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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Barbarilandia

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 21 de enero de 2008, 06:04 h (CET)
Ustedes se sentirán sorprendidos, mas solamente en una primera impresión. ¿Están seguros de no reconocer ese curioso país? No está situado en regiones recónditas. Cada vez llevamos peor eso de la geografía. Pronto salimos del cuarto oscuro de la ignorancia, Barbarilandia está ahí mismo, donde se cruzan los vientos y se airean sus barbarilos satisfechos.

En la entradilla de estos desvelamientos, lo corriente es desperdigarse por entre las DESCRIPCIONES de unos o de cada uno, deslizarse entre sus caracteres; con una gran variedad de particularidades, como enseguida paso a considerar. Puede extrañarnos lo que digo a continuación, pero bárbaros originales, aquellos de la Edad Media o anteriores, ya no quedan; si los hay, mejores o peores, esa es otra cuestión. De otro lado, que me dirán ustedes de los bárbaros de salón; por muy emperifollados, el hábito no los convierte en cisnes. Entremedias se sitúa un verdadero abanico con curiosas especialidades. Aisladamente, cada pueblo o población; no, no es lo mismo; expone algunos ejemplares muy representativos. En ocasiones suelen agruparse en auténticos gremios, drogas, violencia, corrupción y fórmulas insospechadas, que nunca faltan. Si tiramos por la calle de la crueldad o la fiereza degenerada, tampoco habrá que escarbar demasiado; hasta esos, también abundan. En unos tiempos tan avanzados, tanto como alcanzando de pleno el 2008, la incultura nos hubiera parecido imposible; más a golpe de noticias nos despiertan del embaucamiento. Superamos a la RAE por múltiples regueros de nuevos ejemplos. ¿No les parece?

La vara para la medición de estas deslucidas categorías, adquiere con prontitud un vicio importante, me refiero a su tendencia predominante, la observación casi exclusiva de los bárbaros entre los FORÁNEOS; la clave radica en esa atribución de lo malo al de fuera. La pobreza es uno de los grandes factores en el origen de estas deficiencias, seguida de cerca por el hambre y enfermedades; juntas se imponen al mejor impulso de superación. Con el aditamento de unas revoluciones agravantes, las penurias se acentuarán. En conjunto y en sus lugares de nacimiento, constituyen un bocado fácil para los capitales y poderes de otras latitudes, como también para los fundamentalismos. La culturización adecuada no llega ni a un sueño balbuciente; en vez de gotas de esperanza, son chorretones ácidos lo que padecen.

Las tendenciosos calificativos anteriores no son óbice para la consideración de otras barbaries de gran calado. Aquí situaré sin tardanza las procedentes de sujetos AUTÓCTONOS; sí, sí, desde aquí dentro. Cuando los examinamos con detenimiento, hasta pueden ser los peores. Que una cosa es la barbarie como expresión de tosquedad, con sus burdas actuaciones; siendo otro concepto, ese del buen salvaje, en el que hoy no me detendré. Suele hablarse de cultura y no encuentro equiparación. Entre los autóctonos, convivimos con cultos e incultos, pero ese no es el parámetro equivalente o no a barbarie. En varias cajas de caudales de chalets de lujo surgen como unos manantiales de dinero negro. Intermediarios o grandes empresarios consiguen pingües beneficios a costa de alguien. Salarios y contratos abusivos, con la anuencia velada o manifiesta de los supuestos controladores democráticos. Hay más, sin duda. ¿Es eso bárbaro? ¿O no?

Si pensamos en los innumerables progresos en el campo de la información, los desengaños de la convivencia demuestran la dificultad de una comunicación auténtica. Cuesta comunicarse satisfactoriamente. A fuerza de una progresiva desvirtuación de las palabras, se torna complicada la tarea de entenderse. En Barbarilandia, como una nueva Babel, se habla una JERIGONZA sin sentido; regresamos al nivel de los primeros homínidos. Metidos en hambrunas, escasez de medicinas, abortistas, taras, demencias, patrias, terrorismos; la “vida” ya no significa lo mismo, incluso llega a no significar nada. ¿Éticas? Puestos a la diversificación de su sentido, al final, es la fuerza quien las define. No entendemos de éticas. ¿Dónde quedó la idea de la igualdad de oportunidades? ¿Sacan ustedes esa impresión en torno a interinidades, perfiles amañados o presiones políticas? Si lo prefieren, miremos la lista de subvenciones de cada gobierno. ¿De qué necesidades se habla? Es muy patente la dificultad para un buen entendimiento; en los actuales tiempos, además de lamentable, es bárbaro. Así podriamos proseguir con la enumeración, con ejemplos de gentes y conductas.

En sí, actitudes y circunstancias como los comentados, aparentan una intrascendencia inocente. ¿Repercusiones? ¡Cada uno es muy libre de actuaciones a su gusto! Sin embargo, sucede un curioso fenómeno, representativo de estos paises barbarilandios donde nos desenvolvemos; lo podemos equiparar al EFECTO BUMERÁN, por que la dirección inicial se revuelve contra los impulsores de las misma. En los primeros momentos, uno pensaría en logros y proyectos enriquecedores para cada persona. A mejores conocimientos, incremento notorio de las posibilidades, aumento de los matices y vertientes para el alcance de una felicidad duradera. ¡Quiá! En nuestros ámbitos, ya está de vuelta el bumerán, nos va cayendo encima. Los diferentes objetos y datos, las novedosas técnicas, han obturado las conexiones neuronales; hasta una desnaturalización y desquiciamiento preocupantes. La ternura, los recuerdos plácidos, el amor cariñoso o la ilusión, se fueron quedando arrinconados. Por consiguiente, predomina una enervante CRISPACIÓN, al más puro estilo primitivo.

Ahora nos está subiendo la fiebre por momentos, se nos adelanta y se nos viene encima sin misericordia toda una campaña electoral; de las que siempre sorprenden con sórdidas incongruencias, con pocas aportaciones de entidad, con ese tufillo despreciativo hacia la razón del ciudadano. Videos y sortilegios amanerados, ofrecen unas visiones desdibujadas de la realidad; de tan estereotipadas, ya casi se podrían predecir sus contenidos, con muy poquitos errores. Si no dan una información valiosa, ¿A qué viene tanta parafernalia y autobombo? A la vista de hechos y campañas precedentes, deberemos suspirar por que la DESINFORMACIÓN no domine, por que las burbujas no ahoguen el contenido requerido para una buenas reflexiones preelectorales. A estos estilos, a esa bruticie desinformativa, les aplicaría el haiku de Miguel Barnet: “Qué oscuridad / para el que sólo se alumbra / de lo que ve”.

Esta visto, las pulsiones se entremezclan con las frustraciones. Los engatusamientos con las patadas en el trasero. ¿Permaneceremos colgados en la copa del árbol, aireados y ensimismados? ¿Pasivos, viendo pasar a los pájaros? ¿Corretearemos por el suelo de una razón adecuada? Mientras tanto, no acabamos de abandonar Barbarilandia.

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