira, su egoísmo, varias a la vez o por separado; no queda ningún resquicio para la duda, son defectos que cualquiera puede notar en estos sujetos, no los ocultan, todo se ve a la primera, es evidente. Pero, de tan a la luz, tememos denunciarlos, como en el caso de aquel rey desnudo del cuento; nadie manifestaba su visión por el sonrojo de oponerse al decir general. Estos transparentes, adquieren relevancia a costa del prurito imbécil de quienes no los delatan. Nadie se manifiesta, por consiguiente habrá que admitir que las cosas son así. Paradójicamente, pasan desapercibidas sus malas artes, a fuerza de mostrarlas con desfachatez.

La de TITIRITEROS, es una más de las apariencias utilizadas, su definición radica en ese hacernos ver su capacidad para mover los hilos de los títeres. ¿Quién ejercerá de muñeco? Lo que manifiestan, no responde plenamente a sus cualidades reales; si así fuera, no habría embuste. Aparentan una capacidad que nos deja boquiabiertos. Ocupan sectores empresariales, deportivos, mafiosos, políticos, con variantes pintorescas. En ocasiones surge un problema serio, llegan a romperse los hilos; las pérdidas importantes suelen repercutir en el muñeco de turno; los maestros de ceremonias pierden pocas veces. En este comportamiento, importan poco las consecuencias para los manipulados; su directriz genera pactos diabólicos, para satisfacción del mandamás. Suponen una alienación sustancial, sobre todo, al desconectarse de los sufridos títeres.

Otros, son simplemente ONÍRICOS, alejados de los indicios de realidad, sólo circulan por la autopista de los sueños. Si de historia se trata, en vez de datos objetivos y plurales, estos especímenes no salen de sus historias particulares, ciegos hacia el resto; en esta parte ajena, apenas fijan su atención. Pueden soñar con el séptimo cielo, incluso con el décimo si fuera menester; sin tiempo para una mínima reflexión a ras de suelo. Entre nubes, vuelan sus afanes. Si de algo privado se tratase, tendría el asunto un pasar; ahora bien, ubicados en altas zonas de gestión, representan un peligro, asustan.

¿Qué me dicen de los caracterizados de DIOSES? Por difícil que nos parezca, los hay con diversos títulos y ocupaciones. Mientras a los humanos de a pie, apenas sobrepasan algún escalón, enseguida les llueven las incógnitas; estos dioses de pacotilla tienen la labia suficiente para encumbrarse. Todos los ismos lo pretendieron, rojos, gualdos o auténticos arco iris. ¡Con que facilidad alcanzan esos grados de lo sublime! Aunque parezca mentira, nos llegan a convencer de su divinidad.

No olvidaré a quienes van rotulados como MERCANCÍAS PELIGROSAS. Unos por explosivos, en cualquier instante se les activan las espoletas, allá sus consecuencias inmediatas e imprevisibles. Qué me dicen de los intoxicadores, estos se conocen las ponzoñas más insospechadas, y las utilizan con frecuencia, vaya si las usan, bastará una observación somera para comprobarlo. También habría que ponerles el cartel de peligro, a quienes lo originen por omisión. No sería pequeño grupo, seamos sinceros, cuando incluyéramos a todos los que no reaccionamos ante las maldades de diversa calaña que nos acechan.

En lo del jolgorio, depende de los barrios. El entramado festivo de unos, no siempre es asumido por los demás, se generan sectores perjudicados. Un mismo disfraz, servirá de solaz o de artículo ofensivo, dependerá de los enfoques establecidos. Hasta en estos temas se manifiesta la gran diversidad y las inevitables limitaciones.

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