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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Habrá que elegir: bebés vivos o bebés muertos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 2 de febrero de 2008, 22:23 h (CET)
Visto lo visto y confirmando lo que, desde hace mucho tiempo, venimos denunciando; no cabe duda de que, el concepto que tiene el PSOE sobre lo que entiende como defensa de la vida; como soporte de los desvalidos y como apoyo a los seres humanos, difiere diametralmente del que sostenemos los que no compartimos sus teorías. Cada vez está quedando más claro el abismo que separa a aquellos que mantienen las posiciones egoístas de las madres, respeto a la vida del fruto de sus vientres o, aquellos que tienen a su cargo a un enfermo de gravedad y proponen la eutanasia para él: de las posturas de aquellos que defendemos el derecho a la vida sobre cualquier otra consideración humana o espiritual. No podría ser de otra manera, si contemplamos las teorías del señor Soria sobre los embriones humanos y su amplitud de miras cuando se trata de contemplar la utilización de los mismos para la experimentación. Naturalmente que, en esta faceta, como no podía ser menos, tiene el apoyo incondicional del ministro de Justicia, señor Fernández Bermejo, defensor acérrimo de las teorías feministas respecto al aborto y a primar el derecho de la madre a disponer a su antojo de su cuerpo. Parece que ninguno de los dos ministros se preocupa, ni poco ni mucho, por que se respete la actual legislación que considera cualquier aborto como un delito y que sólo admite tres supuestos para que sean excepción a la regla general.

Es contradictorio, para cualquiera que utilice el sentido común, que haya personas que tanto se compadecen de los criminales, de los terroristas y de los violadores, velando por que se respeten sus derechos fundamentales y reclamando para ellos todos los beneficios de la ley de derechos humanos y, por el contrario, se muestren tan liberales, tan condescendientes y defensores de que las madres, a su antojo, se puedan desprender de sus fetos en aras a una supuesta facultad de actuar de jueces y parte sobre el inocente que llevan en su vientre. Se da de bofetadas que, por parte de los que nos gobiernan, se permita que España sea invadida por multitud de inmigrantes, de todas las naciones, argumentando que faltan trabajadores para cubrir puestos de trabajo y, sin embargo, se permita que se eliminen con todas las facilidades, aquellos seres que podrían nutrir el censo de nuestra nación. Resulta que la matanza de fetos en España está llegando a cifras astronómicas y esto cuando, en teoría, existe una ley que lo prohíbe. Esta paradoja nada más se comprende desde la perspectiva de una relajación total en la aplicación de la norma, que se consigue en base a una interpretación flexible de los plazos y una concepción amplísima del supuesto que permite la práctica del mismo, cuando el embarazo pueda tener consecuencias perjudiciales, para la madre, desde el punto de vista físico o psíquico.

Una muestra de, hasta donde se pretende llegar, por parte de los socialistas, en cuanto respecta a la despenalización del aborto, la estamos viendo en la forma en que han reaccionado ante la desarticulación de una serie de clínicas abortistas, de Barcelona y Madrid; que se dedicaban a practicar asesinatos de bebés de una gestación de hasta siete meses o más. Un carnicería que hiela la sangre de cualquier persona bien nacida y que, sin embargo, no parece que preocupara, poco ni mucho, a aquel personal médico y sanitario que ayudaban a practicarlos. Han tenido los perendengues de hasta hacerse los ofendidos, amenazando con ponerse en huelga de “aborto caído” si no se les daba más inmunidad. No contentos con ello, han pedido reunirse con los ministros Soria y Fernández Bermejo, para que se cambien las leyes vigentes de forma que, durante el primer trimestre del embarazo, las madres puedan abortar sin ningún tipo de limitaciones. A ver si nos entendemos: ¿va a resultar que, del descubrimiento de unas clínicas abortistas que infringían las leyes, en lugar de que se les aplique el peso de la Ley, inhabilitando a los doctores que incumplieron la norma y condenándolos a la cárcel; va a resultar que serán los acusados los que convenzan a la justicia y a los ministros de que la que está errada es la norma y que quienes tenían la razón, y por eso la incumplían, eran ellos?. ¡Demencial, desde toda lógica, demencial!

Creo que los ciudadanos vamos a tener que plantearnos qué clase de leyes queremos. Deberemos elegir entre un sistema progresista que defiende, sobre toda otra consideración moral o ética, la autonomía de las mujeres para que puedan decidir sobre si asesinan a sus bebés (no olvidemos que los embriones fecundados ya tienen sus ADN’s perfectamente formados y, por consiguiente, tienen expectativas de convertirse en un ser humano, con todas sus facultades como tal); con el peligro de que haya féminas que obrarán más impulsadas por prejuicios, miedos o amenazas de terceros que por su propio deseo; y las habrá que, por puro egoísmo, decidan abortar y también las habrá las viciosas que nada más lo considerarán como un obstáculo para continuar gozando del sexo sin ningún estorbo ni carga. ¡Y estas serán quienes juzgarán sobre si la criatura puede llegar a nacer y a gozar de la vida o, por el contrario ha de ir a la basura o a la trituradora de carne!

El solo hecho de pretender que a los restos de un bebé, sea el feto de tres, cinco u ocho meses, sea considerado, a los efectos de la eliminación de sus despojos, como un simple “residuo sanitario” (como parece que se está pretendiendo por las autoridades), ya significa una degradación del concepto de ser vivo. Es una verdadera indecencia que el feto de un niño tenga la misma consideración que una venda, una gasa estéril, un pedazo de tripa o un tumor de riñón, para poner unos ejemplos, que pueda eliminarse tirándolo a la basura o triturándolo para enviarlo a una alcantarilla. A mi se me ocurre que quizá se les pudiera considerar como “residuos sanitarios” a estos que están tan imbuidos del materialismo egoísta, la insensibilidad ramplona ante el sufrimiento ajeno y el desprecio por la vida ajena, fruto de un relativismo progresista e inhumano –que lleva a las personas que lo practican a considerar estorbo para sus propios proyectos mundanos tanto a los infelices críos que se nutren en la placenta de sus madres, como a los ancianos e imposibilitados a los que quieren que se les apliquen los métodos nazis del Dr. Menguele, para así no tener que ocuparse de su cuidado – para eliminarlos de la sociedad, como elementos peligrosos e indeseables. Sólo por aquello de “dónde las dan las toman”.

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