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Opinión
Etiquetas:   La parte por el todo  

La casa sin barrer

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 20 de enero de 2008, 06:42 h (CET)
Tras la publicación del informe PISA -en el cual el alumnado español quedaba en una posición preocupante con respecto al de muchos de los competidores directos- algunos creyeron que las autoridades educativas virarían el esquema escolar.

La mayoría creíamos que el sistema educativo se dejaba alguna escena en el aire y nunca se conseguía interpretar una obra completa. Algo siempre fallaba y desequilibraba la estructura frágil de la formación.

También intuimos muchos que algunos políticos deciden políticamente sobre parcelas de la vida social que debieran ser consensuadas por quienes las padecen en su propia persona.

Por eso no me sorprende demasiado el nuevo proyecto de decreto de la Conselleria d’Educació de la Generalitat de Catalunya.

A saber: el proyecto que pretende reducir una hora lectiva las asignaturas de lenguas (catalana y castellana) y sus respectivas literaturas. También consta en el informe la decisión que la asignatura de ‘Matemáticas’ deje de ser una asignatura troncal en los estudios de ciencias. Eso supondría, como se dijo esta semana, que un alumno de un bachillerato científico pudiese superar los dos cursos sin haber cursado la asignatura.

Tanto la reducción de las lenguas como el cambio de adscripción de las matemáticas se basan en dos viejos argumentos bien conocidos, sobre todo, por los cuerpos docentes.

En primer lugar se encuentra el mito de la transversalidad en las asignaturas. Desde hace unos años se ha instalado la obsesión por lograr que la enseñanza se basa en unas materias que ‘deben ser’ transversales y han de interconectarse entre sí.

Pero es harto difícil lograr algún fin sin poner los medios. El resultado es que se han dejado de lado las estrategias que permitan a los profesores y maestros acceder satisfactoriamente a un sistema en el que no creen y con el que han de pelearse a diario para que les deje hacer lo que saben o les dirija de otra forma.

La segunda es la mirada atrás a la hora de justificarse. Si se restan horas de lengua en el bachillerato es porque se supone que el alumnado abandona la educación secundaria con un nivel mínimo que no puede asumir porque no vienen bien preparados de la primaria.
Acaso habremos de escuchar algún día las críticas contra la preparación intelectual en la educación infantil o aun contra los jardines de infancia.

En cualquier caso, muchos estudiantes aterrizan en la universidad sin comprender lo que leen y sin escribir nada comprensible. Quizás dentro de poco puedan acceder a carreras técnicas sin haber visto un análisis matemático.

Europa, prepárate.

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