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Conciencia médica

Pascual Falces
Pascual Falces
viernes, 1 de febrero de 2008, 00:44 h (CET)
La actualidad mediática pone sobre el tapete una cuestión tan antigua como la Medicina misma, su ejercicio malintencionado, la “mala praxis” que tanto se repite. En el siglo V antes de Cristo, en la Grecia Helénica, un hombre llamado Hipócrates, de preclara inteligencia, asentó las firmes bases de todo lo que desde entonces se conoce y se disfruta como Arte Médico. Adaptó, para ello, los conocimientos prácticos que desarrollaban hasta entonces una legión de “curanderos y sanadores”. ¿Cómo realzó aquellas prácticas hasta hacer de todo ello lo que llegaría a ser la Ciencia de curar? Definió, clarividentemente, que la Medicina se compone de la mezcla de una técnica (tekné) y de una ética (ethos) basada en “el conocimiento de la naturaleza humana”.

Muchas cosas han sucedido durante los 2.500 años que desde entonces han transcurrido. La “técnica” ha ido unas veces a paso muy lento, y otras, como en las últimas décadas, a velocidad de vértigo. Más, algo ha permanecido inmutable, y que nadie excepto su Creador puede modificar: la naturaleza humana. El hombre de hoy, por muy orgulloso que se sienta de las maravillas tecnológicas a su disposición, es el mismo de siempre. Así pues, las técnicas han evolucionado hasta el punto de provocar, comparativamente, un escepticismo con respecto a la eficacia, que, en su tiempo, tuvieron otras más rudimentarias. En cambio, el sujeto paciente, el hombre doliente, sigue siendo el mismo, y tal vez, ni mejor ni peor.

El “quid” (punto más importante o delicado de un asunto) de la cuestión de actualidad, es la actitud ética de quienes se presentan como “médicos”, es decir, hombres que por inclinación o vocación se ofrecen para escuchar, atender, y aplicar los remedios a su alcance sobre el hombre malherido, enfermo, doliente.

Con los siglos se instauró un precepto también inamovible, que, en los tiempos actuales, con la progresiva “socialización” del ejercicio médico, está olímpicamente arrinconado: La Medicina se resume en “una confianza frente a una conciencia”. Confianza del enfermo en que alguien capacitado le atienda con toda “conciencia”. Y aquí viene todo el origen de las presentes controversias.

La tecnología actual, consecuencia del desarrollo que se vive, es impecable y capaz de resolver favorablemente situaciones clínicas que no hace mucho era impensable que se pudiesen curar, o mejorar. Más, el batiburrrillo (mezcolanza o revoltijo: mezcla de cosas revueltas, sin orden y sin relación de unas con otras) se ha originado al seguir siendo necesaria la aplicación de la “ética” y del uso de la recta conciencia del médico, que valga la redundancia, ha de tener una conciencia “recta”. De este modo, se vive en la paradoja de que disponiendo de inapreciables medios, la confusión se presenta al decidir cómo han de manejarse. Entre la vida y la muerte inexorable, se desenvuelven unos preceptos éticos, y la aplicación médica de lo que se disponga “en conciencia”.

La cuajada Historia de la Medicina está llena de “luces y sombras”, como se acostumbra a decir. Al fin y al cabo, es la historia del hombre sobre la tierra -que nadie reconocerá como un paseo glorioso-, sino que está llena de altibajos, aunque su trayectoria siempre sea ascendente, y, por lo tanto, optimista. El día en que se digiera la actual tecnología, y se aplique bajo los principios éticos que la dignidad del ser humano requiere, y la conciencia de los médicos esté a la altura de sus “confiados” pacientes, se volverá a alcanzar una época de gloria equivalente a la disfrutada en siglos anteriores y que, en definitiva, son las que llenaron a la Medicina del enorme prestigio de que aún disfruta a pesar de todo, y pese a quien pese.

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