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Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

Florentina Baldamero, metáfora de una diosa

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 27 de enero de 2008, 07:30 h (CET)
“La literatura es una extraña máquina que traga, que absorbe todos los placeres, todos los acontecimientos de la vida. Los escritores son vampiros”. George Bernard Shaw

Se lo advertí varias veces a mi amada Tina, pero a ninguna de ellas hizo el menor caso. Tanta Coca-Cola sólo podía traer (y atraer) más media ídem o cola, sobre todo, por los gases.

–¿Qué pasa? ¿Que una mujer no puede peerse ad líbitum, quiero decir, liberar sus aires cautivos, internos, cuando le pete o venga en gana? –soltó por la mui, en medio de un corrillo de cierta reunión social, sin que al menda ni al resto de las personas que conformábamos entonces tal cerco nos naciera ni paciera la párvula gracia de intentar meter baza en asunto tan hediondo.

Existen mujeres íngrimas, audaces, que asumen el riesgo como si su vida o los más preciados corolarios (que otros llaman obras o resultados) de su vocación creativa les fuese/n en ello. Florentina Baldamero (el apellido le viene al pelo –o marro estrepitosamente o no faltarán los misérrimos, que agregarán, asimismo, que al pedo-, como anillo al dedo anular, pues, en verdad, balda, o sea, da sopas con honda al resto de las damas), mi amada uruguaya, es, sin ninguna hesitación, una de ellas. No le empuja provocar, pero tampoco le detiene epatar a sus semejantes con sus innumerables ocurrencias.

Pensar que la dinámica de la luna y el mar, que la mecánica del sol y demás astros (a los que toda una legión –o dos- de féminas siguen achacando sus desastres, fracasos o naufragios) y que la simbología del Amor puedan influenciar, ora juntas, ora por separado, de manera tan decisiva que incluso lleguen a determinar que Tina se comporte así o asá, es ignorar de quién estamos trenzando.

Si hubo quien sostuvo que la más áspera piel o el tufo más nauseabundo cubrió, durante determinado “cronotopos”, la anatomía o el aura de mi amada dama, Florentina Baldamero, ésta, la mejor mujer, quien es metáfora cabal de una diosa (y mil más) es la señera señora que no empaña los cristales, sino que se empeña en endulzar con miel los crisoles donde brotan sus pezones y asoma sólo una mínima parte de ese rubí que tiene por clítoris.

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Josefa Romo Galito
 
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