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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La impotencia del PSOE les hace desbarrar

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 27 de enero de 2008, 07:30 h (CET)
La jauría socialista ha entrado en acción a la consigna de su jefe de filas el señor ZP. No se había visto en mucho tiempo un despliegue de tanta magnitud ni de tanta insidia como el que ha desplegado el PSOE ante la irrupción en la lidia política del señor Manuel Pizarro. No debe causarnos ninguna sorpresa, porque la entrada en liza de un peso pesado de la economía y de la empresa como es el, hasta hace poco, presidente de Endesa, ha puesto de los nervios a todo el gallinero socialista. Como contrapartida no nos deberíamos de extrañar de la inyección de optimismo, el refuerzo psicológico y la confianza y seguridad que ha dado al electorado, fiel al PP, el hecho de que este peso pesado de la economía haya fichado para el equipo del señor Rajoy. Lo imprevisto de este fichaje ha cogido descolocada a toda la plana mayor de PSOE que estaba en un momento dulce pensando que, con su propaganda tercermundista , sus métodos mafiosos de ocultar la realidad y sus manifestaciones triunfalistas, tenía en el bolsillo el triunfo en las próximas elecciones legislativas.

Lo que ocurre es que, al ser cogidos por sorpresa, al encontrarse descolocados y al no tener a mano otros argumentos mejores con los que intentar contrarrestar el efecto `psicológico de este fichaje del PP, han tenido que improvisar, buscar de prisa y corriendo argumentos con los que buscar camuflar el indudable aldabonazo del PP; al tiempo que se han visto obligados a esforzarse en ocultar, a sus propios votantes, el impacto y la desmoralización que les pudiera haber causado el hecho de que, un peso pesado de la economía y personaje popular, por su tenaz y efectiva defensa de los intereses de los accionistas de Endesa, haya irrumpido en un momento clave en la liza política. Sin embargo, quizá a causa de la precipitación con la que se han visto obligados a maniobrar para intentar paliar el efecto Pizarro, las andanadas dialécticas con las que han reaccionado y la sal gorda de sus argumentos, resultan tan penosamente improvisados y carentes de cualquier base lógica que, si no fuera porque pueden engañar a espíritus dispuestos a creérselo todo o a fanáticos del PSOE, que están dispuestos hasta a comulgar con ruedas de molino con tal de mantenerse en sus trece; serían para tomárselos a risa por su puerilidad y falta de consistencia.

Como no podría ocurrir de otra manera, tratándose de quienes se trata, la furia, la precipitación y la premura con la que se han visto obligados a reaccionar ante el indudable impacto del fichaje del señor Pizarro por el PP; les ha obligado a acudir a argumentos infantiles encaminados a convencer a los ya convencidos y a aquellas personas pobres de espíritu incapaces de distinguir entre una verdad y una mentira burdamente cubierta de la melaza partidista. Lo mejor que se les ha ocurrido, a falta de otros argumentos de mayor peso y enjundia, ha sido entrar a saco con el dinero que ha ganado el señor Pizarro en el ejercicio de su profesión. Su campaña se ha basado en la comparación fácil y demagógica, tan usual entre los de izquierdas –tan dados a fijarse en la paja del ojo ajeno y olvidarse de la viga e el propio – es decir que ellos ya se han olvidado del señor Roldán, de los trapicheos de los señores Vega y sus sicarios y del dinero que, por su incompetencia, su ineficacia y por su temeridad, nos ha costado a los españoles el desbarajuste del, a modo del tapiz de Penélope, en el que se ha convertido el famoso AVE de Barcelona; donde por las prisas, improvisaciones y presiones políticas se están enterrando millones de euros en el hacer y deshacer motivado por las prisas de la señora Magdalena Álvarez en cumplir los plazos a los que se comprometió y que, por supuesto, no podrán cumplirse.

Es decir, que a falta de otras maldades, corrupciones o incapacidades que atribuirle al señor Pizarro se han debido conformar con recriminarle por haber triunfado en la vida y, no como muchos lo suelen hacer medrando a costa de los demás, estafando, o aprovechándose de influencias o cargos políticos; sino por méritos propios como los que acredita al poseer, entre otros, los títulos de Abogado del Estado, Corredor de Bolsa, Académico de Jurisprudencia, a parte de ser un gestor de reconocida solvencia como demostró en el caso de Endesa. Cuando salen los señores Caldera, De la Vega o el inefable Pepino Blanco, a poner en tela de juicio al señor Pizarro, a falta de otros argumentos mejores, por el solo hecho de tener una economía particular saneada y, en base a ello, dedicarse a comparar los emolumentos que percibe con los que tiene un peón o un jubilado, no hacen más que incurrir en el tan sobado recurso de los comunistas o de los propios socialistas, que predican aquello que ellos mismos no practican. Por ejemplo comparemos el sueldo que percibe el mismo Caldera con el de un peón ¿Y me pueden decir ustedes los méritos que tiene este señor, aparte de pertenecer al PSOE? ¿se puede comparar su currículum o el de la señora De la Vega con el de señor Pizarro? Sólo que ellos viven a costa de los impuestos de los ciudadanos y el señor Pizarro de lo que percibe por sus méritos demostrados en el ejercicio de su actividad privada. Si tiene unos buenos emolumentos es debido a que se los ha ganado por su preparación, esfuerzo y capacidad de trabajo. Lo malo es que, esta colección de ministros, a los que pagamos con nuestros impuestos por el sólo hecho de pertenecer al partido gobernante, después de una legislatura digna de pasar al olvido, además de cobrar, han dejado a nuestro país hecho un guiñapo.

Yo no se ustedes lo que pensarán al respeto, pero yo prefiero como gestor de mis intereses a un señor bien preparado y, además, que tenga su economía resuelta que uno que todavía no tenga su vida solucionada porque es evidente que será más fácil que me desplume el segundo que el primero. En todo caso, es un recurso muy pobre, muy manido y muy vergonzoso el tener que acudir, para descalificar o intentar hacerlo a una persona, a argumentos tan endebles y barriobajeros. Porque si hablamos de hacerse ricos a costa de la política podríamos comentar el caso del señor Felipe González, que se ha hecho rico arrimándose a personajes que no son, precisamente, unos pedigüeños; y sin embargo, ahí le tenemos presumiendo de socialista. Y es que, antes de tirar la piedra algunos se deberían mirar su propio ombligo, para saber si padecen de aquello que critican en los demás.

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