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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Obispos, con el mazo dando

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 4 de febrero de 2008, 08:17 h (CET)
Desde que en marzo del 2004 el PSOE llegó nuevamente al poder y José Luís Rodriguez Zapatero se aposentó en Moncloa los monseñores de la Conferencia Episcopal anda muy revueltos y han hecho suya aquella celebre frase de Manuel Fraga, ya saben aquella de “la calle es mía”, y a la menor ocasión ya están en la calle arengando a sus fieles contra la purria socialista que, según ellos, envenena y deshace esta España suya, que no nuestra. Hasta la fecha se habían conformado con mover a las masas a base de pagar autobús y bocadillo con visita turística a Madrid, corazón de las Españas que tanto aman. Cuando les veía en los telediarios quitaba el color al receptor de televisión y me imaginaba viendo uno de aquellos viejos NODOS en los que Franco sacaba pecho y lucía medallas mientras entraba a las catedrales bajo palio cual nuevo redentor. Era la misma imagen e incluso, a veces, las mismas banderas.

Y es que a una gran parte de la Iglesia española, especialmente la que mueve los sombrajos de la Conferencia Episcopal Española, la democracia parece venirle grande. Los príncipes de la Iglesia y sus adláteres llevaban muchos años moviéndose entre las procelosas aguas del poder tiránico y dictatorial del general Franco. Ellos, desde el principio, apostaron a caballo ganador y en plena guerra civil no tuvieron vergüenza alguna en firmar una pastoral colectiva en la que al cruel e ilegal alzamiento en armas de los militares fascistas contra el legal Gobierno republicano se le motejó de “Cruzada de Liberación Nacional” otorgando patente de corso a todas las tropelías que la milicia franquista perpetraba en la zona leal a la Republica. Recordemos que los miembros de los tercios de requetés del ejercito de Franco iban al combate, además de enardecidos por alguna que otra copa de coñac, perpetrados de escapularios en los que se podía leer “detente bala” con la seguridad de que si la bala no hacía caso pronto verían a Dios en el cielo. Iglesia y poder dictatorial siempre han ido bien cogidos de la mano.

Durante cuarenta años estuvieron viviendo, todavía lo están, de las prebendas que les otorgó el generalito que, como buen nacido, fue agradecido y les pagó los favores que ellos le hacían al tiempo que, seguramente, pensaba que iba comprando un pasaporte hacia la eternidad al lado de Jesucristo, fueron tantos los años en que en las escuelas él y José Antonio, jefe del fascismo español, hicieron guardia en las paredes de los colegios junto al crucifijo que ya debía considerar al Dios hecho hombre como de la familia. Y durante largos años la Iglesia medró en la política, escasa y dictatorial, española colocando a sus obispos entre los procuradores en Cortes y obteniendo toda clase de prebendas con la concesión de los colegios religiosos desde los que se educaba, en el temor a Dios y a las autoridades, a las nuevas generaciones mientras desde los confesionarios se instruía a las mujeres en el respeto a los maridos y en la sumisión a los mismos.

Pero el dictador murió, en la cama por cierto, y los representantes de la Iglesia que no son tontos tomaron posiciones para defender sus prebendas. Llegaban nuevos tiempos, aires de libertad y democracia y un estado aconfesional que les podía dejar sin todas aquellas canonjías que hasta la fecha habían detentado. Con el primer gobierno democrático nada peligró, al fin y al cabo los que mandaban eran los hijos del franquismo, con la llegada de la socialdemocracia a Moncloa los obispos pusieron su cara más buena y engatusaron a los del puño y la rosa que no se atrevieron a tocar nada de aquellas prebendas eclesiales no fuera a ser que un rayo divino les fulminase. Después llegó “él”, ese gran estadista y político según Ana Botella, que nos mintió y nos metió en una guerra que trajo funestas consecuencias, los Aznar son un matrimonio católico, apostólico y romano que nunca caerán en la tentación, bueno y si caen harán como todos los católicos, acudirán al confesionario y sus pecados les serán perdonados. Con estos tampoco tuvo la Iglesia ningún problema a pesar de que José María Aznar, como todos sus antecesores, también dialogó con ETA en busca de la esperada paz.

Hace cuatro años llegó al poder una nueva generación de políticos socialdemócratas que, a la chita callando, han ido creando leyes que no han gustado nada a la jerarquía católica. Y ésta, con cualquier excusa, ha salido a la calle armada de pancarta y crucifijo para luchar contra ese “maligno” encarnado en Rodriguez Zapatero. Cualquier excusa ha sido buena: el matrimonio entre personas del mismo sexo, el mal llamado “divorcio expres” o el simple enunciado de intentar ampliar la ley de interrupción del embarazo han sido el banderín de enganche utilizado por los monseñores para sacar a su rebaño a las calles de las ciudades españolas. Nunca dijeron nada sobre la guerra y durante cuarenta años acallaron las torturas que la policía franquista infligía a obreros y estudiantes disidentes. Ellos entonces vivian en el mejor de los mundos.

La gota que ha rebasado el vaso ha sido la nota que la Conferencia Episcopal Española ha emitido esta semana en la que los monseñores piden claramente que se vote al Partido Popular. No olvidemos que durante cuatro años han ido cogidos del brazo en las manifestaciones contra el Gobierno. Y es que la Iglesia, siempre con los poderosos, se ve obligada a salir a la calle ante tanto seminario sin vocaciones o ante el triste espectáculo de las Iglesias vacías, sólo les quedan las amplias alamedas. Si, según una reciente encuesta del CIS, tan sólo el 16 % acude de manera habitual a la Iglesia muchos nos preguntamos, y más ahora, el por qué de la existencia todavía de un Concordato por el que el Estado, recordemos que aconfesional, debe pagar los gastos eclesiales. Tal vez les ha entrado el miedo en las viejas sotanas y piensan que, con el paso del tiempo, un gobierno socialdemócrata les dejará sin prebendas y, naturalmente, piden el voto para sus amigos de la gaviota. Ya sabemos que Dios escribe recto con renglones torcidos pero en esta ocasión se ve claramente que unos y otros, en unas amistades muy peligrosas, han decidido que la gaviota popular y el palomo eclesial vuelen juntos. Si alguna vez la Iglesia tuvo su verdadera faz oculta con esta nota de la Conferencia Episcopal se ha quitado definitivamente la careta. Pero ojo, que las palomas y las gaviotas son enconados enemigos y algún día pueden encontrarse disputándose el botín de la victoria.

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