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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Desplome de bolsas; Cambio Climático y chalaneo

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 29 de enero de 2008, 08:14 h (CET)
Hemos asistido esta pasada semana a unas severas oscilaciones, por decirlo de forma menos inquietante, de las bolsas de todo el mundo, como no se veía desde hacía 16 años. Como cabía esperar, lo que se inició como una crisis financiera en EE.UU. a raíz de las hipotecas subprime que, dicho sea de paso, tratamos precozmente en esta sección el 7/V/2007 advirtiendo de lo que se avecinaba, acabó por desembocar en lo que se ha vivido en los parquets de todo el mundo. Los gobiernos han puesto paños calientes según su conveniencia, porque lo que se dice resolver, no han resuelto nada; el mercado se ocupará de sí mismo.

En efecto, la Reserva Federal (banco central) de EE.UU. ha bajado el tipo de interés en 0,75 puntos equivalente a una reducción del 17,65%. Parece que no les preocupa la inflación. Pero además, han inyectado dinero en el sistema por la vía de una reforma fiscal urgente para que los consumidores puedan seguir consumiendo y no pare la rueda. Ya lo comentamos aquí también el 16/IV/2007; no insistiremos en la obviedad, pero a la administración americana le ha costado un año reaccionar y ya se sabe que peor que una mala decisión es no tomar ninguna. Aunque tomar esta de Bush, mala y fuera de plazo, es de perdidos al río.

En España las autoridades gubernamentales y muchas civiles se aprestan a decir que nuestro sistema bancario no contempla las hipotecas subprime ¡Menudo alivio, oiga! Pero es que en EE.UU. tampoco. Esos créditos hipotecarios los conceden empresas privadas ajenas al sistema bancario; no sé si usureros, prestamistas o simplemente benefactores de gran prudencia, pues dan crédito a quien no lo da la banca, pero con garantía hipotecaria, eso sí.

Luego esas hipotecas van al redescuento a la banca apoyadas en la solvencia del prestamista y cuando un banco tiene gran cantidad de ese papel, lo reconvierte mediante titulaciones (títulos para inversores) que mezcla con otros títulos y devienen productos derivados y estructurados, como instrumentos de inversión o de cobertura. Y ya está hecha la pelota que al ir de banco en banco es como la bola de nieve, dicho de una forma fácil y directa.

Ahora los bancos no se fían unos de otros por haberles vendido productos viciados y no se prestan dinero para cubrir sus propias necesidades y los coeficientes de caja.

El Banco Central Europeo no ha bajado los tipos de interés. Como no es una medida popular, muchos sectores y de prensa se apresuraron a censurar a su presidente, Jean-Claude Trichet, por mantener el tipo y tratar de controlar la inflación. Ahora, una vez informados, ya dicen que ha actuado bien.

Pero no siempre la Unión Europea actúa bien a mi juicio. José Manuel Durấo Barroso, presidente de la Comisión Europea, acaba de presentar un paquete de medidas para contener las emisiones de gases invernadero generadas por el hombre, en la errónea creencia que son el origen del calentamiento global, para la reducción de tales gases y llegar a la convergencia de lo convenido en el protocolo de Kioto.

Entre las medidas, todas ellas extraordinariamente costosas para las empresas, en beneficio de las grandes multinacionales que les venderán los dispositivos para la reducción de sus emisiones, está la de subastar los derechos de emisión de gases. La CE ha aprobado que se pueda comerciar con tales derechos.

Como indica la Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo sobre políticas y medidas de la UE para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: hacia un Programa Europeo sobre el Cambio Climático (PECC), el comercio de derechos de emisión es un sistema que permite asignar a las empresas cuotas para sus emisiones de gases de efecto invernadero en función de los objetivos de sus respectivos Gobiernos en materia de medio ambiente.

Genial; si una empresa no contamina, puede venderle su “derecho a contaminar” a otra, a la que le sale más barato chalanear en este asunto que procurar contaminar menos. En otra época, en nuestro país, a muchas empresas les salía más a cuenta pagar las sanciones por contaminación que ponerle remedio. Eso ya pasó, pero costó llegar a ello; ahora se propicia.

Es cierto que hay que contaminar menos y si ese es el objetivo, habrá que cumplirlo; pero cada uno por sí, pues por este procedimiento que ahora se ha aprobado, entramos en la reventa de la aplicación de procesos menos contaminantes. Como van a ser muy caros, de ahí el negocio de tales proveedores, quien por ingenuidad o convicción los aplique a su industria, podrá luego “revenderlos” por la vía de la cuota de contaminación.

Es lo que vienen proponiendo empresas de la envergadura de DuPont que contamina enormemente y como tiene plantas en distintas partes del mundo con diferentes niveles de contaminación permitida, lo que no “contamine” en una que le sirva para otra; que se comercie con ello.

Parece como un severo despropósito en todo este contexto. Tal vez sea porque en la Comisión Europea no llegan a creérselo y, como indica la misma comunicación de la Comisión al Consejo, se trata de un sistema muy práctico, ya que permite a las empresas superar su cuota de emisiones a condición de que encuentren otras empresas que produzcan menos emisiones y les vendan sus cuotas. Por una parte, dicho sistema ofrece cierta flexibilidad –persevera la Comunicación– sin ningún perjuicio para el medio ambiente. Además, fomenta el desarrollo de nuevas tecnologías. Las empresas, motivadas por los beneficios que obtienen de la venta de sus derechos de emisión, desarrollan y utilizan tecnologías limpias.

Es como el final de la película “Patrimonio Nacional”, de Luis García Berlanga, donde el Marqués de Leguineche (Luis Escobar) se hacía subir todos los días la comida a casa desde el bar de la esquina y también decía: “Es un sistema muy práctico: me suben la comida con un ticket que añaden a los anteriores y así vamos todos muy bien”. Los tickets no los pagaba nadie, claro está.

Aviso para estudiantes próximos a entrar en la universidad: en las empresas faltarán en breve especialistas en control de cuotas de contaminación; estáis advertidos. Es una parte más del modus vivendi que se deriva del Cambio Climático.

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