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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Armagedón para el Gobierno socialista

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 26 de enero de 2008, 05:37 h (CET)
Lo que se venía anunciando se ha materializado en una triste y preocupante realidad. Lo verdaderamente indignante de lo que ocurrió ayer en las Bolsas de todo el mundo no es solamente que se dieran un mayúsculo castañazo de un 7’54 %, consecuencia del cual ninguno de los valores del Ibex se libró de la hecatombe, lo que subleva la sangre del ciudadano de a pie es que, cuando todos los datos económicos emanados de las más altas instancias de la Banca europea y americana lo venían anunciando desde hace tiempo, -concretamente desde el mismo momento en que se produjo el desplome del mercado hipotecaria en las bolsas de los EE.UU como consecuencia de la crisis de las “subprime”- , nuestro Gobierno se estaba empeñando en quitarle hierro a la situación tachando de antipatriotas a todos aquellos que gritaban ¡qué viene el lobo!. No hace una semana Zapatero acusaba de alarmistas a quienes pronosticaban que la crisis americana iba a tener graves repercusiones en nuestra economía.

No se necesita ser un lince en materia económica para prever que, en un país como España en el que la famosa “burbuja inmobiliaria” había adquirido proporciones exorbitadas, las consecuencias del fenómeno inmobiliario del otro lado del Atlántico no podía dejar de tener efectos negativos. Sin embargo, la actitud de pasividad total de nuestro Ejecutivo, restando importancia al tema, cruzándose de brazos ante él y pretendiendo restarle importancia con el único y espurio objetivo de evitar que, el anuncio de un periodo de dificultades económicas, dañase su imagen triunfalista de los últimos meses, (recuerden cuando sacaban pecho y alardeaban de haber conseguido tener superavit y de cómo se dedicaron a repartirlo a mansalva, como si España fuera la tierra de Jauja) encaminada al único objetivo de venderse a los ciudadanos con cara a las próximas legislativas. No se tomaron ninguna de las medidas adecuadas para paliar el impacto que se nos venía encima; no se escucharon las voces de advertencia que les llegaban desde la oposición y de las estancias financieras y no se quiso prestar la debida atención a un hecho que, fatalmente, ha caído con todas sus consecuencias y perjuicios sobre los españoles, con el desplome de las bolsas del día 21.

Por supuesto que no depende del Gobierno que en EEUU haya problemas hipotecarios, como tampoco es su responsabilidad, hasta cierto punto, que en España la construcción se haya convertido en uno de los motores de la economía; pero de lo que no hay duda es de su pasividad dolosa ante unos acontecimientos que se venían anunciando desde hace meses y, de que el señor Solbes se dedicara a tirar cubos de disimulo sobre el fuego que se avecinaba en lugar de abrir la manguera de la información y alertar a los posibles afectados de los peligros que se cernían sobre ellos. El no arbitrar las medidas de que dispone un gobierno para, si no evitar, al menos intentar paliar una crisis, reduciendo los impuestos para dar vitalidad a la inversión; favoreciendo la obra pública; vigilando los aumentos especulativos de los precios; reduciendo los gastos supérfluos de las administraciones y recortando, en favor de la iniciativa privada, la megalointervención del Estado en aquellos campos en los que las empresas privadas lo pueden sustituir con ventaja, es lo menos que se le puede pedir a quienes nos gobiernan. A eso se llama la liberalización de la economía, todo lo contrario a lo que el señor ZP y lo suyos se han dedicado a hacer durante los cuatro años que vienen ocupándose de regir los destinos de esta nación.

Ahora estará por ver cuáles son las consecuencias de una política inmigratoria, ésta de la que está tan orgulloso el señor Caldera, que ha permitido que nuestro país esté soportando un aumento artificial de población al que no se le ha querido coto, a pesar de saber que muchos de los nuevos ciudadanos han venido sin contrato ni puesto de trabajo y que, muchos de ellos, son peligrosos delincuentes que ya han demostrado su catadura cometiendo tropelías, asaltando viviendas e implantando la cultura de la extorsión y el asesinato a la que los españoles éramos ajenos. El paro que se nos echa encima a ritmo galopante va a golpear especialmente a estas gentes que vinieron a España pensando que era un paraíso y, que no obstante, es muy probable que se vean afectados, antes que otros, por las consecuencias del parón de nuestra economía. Gente en paro, gente sin posibilidades de atender a sus necesidades más perentorias y gentes, en fin, que no encuentran el apoyo que precisan para vivir decentemente, constituyen el fermento para la insatisfacción social y todos sabemos, algunos por experiencia, las consecuencias dramáticas a las que nos puede conducir una situación semejante.

Todo ello ocurre cuando en Cataluña el separatismo está adquiriendo, aprovechándose de la evidente debilidad del Gobierno y de la agresividad de los partidos separatistas, unos tintes verdaderamente inquietantes que nos hacen pensar en tiempos que parecía impensable que se volvieran a reproducir. Las actitudes de la prensa catalana, el comportamiento de ERC con sus desplantes secesionistas; la propia actitud del PSC que va derivando, presionado por sus compañeros de gobierno, hacia posiciones cada vez más extremistas y, por qué no admitirlo, la postura cada vez más difundida entre una ciudadanía a la que, cada día, se la va imbuyendo más del integrismo catalanista y del odio hacia España y los españoles; nos hace ser muy pesimistas ante un futuro que, al menos para los que nos consideramos españoles y no comulgamos con aventuras separatistas, no vemos que nos pueda conducir a otra cosa que al enfrentamiento y a la confrontación. Seguramente estamos a punto de pagar las veleidades del señor ZP que no ha hecho otra cosa que provocar la división donde había unidad; el desconcierto donde había seguridad y el pesimismo donde existía confianza y esperanza. Y es que a estos que nos gobiernan les debieran salir los colores a la cara por haber dejado el país como lo están dejando.¡Vergüenza debiera darles!

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