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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Autismos impropios

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 28 de enero de 2008, 07:36 h (CET)
Quizá resulte paradójica la realidad que saco hoy a colación. Pero con cierta frecuencia, topamos con enfermedades o problemas de difícil valoración, y por consiguiente, de soluciones intrincadas y casi imposibles; ante todo ello se nos ofrece un panorama crudo, con terapéuticas todavía en incipiente fase de maduración. Dominan las dificultades y sufrimientos. Mientras que, de una manera CHOCANTE, de ahí la paradoja, los sujetos aparentemente sanos adquirimos unos patrones de conducta, con unos razonamientos, tendentes a la parodia de aquellos trastornos reales. Si tenían una solución enrevesada y creaban graves problemas a los afectados; curiosamente se nos van colando como actitudes similares, imitando a los síntomas de la enfermedad. Vayamos con uno de esos ejemplos.

El AUTISMO constituye una penosa afección psicológica de presentación precoz, son los niños de corta edad quienes están en mayor riesgo de padecerla. En cuanto a su incidencia, se manejaban índices de 1 afectado por cada 3000 niños aproximadamente. Al tratarse de enfermedades, cualquier cifra es alta, siempre sobran. En esto estábamos y surge la controversia científica, con cifras y estudios que situan la incidencia, nada menos, en el índice de 1 por cada 166 niños. Es obvio que salten las alarmas. ¿Qué está pasando aquí? ¿Todos autistas o qué? Ante tamañas cifras, los pensamientos se nos deslizan hacia los enfoques erroneos del problema, o intuyen alguna relación viciada en la elaboración de las conclusiones. Por la gravedad del proceso y lo tremendo de las cifras, se entiende la polvareda levantada.

Los EQUÍVOCOS no son el objeto primordial casi nunca, vamos a pensarlo así; cuando son involuntarios se consideran de manera benévola, pero su descubrimiento induce a la adopción de medidas aclaratorias. ¿Se presta más atención ahora a la presentación de estos casos? Aún así, parecen excesivas esas cifras. No suele airearse un pequeño detalle, pero crucial, si antes se exigían 6 criterios rígidos para ese diagnóstico, en ciertos trabajos recientes se aceptan casos limítrofes, con el consiguiente incremento de las cuantías resultantes. Sea por el ansia del acercamiento al trastorno incipiente, sea por otros intereses, incluso científicos; no parece conveniente esa tergiversación introducida. Con humildad, cuando se trata de sufrimientos personales, con las familias involucradas en ese sufrimiento; resulta imperativa la clarificación de los datos.

En el caso de esta ENFERMEDAD, estamos ante un proceso cuya causa no está establecida, se detectan factores favorecedores, se investiga. Cuando esto sucede se recurre a las teorías más sugestivas e inverosímiles; no hemos de perder de vista su carácter limitado. La genética está involucrada en todo. Se publicaron numerosos trabajos sobre la relación de las vacunaciones con la aparición de niños afectados. Que si la televisión, trato familiar, virus, respuestas inmunitarias, o una larga lista de posibles. El impulso investigador o de notoriedad, u otros intereses peores, no justifican las alarmas. En su relación con la sociead, será prudente desechar la frivolidad informativa. La labor callada y la información congruente, están reñidas con los aspavientos un tanto volátiles.

A estas alturas del razonamiento, resaltan las chocantes actitudes de los adultos ante lo considerado como patológico para los niños; se transforma en práctica común, hasta considerarla como progre. Juzguen si no es así cuando hablamos de RELACIONES entre las personas. Si de relación no verbal se trata, miradas, gestos o posturas suelen orientarse a fuertes discordancias, crispaciones e intolerancias. Eso de una consideración adecuada hacia los demás, según género, cualidades o diversas características del individuo; se convierte más mal que bien, en una entelequia, cuando se hace tabla rasa y áspera, con muy precarias evaluaciones. Lo de compartir placeres, reciprocidad social o emocional, colaboración en tareas comunes; suena como un eco lejano. No me caben grandes dudas sobre esas prácticas. Pues bien, son criterios de autismo.

El trastorno de COMUNICACIÓN, engloba otra serie de manifestaciones relacionadas al completo con el asunto de hoy. El informe Pisa, como otros enfocados al modo de empleo del lenguaje, aquellos “dardos” críticos de Lázaro Carreter; insisten en la puesta de relieve de un lenguaje en retroceso. No sólo una ausencia de mejorías, sino un franco deslucimiento del mismo. Si cada vez se entienden menos los textos articulados y no especialmente complejos, si las conversaciones tienden a lo repetitivo, a los vocablos sincopados hasta el extremo; la colaboración queda en entredicho. Sin embargo, estamos frente a unos trastornos cualitativos de la comunicación en franca dirección de retroceso. Soplan pocos suspiros para la atenuación de estas pérdidas en la vida de relación.

Cada uno se instala, a su gusto o como puede, en una o varias BURBUJAS, sin complejos calentamientos de cabeza. En los escritos de Sloterdijk se definen como esferas confortables y protectoras, muy tendentes a su falsa entidad, a constituirse en meras apariencias. Uno se limita a los gestos, a las consignas imperantes en su burbuja, de manera reiterada y obsesiva. Si en el niño jugaba un gran papel el subconsciente o el instinto primario, en el adulto se añaden aditamentos de una perversidad inusitada (Políticos, económicos, timos y mandangas). Las respuestas reflejas serán una consecuencia lógica. Esas rutinas no propician la mínima reflexión, abocando a unas peligrosas respuestas compulsivas. Los talismanes o los rituales de los que echamos mano, apenas representan unos disfraces, que no confunden a nadie; cerramos los ojos, toleramos esas espantosas veleidades.

En este grupo de penalidades sufridas por las familias afectadas, el trabajo tenaz de los profesionales implicados, el apoyo institucional, conlleva una carga de gravedad, poco beneficiada por las alharacas mediáticas o exageraciones informativas. Por abundantes que fueran los cuidados y atenciones, han de salvar tantos puntos oscuros, que necesitan de numerosas INVESTIGACIONES y medios; con la exposición humilde y mesurada de sus resultados. Es un sino de la Humanidad, el horizonte indefinido y las incógnitas, constituyen una abrumadora mayoría.

No se si tiene arreglo aquella segunda parte a la cual hacía referencia, con un exagerado regusto por conductas de manifiesta desconsideración social y hacia uno mismo; por cuanto la IDIOTEZ establece una orientación irreal de la condición humana. ¿O vamos a darle la última palabra a la idiotez? Con estos autismos de los adultos, como mínimo, alcanzaremos el sufrimiento progresivo y sin medida, la incoherencia en sus grados supremos.

Desgraciada situación de los enfermos. Imbecilidad progresiva de los adultos sanos con propensión al referido tipo de conductas.

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