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Secretos en la justicia electoral

Luis Agüero Wagner
Redacción
martes, 29 de enero de 2008, 23:30 h (CET)
Un ex represor al timón del proceso democrático paraguayo

Juan Manuel Morales es uno de los dinosaurios dotados de endiablada gramática parda para aggiornarse a las diferentes etapas políticas del Paraguay. Como los felinos, siempre logra caer de pie.

Se han alternado en el poder dictadores, militares institucionalistas, narcotraficantes, jefes de estado surgidos de candidaturas fraudulentas, presidentes nombrados por vía judicial, etcétera, pero él sigue figurando en los presupuestos de los sucesivos gobiernos.

Acusado de haber tenido un activo papel en la represión de disidentes a la dictadura del Tiranosaurio Alfredo Stroessner, hoy Morales se presenta como un gran demócrata y amante de los derechos civiles. Y mucho más, es nada más y nada menos que uno de los principales responsables de velar por la transparencia del proceso electoral paraguayo desde sus altas funciones en la Justicia Electoral.

Buscando credibilidad, la intitución bajo su dirección dilapidó sumas siderales de dinero en publicidad y marketing, aunque no pudo evitar las sospechas de reiterados fraudes en las elecciones que organiza, sobre todo ante resultados sumamente sospechosos en comicios donde se aplicó el voto electrónico.

Morales es un caso insólito entre estos casos insólitos. A él rinden pleitesía los más influyentes políticos, desde auto referenciados luchadores contra la dictadura hasta el presidente del Congreso paraguayo Miguel Abdón Saguier, aunque sea bien conocido su papel de informante de uno de los más temibles represores de los años del terror.

Hace pocos días este tenebroso sobreviviente de la comparsa antediluviana pudo permitirse ridiculizar al actual presidente del congreso recordándole que tiene a un centenar de lacayos y queridas contratados de favor en el TSJE. No es la primera vez que Morales desafía a un peso pesado de la fauna política, habiendo salido airoso de un sinnúmero de reyertas contra cámaras legislativas y cuerpos colegiados enteros.

El secreto de su inamovilidad está en que maneja estos secretos del presupuesto de la Justicia Electoral paraguaya desde su cargo de Ministro del Supremo Tribunal Electoral, alturas desde donde decide cupos para la clientela de los más encumbrados personajes de la política doméstica.

El sanguinario torturador de quien Morales era subalterno, el comisario Alberto Cantero, es recordado por sus crueles ejecuciones de disidentes, a quienes luego de piletear y picanear con corriente eléctrica, en ocasiones amputaba las manos o colgaba de ganchos clavados en la espalda desde el techo, dejando horrorosas manchas de sangre en las baldosas del departamento de investigaciones. Muchas de las víctimas de este personaje digno de una película de terror, de acuerdo a documentos, fueron entregadas a sus verdugos por Morales, quien hoy juzga actas electorales y cuenta votos para entronizar presidentes, gobernadores, senadores, diputados, intendentes y concejales paraguayos.

Seguro de su impávido posicionamiento, Morales se burla de sus críticos refrescándoles la memoria sobre cuántas veces pasaron por su oficina a implorar la inclusión de alguna amante, pariente o lacayo en el elefantiásico presupuesto del TSJE que paga el pueblo. Y parafraseando a Carlos Puebla, así piensa seguir, jugando a la democracia, hasta que el pueblo en su desgracia se acabe por morir.

Su principal arma defensiva está en conocer muy bien cuál es el volumen de la clientela prebendaria de quienes hoy buscan traicionarlo, y en tono burlón exhibe sus cartas denominando a la repartija descarada de dinero del pueblo como una “ayuda” que presta a los más encumbrados hombres públicos. La semana pasada se dio el lujo de recordar al presidente del Senado estos “secretos” en público, como velada advertencia a quienes se atrevan a remover el avispero y desenfadado gesto de jactancia de quien se sabe pisando terreno firme.

Quien pretenda alzar su voz contra el informante de Cantero ya sabe que debe tener techo de acero y no de vidrio, de lo contrario ya sabe lo que le espera. Y mientras la víctima propiciatoria se lame las heridas de la pública humillación, Morales ensaya en privado su combinación de letales golpes mientras se presenta el próximo esparring.

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Luis Agüero Wagner es escritor, natural de Paraguay.

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