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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Fumando espero

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 21 de enero de 2008, 06:04 h (CET)
Los fumadores ya llevan una larga temporada en la que, cada vez más, tienen difícil ejecutar el arte de lanzar volutas de humo por la boca. Comenzamos a vivir en una sociedad en la que se mira mal a aquellos que ejercitan algún que otro placer e incluso desde los poderes públicos, y con la excusa de cuidarse de nuestra salud, se emiten decretos y leyes para que seamos los muertos más sanos del cementerio. Desde que entró en vigor la ley que impide fumar en los centros de trabajo es habitual ver a las puertas de los edificios dedicados a oficinas a algunas personas aspirando con deleite el cigarrillo del descanso, e incluso a la puerta de entrada de algunos edificios se han colocado ceniceros para evitar que el suelo aparezca, al final del día, alfombrado por multitud de colillas.

Ahora a la hora de quedar con los amigos para cenar además de tener que elegir el restaurante hay que buscar que aquel sea apto para fumadores ya que siempre hay alguien de la partida que lo es y al que no queremos tener martirizado durante toda la noche haciéndole salir a la calle cada media hora para que se enfrente, en medio del frío, a su solitario vicio del humo. Y ¿ qué me dicen de esas islas para fumadores que la autoridad correspondiente ha establecido en las terminales de los aeropuertos? Los seres dominados por el tabaco permanecen encerrados entre sus cristales, echando humo por sus narices, mientras semejan una especie animal en vías de extinción. Cada día que pasa la maquina administrativa aprieta más las tuercas a los amantes del tabaco que tan sólo pueden refugiarse en aquellos pequeños locales de hostelería, siempre con menos de cien metros cuadrados, en los que sus dueños magnánimamente han decidido hacer de ellos un oasis para fumadores.

Pero hay dos mujeres que se han rebelado ante esta tiranía del Gobierno socialista, ante este “ucase” del zar Zapatero, ante esta ignominia de llegar a prohibir aspirar el nicotínico aroma de un buen cigarrillo. La primera fue Esperanza Aguirre, la noble dama que preside la Comunidad de Madrid gracias a dos tránsfugas ,de los que nunca más se supo, se mostró cual una nueva Agustina de Aragón contra el nefasto gobierno central de los del puño y la rosa y lanzó sus gaviotas al viento mediante un decreto en el que sí autoriza el uso del tabaco en una serie de locales entre los que cabe citar aquellos en los que se celebren bodas y también a las cafeterías instaladas en los centros de trabajo e incluso en estos si el motivo de encender un pitillo es la celebración de algún evento.

La segunda mujer que públicamente ha demostrado que a ella las leyes estatales se la traen al pairo ha sido Ana Botella, además de abuela también política, que durante la presentación de Manuel Pizarro como número dos de las listas del Partido Popular por Madrid, la boda entre la política y el empresariado, ha sido vista cigarrillo en mano. La mechada abuela de Pelayo, un rancio nombre español para un nieto de Aznar, aparece desafiante y encendedor en mano prendiendo un cigarrillo, no sabemos si para celebrar la defenestración de Gallardón o bien el nacimiento de su tercer nieto. Lo que si es seguro es que no infringe, de momento ley alguna, ya que para fumar se ampara en el decreto de su amiga “Espe” y, al fin y al cabo, ambas deben pensar que cuando Mariano gane alguna vez las elecciones como buen fumador que es derogará esta ley antitabaco de los socialistas ya que el resto (aborto, matrimonio homosexual, divorcio…..) no se atreverá a tocarlas por mucho Rouco Varela que se lo pida ya que, al fin y al cabo, entre los votantes y militantes de la gaviota también hay señoronas cuyas hijas abortan ya sin tener que ir a Londres, señorones y hasta exministros que se divorcian más de una vez y homosexuales de toda clase y condición aunque no hayan salido del armario.

Pero hasta que ese momento llegue Ana Botella aguarda, como Sara Montiel cuando tendida en la “chaise longue” cantaba “fumando espero”, a que llegue el momento en el que pueda asentar sus posaderas en el sillón de la alcaldía madrileña. Cada día lo tiene más cerca y así la familia que hace política unida permanece unida, o eso dicen.

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