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Etiquetas:   Religión   Sexo   -   Sección:   Opinión

Cristianismo y sexo

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla…a los adúlteros los juzgará Dios
Octavi Pereña
martes, 1 de septiembre de 2015, 06:24 h (CET)
La revelación de la identidad de 30 millones de usuarios de Ashley Madison, la Web que facilita aventuras extramatrimoniales que ha sido hackedada por piratas informáticos ha complicado la tranquilidad de los mismos. Es de todos conocido que las infidelidades conyugales son innombrables, pero, si se puede, es preferible que permanezcan en secreto. Si las pocas ocasiones en que dichas infidelidades se descubren ocasionan una barahúnda familiar, ¿qué pasará si los nombres de los millones de usuarios que tiene la Web de Ashley Madison se hacen públicos? Será un terremoto social de magnitud 6,9 en la escala Richter.

Como el título del escrito indica no es mi propósito tratar de las infidelidades conyugales en general, sino de aquellas que protagonizan los cristianos. En el tsunami Ashley Madison aparecen los nombres de eminentes personajes norteamericanos que influyen en la formación de ética cristiana en la sociedad norteamericana. Los tales se han apresurado a entonar el mea culpa. Si durante años han sido infieles a sus esposas y públicamente proclamaban los valores del matrimonio y de la fe, ahora que se ha descubierto su pecado, su arrepentimiento obligado por el escándalo es dudoso que sea sincero. Es algo parecido con lo que sucede con los políticos que se dan prisa en pedir perdón por sus ilegalidades cuando estas se hacen públicas. Si el proceder ilegal no se descubre es dudoso que dejen de hacer sus martingalas.

La hipocresía religiosa el Señor Jesús la condena de manera rotunda. El lector quizás lo desconozca pero Jesús desenmascara a los fariseos, los religiosos hipócritas de su tiempo con estas duras palabras: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados que por fuera a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23: 25-28). ¿Se da cuenta el lector que a Jesús no solamente le desagrada la hipocresía religiosa sino que también la condena sin disimulo?

El apóstol Pablo refiriéndose a los falsos pastores que se infiltraban camuflados en las iglesias para predicar otro evangelio que no se correspondía con el revelado por el Espíritu Santo, a los cristianos de Corinto les escribe: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11: 13-15). El apóstol Pablo como defensor de la verdad de Dios también denuncia la hipocresía religiosa poniendo al descubierto el origen satánico de la misma. Si Satanás es el padre de la mentira como afirma Jesús, no es de extrañar que sus hijos, como falsos apóstoles, se infiltren en las iglesias para difundir otro evangelio que no es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Los hipócritas religiosos que se cubren el rostro con la careta de la santidad y de la piedad, adoptando aspecto santurrón, a semejanza del humo que por muy escondido que se encuentre tarde o temprano sale a la superficie, la impiedad que se esconde debajo de la careta de santidad, si no se la quitan obligados por situaciones parecidas a las de Ashley Madison que descubren la farsa, será en el día final cuando comparezcan a juicio ante Cristo, el juez supremo que dictará sentencia de culpabilidad. En aquel momento las lágrimas de cocodrilo no servirán para conmover al Juez que no variará la sentencia. Es demasiado tarde para el arrepentimiento. Con la muerte se cierra la puerta a la salvación. Quien muere condenado la condenación es eterna.
Comentarios
Antonio Moya Somolinos 02/sep/15    08:50 h.
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