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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Democracia dedocrática

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 23 de enero de 2008, 08:24 h (CET)
En esta “cogorza” democrática que la sociedad empadronada en España tiene encima, a impulso de los vientos desencadenados por la ambición de la casta política, sobresale la carencia de representatividad popular de la mayoría de los líderes. Se ha intentado saturar al ciudadano con el tóxico de, ¡Ya somos demócratas!... del mismo modo que “somos europeos”. Sin embargo esto último es más cierto geográfica que políticamente, pero, con todo, algo de la política común europea se palpa, y los llamados “fondos de cohesión” han elevado el nivel de vida del español medio, casi a la vez que la vida se le encarecía por el cambio de pesetas a euros.

El caso es que, con la facilidad de comunicación e información actual, las “primarias” de Estados Unidos nos tienen con la envidia desatada. ¡Votan a mano alzada quién será su representante!... y dicen algunos recién despiertos: ¿Será posible?... De manera humillante, la participación del ciudadano español se limita a introducir en la urna, el día de las elecciones generales, una papeleta de desvaído color y escasa consistencia con una interminable lista de nombres y apellidos perfectamente desconocidos. Ninguno de ellos ha llamado a la puerta de su casa diciéndole que sería un honor para él ser su Representante en el gobierno del Estado. Había que ver a la opulenta Hillary tocando el timbre de los domicilios en Nevada para saludar a distintas amas de casa en plena faena doméstica…

Nuestro panorama es distinto, y, más bien, causa bochorno. Se vea como se vea, el episodio entre Esperanza Aguirre y Gallardón, se resolvió por la voluntad del líder. O lo que es lo mismo, el dedo mayestático y todopoderoso de Rajoy (dentro del PP) les señaló que volvieran a sus respectivos pupitres. ¿Dónde queda la voluntad de los ciudadanos? En apariencia, callados, o ¡vaya usted a saber!... No es seguro, pero algo recuerda aquel grito del “subdesarrollado” pueblo español del XVIII, recién salido de la Guerra de Independencia que derrotó a Napoleón, y que, en cambio, se postró ante el absolutismo de Fernando VII vociferando: ¡Vivan las cadenas! O ¡vivan la´ caena´! (en andaluz)

Mucho ha llovido desde entonces, y España no es lo que era, como no lo es desde anteayer mismo, como quien dice, aunque sólo sea por lo que ahora se sabe, y por lo que se ve, que viene sucediendo en otras latitudes. El partido socialista que tan sólo exhibe su interés en Elecciones Primarias según le vaya en las encuestas, tampoco hace alarde de ellas. Miguel Sebastián, el candidato por el partido a la alcaldía de Madrid, fue enviado a una muerte política cierta ante las garras de Gallardón, la pasada primavera, por el también poderoso e inapelable dedo de Zapatero. ¿Hubiera sido elegido por las bases socialistas? El combate fue tan desequilibrado que Sebastián duró frente a Gallardón, menos que un bizcocho a un niño a la salida del colegio, como se dice.

Esta “dedocracia” contribuye a la indiferencia del electorado, que, más tarde o temprano, se ha ido dando cuenta del gran camelo que se encierra en esta democracia “representativa” que tanto tiene de “gato por liebre”. Los españoles tienen suficiente madurez, aunque sólo sea por los años que le llevan engañando con el sistema político actual. Mientras los partidos mayoritarios no participen de esta misma realidad e inquietud, porque no están compuestos por extraterrestres, la política cada día discurrirá más por un lado, y la vida de los españoles por otro. Que así sea.

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