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La receta de Pellegrini
Daniel Sanabria
No sé ustedes, pero yo sí lo pensé. Cuando me enteré de que Riquelme y Forlán saldrían del Villarreal, ya me imaginaba al submarino amarillo volviendo a su hábitat natural luchando por el descenso. La jerarquía de ambos en el Villarreal era tan grande que por lógica aplastante el equipo debería resentirse. Pero ya sabemos que hablar de lógica en el fútbol es como hablar de sexo en casa de la suegra, sólo nos puede llevar a equivocaciones.
Y efectivamente, como buen amante al fútbol me equivoqué en mis vaticinios. Primer año sin Riquelme y Forlán, y el Villarreal empieza tercero la segunda vuelta, ocupando el lugar del tercer grande, sólo con el Madrid y el Barcelona por delante. Cuando debatíamos sobre la hazaña de ver al Villarreal en semifinales de la Champions, seguramente todos apelábamos al talento de Riquelme y el instinto de Forlán. Pero ahora que no están, a ver quién es el listo que descubre la receta.
Si tenemos alguna cosa clara es que el único elemento que ha permanecido en estos últimos años en el Madrigal es Manuel Pellegrini. Quizá el chileno pueda ser la clave de toda esta locura que está viviendo el Villarreal en el último lustro. Muchos no entendían su comportamiento con Riquelme, algo comprensible por otra parte. Es muy difícil convencer a una afición de que lo mejor para tu equipo es tener apartado a tu mejor jugador. Y más si es una afición que no está acostumbrada al caviar como es la del Madrigal.
Pero el chileno se lo jugó todo a una carta y ha ganado la partida. Ha conseguido dar con el punto de equilibrio entre la veteranía y la juventud necesaria para consolidarse como un aspirante a puestos Champions. Pellegrini ha sabido conjugar dos generaciones distintas sobre el terreno de juego: la quinta de Cazorla, Rossi, Bruno, Matías Fernández y Gonzalo Rodríguez, que ninguno supera los 23 años, y la veteranía de Tomasson, Senna, Pires, Cygan y Javi Venta, que no bajan de los 31.
Esta armonía cargada de ilusión, trabajo, orden y un Nihat que ha vuelto a recordarnos sus mejores tiempos es la fórmula que ha convertido al Villarreal en un rival temido. Quizá no por el Real Madrid y el Barcelona en sus aspiraciones a la Liga, pero sí por el resto de equipos de la zona alta que no contaban con el submarino como rival para la lucha por Europa.
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