Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La Iglesia ante las Elecciones

Roberto Esteban Duque
Redacción
sábado, 2 de febrero de 2008, 22:12 h (CET)
Basta con que en un programa político electoral exista sólo una propuesta explícitamente rechazada por la Iglesia para que éste no deba ser apoyado. La Iglesia ejerce así, orientando el voto católico, la necesaria formación de una conciencia y de una voluntad común. La Iglesia no puede apartarse de la esfera pública si no quiere renunciar al mismo tiempo a su tarea evangelizadora y a su naturaleza misionera.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) podría haber orientado el voto católico de manera bien sencilla, con el rechazo del aborto y la eutanasia, la defensa del matrimonio monogámico y heterosexual, la precaución moral en los asuntos de investigación biomédica, la libertad de los padres en la educación de los hijos y el consiguiente rechazo a la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Sin embargo, en esta ocasión la CEE, ante las próximas elecciones, ha preferido centrar la atención en la economía al servicio del bien común y de la paz. Para los obispos, en una sociedad libre y justa, no se negocia ni es posible tener como interlocutor político a una banda terrorista. El Gobierno es responsable ante la ciudadanía de su diálogo con el terrorismo y de su obstinación en la mentira. La nueva ética del Gobierno ha consistido en considerar buena la acción del diálogo con los terroristas y de la mentira con los españoles para alcanzar una hipotética paz. La nueva ética de Zapatero ha juzgado sus acciones con el terrorismo como parte de una estrategia. Esta forma de pensar y de actuar utilitarista está lejos de la ética.

Al presidente del Gobierno, una periodista le ha preguntado si se debería prohibir la actividad de la Iglesia católica en la vida pública; es decir, si realmente tiene algún sentido la intervención de la razón moral y religiosa en la constitución de la razón pública, creadora última de la razón política. La pregunta, de un calado ideológico totalitario, sugiere la posibilidad de privatizar desde el Estado la Iglesia católica, con sus tradiciones y comunidades. Es la pregunta típica de una comprensión secularista de la democracia y del Estado de derecho. Para la periodista, la laicidad y el universalismo ético, que son las características del Estado democrático, exigen el destierro público de la Iglesia. En el consenso moral que se ha de construir, la Iglesia católica debería quedar exenta.

Más perversa que la pregunta, la infame respuesta de Zapatero: una boba sonrisa. Es la sonrisa de la banalidad, del talante ilustrado y del escepticismo; la de la aprobación de una política de laicidad mal comprendida y peor asimilada; la de la miseria de pretender arrojar, escaso de integridad y falto de juicio, del foro público a la Iglesia. Es una pose canallesca, injusta y privada de sentido, merecedora de un ensayo sobre la necedad vitalicia, sobre la insólita vanidad del hombre alejado de la excelencia.

La Iglesia no aspira a hacerse simpática; no busca votos para sí. Su inequívoca voluntad y vocación es transmitir la fe, una determinación hacia la verdad que le ha sido confiada como algo en cuya esencia está el que sólo puede abrazarse mediante la libre adhesión. Nada, por tanto, debe temer la progresía. El anuncio de la Iglesia, en la medida en que exige la libertad siempre nueva en sus decisiones por parte de hombre, no debe hacer peligrar la paz pública.

Ahora bien, el desafío de la fe y de la Iglesia es ser “signo de contradicción”. Si en el anuncio de la verdad de que es depositaria, la Iglesia tiene que volver la espalda al mundo, es preferible que sea así. De lo contrario, el mundo acabaría dando la espalda a la misma Iglesia.

Noticias relacionadas

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo

La revolución del afecto como primer efecto conciliador

Nuestro agobiante desconsuelo sólo se cura con un infinito consuelo, el del amor de amar amor correspondido, pues siempre es preferible quererse que ahorcarse

¿Qué se trae P. Sánchez con Cataluña?

Se dice que hay ocasiones en la que los árboles no nos dejan ver el bosque

¿Nuestros gobernantes nos sirven o les servimos?

Buscar la justicia, la paz y la concordia no estoy seguro de que sea al principal objetivo de los gobernantes
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris