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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El optimismo de un hombre de fe

Mª Helena Vales-Villamartin
Redacción
viernes, 25 de enero de 2008, 09:54 h (CET)
Ante la crisis económica que se avecina, pienso que nos va ha hacer falta mucho optimismo, pero no como el del Gobierno sino un optimismo realista y es que el optimismo es uno de los valores que mayor interés ha despertado entre los investigadores de la psicología actual.

Puede definirse como una característica disposicional de personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos. El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

Me parece interesante saber que el término "optimista" surge del latín "optimum": "lo mejor". Fue usado por primera vez para referirse a la doctrina sostenida por el filósofo Leibniz en su obra "Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal", según la cual el mundo en el que vivimos es el mejor de los mundos posibles.

Muchos grandes pensadores se han interesado por el término y lo han definido de forma certera, como el escritor británico Chesterton quien decía que "el optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad" y el político Winston Churchill afirmaba que "el optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa".

Ante la situación mundial actual, analizando los grandes problemas que asolan a nuestro mundo: terrorismo, desastres ecológicos, guerras, hambre, enfermedades, pobreza radical en muchos países, grandes desigualdades entre continentes,… podría venir a nuestra cabeza un claro pensamiento pesimista pero sorprende la reacción de Benedicto XVI quien nos anima a esforzarnos por conseguir "un mundo un poco más luminoso y humano se abran así también las puertas hacia el futuro".

La visión de nuestro entorno, de nuestro mundo, nuestros propios defectos, pueden llevarnos a una visión si no pesimista por lo menos desesperanzada. El Papa nos anima a esforzarnos cotidianamente: "Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor , sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar" . Sin duda esta visión es muy diferente de la de nuestros gobernantes, que parece viven en otro mundo porque no aceptan ser custodiados por el Amor.

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Mª Helena Vales-Villamartin Navarro es orientadora Colegio Altaduna. Almería.

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