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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Tendrán el atrevimiento de entregar Ceuta y Melilla?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 29 de enero de 2008, 08:14 h (CET)
No se por qué tengo la sensación de que esta España en la que vivimos, sobresalto tras sobresalto, alarma tras alarma y sorpresa tras sorpresa, los sufridos ciudadanos de a pie –desde que el 11–M y los medios de comunicación se encargaron de darle el poder al PSOE y a su inquietante líder, el señor Rodríguez Zapatero –; está en una situación de catalepsia colectiva que impide que la ciudadanía sea capaz de seguir los movimientos de esta especie de secta, al estilo de la masonería, en la que ha convertido a su partido el señor ZP. Sólo así se puede llegar a entender esta doble política propugnada por el jefe del Ejecutivo, consistente en vender una cara amable, conciliadora y aparentemente seria para consumo de sus votantes y simpatizantes y seguir, por los pasadizos de las catacumbas del oscurantismo, el secretismo y la clandestinidad, la línea de la doble moral, la política oculta y sesgada, que todo lo admite si está encaminado al fin último de favorecer al partido y a quienes ostentan las riendas del mismo.

Así hemos tenido ocasión de comprobar como un Gobierno, aparentemente dispuesto a acabar con la banda terrorista ETA, que suscribió el Pacto por las Libertades y la Ley de Partidos, prometiendo colaboración y unidad en el tema terrorista a la Oposición; al mismo tiempo, y sin que le temblara el pulso, ha sido capaz de poner en marcha mecanismos ocultos de contacto y negociación con la representación de los abertzales; gestionar subrepticiamente y, a espaldas de los españoles, intervenciones de mediadores extranjeros, llegando al colmo de la indecencia política al permitir, para favorecer sus negociaciones, que formaciones como los CDTV y ANV se pudieran presentar a las elecciones y ocupar cargos públicos, gracias a olvidarse de que estamos en un Estado de Derecho y de valerse de colaboradores, en las estancias judiciales, que se han prestado a hacerle el juego al Ejecutivo.

Si esta actuación no fuera, de por si, bastante deleznable, podríamos añadir si, por si misma no fuera bastante INRI, el hecho probado de que las negociaciones con la ETA se hubieran producido dos años antes de que el Ejecutivo del señor Aznar dejara la Moncloa. No obstante, así sucedió, mostrando hasta qué punto el sistema derivado de las enseñanzas de la Komintern ha arraigado en las mesnadas socialistas; que no han dudado en traicionar al gobierno de la Nación con tal de arrimar el ascua a su sardina. Fracasaron, la pifiaron y quedaron en el más completo ridículo ante el pueblo español. Pero no se crean que, por ello, hayan rectificado, porque los de la casta de ZP no se arredran y utilizan como arma para defenderse el negarlo todo, el derivar sus culpas hacia sus adversarios políticos y el tergiversar los hechos de forma que aparezcan con un camuflaje distinto al de su realidad.

Lo que sucede es que la vida da muchas vueltas y, en ocasiones, aquello que pensamos que tenemos mejor guardado, a salvo de las miradas indiscretas y lejos del abasto de las investigaciones más agudas; por un azar, una casualidad o la habilidad de un reportero perspicaz, se llega a saber. Pues ese ha sido el caso de alguien del nuevo diario digital, del señor Ansón, que vean por donde, nos ha facilitado una noticia capaz de que se nos pongan los vellos como escarpias y que nos lleve a pensar que estamos gobernados por traidores indeseables, en lugar de por personas capacitadas y patriotas. Según se dice en el mencionado medio parece que, Zapatero, tendría intención de negociar con Marruecos la soberanía de Ceuta y Melilla. Vayamos por partes, porque si la noticia es cierta – y no tenemos ningún motivo para dudarlo – se podrían explicar muchas de las actuaciones del señor Moratinos que, a simple vista y ante la mirada atónita de un ciudadano de a pie no tenían ninguna explicación verosímil.

Se habla de una posible comisión política en la que participarían los presidentes de ambas ciudades autónomas. Se comenta la posibilidad de que se garantizase la estancia y las propiedades de los ciudadanos de ambas ciudades. Se dice que, si los socialistas vuelven a ocupar el poder, en las próximas elecciones generales, se llevaría a cabo el traspaso de soberanía a Marruecos. Hasta aquí las informaciones. Por supuesto los presidentes de ambas ciudades han negado categóricamente estar enterados de tales maquinaciones y han manifestado su frontal oposición a semejante contubernio; pero es que, si se confirma la noticia, la reacción de los ciudadanos y no solo de los moradores de las dos ciudades autónomas, sino todos los ciudadanos españoles debería ser del más absoluto rechazo. Una negociación de semejante cariz no se puede calificar más que un crimen de lesa majestad contra España y los españoles; una traición contra la unidad de la nación (una más en la larga lista del PSOE durante esta legislatura en la que ya ha cedido ante Catalunya y el País vasco en cuestiones nacionalistas) y una traición a las instituciones a las que ha marginado en un tema de tanta enjundia como es el de preservar la integridad de nuestra Nación.

Si la visita de SS.MM los Reyes de España a Ceuta y Melilla no fuera la demostración del apoyo de toda la nación a la españolidad de ambas plazas; si las banderas españolas que cubrieron las calles y plazas de ambas ciudades no fueran señal de patriotismo y hermandad con el resto de la Península y si, una pertenencia a España, desde antes de la formalización del reino alauí, no fuera aval suficiente para testimoniar su derecho a seguir siendo españolas; nuestro ejército y nuestra razón serían argumentos suficientes para defenderlas de cualquier intromisión extranjera en nuestra soberanía. El que un gobierno deslegitimado por sus propias actuaciones, se atreva a atentar desde varios frentes contra la unidad patria es motivo, más que suficiente, para que se le rechace y se le exijan responsabilidades. Esto, claro está, siempre que, en nuestro país, quede un mínimo de decencia y que, el Estado de Derecho sea algo más que un conjunto de palabras huecas de contenido.

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