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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

¡Menudo casanova ha devenido el andoba!

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 29 de enero de 2008, 23:24 h (CET)
“Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que seguirán continuamente en esa condición excitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe”. George Bernard Shaw

Mientras todas, absolutamente todas las conversaciones de Algaso, las de mayor enjundia y menor interés, las de más o menos grueso fuste, arrancan indefectiblemente con el mismo asunto, el romance entre Florentina Baldamero y Félix Unamuno, al alcance de todos los oídos y los ojos de la urbe citada y del orbe entero, sin excepción, noviazgo que calificaría de extraño (por las especiales o peculiares circunstancias que lo rodean) y hasta exhibicionista (por el prurito que siente al y de airear su Amor el amigo del alma de quien firma estas líneas abajo), pero el menda no desea ser motejado (de) prejuicioso y menos aún de envidioso por sus paisanos, no son pocos los que de entre los últimos, sus conciudadanos, se hacen esta pregunta o parecida: ¿Dónde para actualmente Carlota, la “masqueperra” escarlata? Quien fuera una de las mujeres más deseadas de Algaso, la “Quíntuple”, la amada dama de “Otramotro”, huye cuando y cuanto puede, como gato escaldado, del agua poco clara y de las fauces y las garras afiladas de las expertas hacedoras de pufos y peritos trenzadores de chismes, que tanto daño le infligieron otrora con las apócrifas urdiduras o “urdiblandas” que confeccionaron sobre ella. Sin embargo, no he conseguido evitar que varios aspectos, cuestiones o datos de su ámbito privado hayan trascendido, quiero decir, hayan salido a relucir en los medios públicos, siendo editados con todo lujo de detalles.

Harto de que Carlota anduviera a todas las horas frecuentando su destino, fluctuando en su sino, o sea, entre el sí y el no, eviterna e intermitentemente, como dicen que hacen las dubitativas adolescentes enamoradas de dos chicos a la vez, deshojando mil y una margaritas, Félix le espetó: “Todo tiene un límite. Tu múltiple (doble, al menos) personalidad me ha desquiciado y, cumpliendo sus diversas amenazas, se ha llevado por delante, asimismo, el sublime Amor que te profesaba; como quiero dejar atrás (de una vez para siempre) los muros del frenopático, en este preciso instante pongo fin a mi relación contigo y con tu entorno habitual, el mismísimo erebo”.

Según se oyó decir ayer en varios mentideros algasianos y se encargaron de propalar por doquier las lenguas de doble filo, a cuantos le fueron y van a Carlota con la nueva, vieja para ella, de que hace un par de meses Unamuno está enamorado hasta los tuétanos de otra, les suele soltar este zurriagazo: “¡Menudo casanova ha devenido el andoba!”.

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