Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tutela moral de la Iglesia

Roberto Esteban Duque
Redacción
viernes, 1 de febrero de 2008, 12:04 h (CET)
Los obispos, aunque dejan claro que “una misma fe cristiana puede conducir a compromisos políticos diferentes”, tácitamente afirman que el voto católico no puede caer en saco roto, toda vez que se han aprobado leyes como la cosa del matrimonio homosexual, el “divorcio exprés” o Educación para la Ciudadanía.

Y todo ello se argumenta en nombre de la razón y del Derecho. Pero también es necesaria la justificación en nombre de la fe y de la moral católica, de una trascendencia que no se ve excluida positivamente en un Estado laico, como pretende la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, al reiterar en demasiadas ocasiones que la Iglesia deje de irritar con una tutela moral que la progresía pseudodemócrata no precisa.

En Política sin Dios, George Weigel propone la necesidad de activar y orientar el comportamiento electoral y legislativo desde determinadas convicciones ético-religiosas; fortalecer el Estado laico desde la aportación de la moral cristiana, que, como reconoce Luc Ferry, un intelectual laico de Francia, es la primera moral universalista.

En España, la religión católica no sólo interviene en la esfera de la creación de mentalidades, sentimientos, motivaciones y comportamientos, sino en la misma construcción de la laicidad, por su capacidad de crear virtudes públicas. Por desgracia, los partidos políticos y el Estado no aciertan a ver el modo de generar dispositivos adecuados para la acción pública. Por eso es tan importante la religión en orden a la creación de la ciudadanía. El Estado no puede generar ninguna mentalidad nueva en la sociedad, depende de mentalidades que no están sujetas a sus propios recursos, que tienen un origen prepolítico. ¿O acaso el socialismo español pretende la creación de un hombre nuevo?

El cristianismo ha sido importante en la constitución del orden moral de la democracia y ha impregnado y configurado toda su cultura. Alguien tan afín al Gobierno como Victoria Camps reconoce que los principios morales que se encuentran presentes y afirmados en todas las Constituciones de los Estados occidentales tienen un transfondo claramente religioso. Los valores morales que hoy sostenemos también proceden de la religión cristiana.

La desconfesionalización de la política, según la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, significa que ésta quede liberada de tutelas morales católicas y de dominaciones eclesiásticas. Eso sí, no importa que se asuman cosmovisiones agnósticas o ateas para configurar el hombre y la sociedad. Se pretende que Dios no se nombre; que se privatice el orden religioso para que no moleste al Ejecutivo, que intentará una hegemonía ideológica y laicista excluyente.

Se alza sobre la Iglesia católica, como un maligno aire solano, la sospecha del talante poco democrático del ciudadano progre. Sólo tienen que esbozar los obispos dos verbos adjetivantes o sustantivos, para que descienda la manada con la infame pretensión de sepultar en el valle del descanso eterno el discurso del enemigo. Esta es la virtud cívica ilustrada de la progresía: silenciar cualquier melodía que no sea la interpretada por ellos. La Iglesia católica es hoy, en España, una rémora, una interferencia irritante, tanto para la disidencia interna como para un amplio sector de la sociedad civil.

El Gobierno rechaza la autoridad moral de la Iglesia. Y para eso, propone el control absoluto del Ejecutivo en los asuntos públicos de la sociedad. El Gobierno de España no puede esperar aprobación de la sociedad civil cuando no se sirve a la libertad, en la medida misma en que no se sirve a la verdad. Nunca existió transparencia en el diálogo que el Ejecutivo mantenía con el terrorismo, y se perseveró en la mentira ante los ciudadanos sin ningún pudor. Se escandalizan cuando el pueblo se echa a la calle ante alguna ley injusta. Se adoctrinan a sí mismos con valores relativistas. Resucitan muertos, velan por unos y demonizan a otros. No desean más tutela moral que la propia.

Tampoco pueden esperar ninguna aquiescencia de la Iglesia católica en España por sus actuaciones provocativas. Sus planteamientos tienen una gran afinidad electiva con la democracia agnóstica y atea, una democracia pretenciosa y desarraigada de cualquier formulación católica. En la misma pretensión de amordazar a la Iglesia, se la deja de respetar.

España necesita un trabajo gigante de educación moral donde la religión católica no se vea como un enemigo natural de la democracia, como nos vende la progresía gubernamental. La política sin moral deviene tecnocracia y electoralismo, negación misma de la democracia. En política no se crean los valores, sino que se construye a partir de unos valores dados, entre los que se encuentran los valores morales de la religión católica.

La crisis de la democracia es una crisis moral. En 1905, un año clave para el laicismo francés y el establecimiento de una férrea independencia del Estado respecto de la Iglesia, el sociólogo Durkheim sostenía que el fortalecimiento de la democracia llevaba a la Iglesia católica a asimilar la cultura dominante, o bien a reforzar su actitud endogámica. Este falso postulado es el que asume cien años después el Gobierno de España. O la Iglesia queda subyugada por la tiranía de las mayorías y los valores arbitrarios, o se repliega y ofrece al mundo una imagen reaccionaria, absolutista y despótica.

¡Qué vergüenza! Vaya tropa inmerecida tenemos. Que Dios tenga piedad y nos salve.

Noticias relacionadas

Sánchez en situación apurada

Casado exculpado por el fiscal

Los ejes sobre los que Hitler construyó el Nazismo

La historia que sigue después es conocida, y sin embargo sus promesas nunca fueron cumplidas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris