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No aprendéis

Miguel Cañigral
Miguel Cañigral
@mcanigral
jueves, 31 de enero de 2008, 08:20 h (CET)
Si en un estadio mil aficionados abuchean al árbitro, seguro que se les oye más que a los otros 40.000 que permanecen callados. Lo mismo ocurre en Mestalla cuando parte de su público, a gritos, la marcha de Koeman, mientras la otra parte aguanta en silencio la espectacular escena.

Mestalla tiene un aforo de 53.000 espectadores y esta temporada no se ha llenado en ningún partido, ni lleva camino de hacerlo. El caso es que la afición del Valencia, o la que acude al estadio, tiene una facilidad tremenda para perder la paciencia y pedir el cambio de entrenador cuando se le antoja.

Cúper fue el primero en escuchar al coro de Mestalla con el estadio remodelado y ampliado. Quique Sánchez Flores fue el siguiente y tuvo que soportar además la presión de una prensa que no le soportaba, simplemente porque era un técnico distante con los periodistas. El domingo lo escuchó Koeman. Y en lugar de tranquilizar a la afición, el presidente Bautista Soler cede su poder a tres vicepresidentes y le da un ultimátum al holandés. A eso se le llama confianza y lo demás son tonterías.

El tiempo está demostrando que Valencia se equivocó cuando confió en Bautista Soler. La ciudad se volcó apoyándole, para intentar que Paco Roig no volviese al palco de Mestalla, pero Soler ha resultado ser un constructor que juega al PC Fútbol, pero sin haber leído antes el manual de juego. Y así le seguirá yendo al Valencia, mientras su presidente continúe tomando las decisiones según lo que cante el estadio.

El nuevo Valencia ha demostrado en Copa que puede jugar bien, pero en Liga no hay nadie que le saque de la caída libre en la que se ha metido. Creo que Koeman tiene las ideas muy claras y sabe lo que quiere, pero le falta tiempo, todavía está en su pretemporada particular.

Y es que como acertadamente escribía ayer mi compañero Daniel Sanabria, para entrenar hay que conocer. Y Koeman tiene buenas ideas para el Valencia, pero es un equipo que, en los últimos años, ha destacado por su juego rácano, aunque le ha reportado muchos éxitos. Quizá, el holandés debería plantearse seguir inculcando esa mentalidad al grupo y en la próxima pretemporada tratar de convertir al equipo en la Brasil de los años 90.

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